UE: la necesidad de una oposición política transnacional

EU_Oposición Convocatoria a una manifestación de protesta transeuropea

Unión Europea: Den paso a la oposición

Muchos reprochan a la UE su falta de transparencia y su déficit democrático. Pero, según el sociólogo Armin Nassehi, el problema estriba en otro aspecto. Lo que realmente necesita es una auténtica oposición transnacional, integrada en las instituciones.

, Süddeutsche Zeitung, 24 de mayo, 2013 [traducido y republicado por Presseurop]

Los partidarios y los detractores de la organización política europea y de sus procesos de tomas de decisiones transnacionales coinciden al diagnosticar un déficit de democracia. Para los defensores del sistema, este déficit se debe fundamentalmente a la ausencia de una conciencia y una opinión pública europeas. Por su parte, los detractores señalan el hecho de que una conciencia así no se puede imponer, debido a las particularidades culturales, políticas y sobre todo, en el contexto actual, económicas de cada país.

Por lo tanto, el asunto parece claro: la política europea sufre un déficit de democracia. Ahora habría que determinar qué quiere decir eso. El Parlamento Europeo se elige democráticamente, los miembros de la Comisión Europea son elegidos por Gobiernos elegidos democráticamente y aprobados por el Parlamento Europeo. Y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea vela por el respeto del derecho en la materia.

Efectivamente, existe un déficit de democracia en Europa, pero reside en la ausencia de una oposición, es decir, de una organización política de las opiniones no mayoritarias.

Condición sine qua non de la democracia

Los mandatos se legitiman mediante mayorías con elecciones más o menos directas: es el principio básico de la democracia. Ahora bien, esos mandatos sólo son democráticos si tienen una duración determinada. Por ello en una democracia el acto determinante no es el voto, sino la destitución explícita por el voto. Pero para que la destitución se aplique a todos, conviene aplicar, dentro del sistema político, una oposición que pueda elegirse en si es necesario. Esta oposición debe disponer de los recursos y las competencias necesarias, de un programa apropiado, de un equipo y de un grupo objetivo y receptivo. Por consiguiente, la oposición es lo que permite la destitución de los dirigentes o de los Gobiernos, es la condición sine qua non de una política democrática.

Una vez planteado esto, podemos definir con más precisión el déficit democrático de Europa. Se puede cambiar perfectamente de mayoría en las elecciones europeas, lo que tiene grandes repercusiones en las decisiones políticas concretas en Europa. Pero al fin y al cabo, eso no equivale a una destitución explícita, que marque una ruptura y haga perceptible la comunicación política para la opinión pública.

La opacidad de Europa no es producto de estructuras nebulosas o de un exceso de burocracia: los mecanismos políticos nacionales no son menos complejos. Si Europa parece compleja, es únicamente porque la opinión pública no puede integrar una oposición en su percepción del proceso político europeo.

Se podría decir que el problema de la política europea es que se juzga únicamente desde la perspectiva de los hechos. Nos interesan más sus resultados que los de esas políticas que deben demostrar su valor defendiendo soluciones ante la opinión y se ven obligadas a tener en cuenta y prever la posibilidad de una destitución.

Alternativas entre modelos nacionales

Una consecuencia de esta falta de oposición en Europa es que se vuelve a nacionalizar la comunicación política durante la crisis europea. No existe ninguna política de oposición ni ninguna posibilidad de destitución mediante el voto dentro del sistema, ni ninguna solución alternativa dentro de la política europea y de sus instituciones, al menos ninguna que sea legible para la opinión pública. La única oposición visible adopta la forma de posturas antieuropeas que envenenan la política europea defendiendo el repliegue comunitario y la nacionalización.

El resultado es que las soluciones propuestas adoptan la forma de alternativas entre modelos nacionales y no entre opciones políticas. El hecho de que el partido político antieuropeo que acaba de surgir en Alemania se denomine Alternativa para Alemania se inscribe en esta lógica.

En el ámbito nacional, una formación así tendrá el efecto de limitar los márgenes de maniobra. En el ámbito europeo, no constituye una auténtica oposición. Alternativa para Alemania corrompe la democracia europea, ni más ni menos, porque nos encontramos ante una oposición que nunca será capaz de gobernar y ni siquiera lo desea. Europa necesita más que nunca crítica, pero una crítica y una oposición políticas, a nivel europeo.

Las campañas de promoción de Europa no deberían centrarse tanto en las profesiones de fe y los llamamientos a la solidaridad, algo que se obtiene fácilmente. Estas campañas sólo tienen efecto si se puede destituir al Gobierno europeo mediante el voto, sólo si existe una oposición oficial de la Comisión Europea [como el modelo de la Oposición Oficial de Su Majestad, en Reino Unido], dotada de una auténtica fuerza mediática. Una oposición así desembocaría, naturalmente o casi, en el surgimiento de una opinión pública europea transnacional.

Paradójicamente, Europa tendría que aprender muchas lecciones de la génesis de las naciones. Las naciones europeas sólo lograron llegar a la unidad política el día que fueron capaces de integrar las formas internas de oposición y, por lo tanto, de hacerlas viables. Sin duda, Europa debería contar con una Constitución común, de modo que uno pueda oponerse a Europa, contra Europa y para Europa. Es necesario ofrecer a la opinión pública la posibilidad de revocar al “Gobierno” europeo sin revocar la gobernanza europea.

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