Tibia esperanza de diálogo en Afganistán

Taliban-prisoners
Los tobillos encadenados de prisioneros talibanes en Pakistán

Kabul observa con tibia esperanza los nuevos movimientos de Islamabad

Fawad Peikar/Pau Miranda, 08/12/2012 10:27

Kabul/Islamabad, 8 dic (EFE).- La reciente liberación de talibanes afganos por Pakistán ha ofrecido una tibia esperanza a las autoridades de Afganistán de reavivar el diálogo con los insurgentes aunque no diluye la desconfianza sobre las intenciones de Islamabad.

A mediados de noviembre, el Gobierno paquistaní accedió a poner en libertad a nueve cabecillas talibanes tras una visita al país de una delegación del Consejo de Paz afgano y dos semanas después se comprometió a hacer lo propio con más prisioneros.

Entre los liberados, cuyos nombres apenas han trascendido, no figura ninguna de las piezas más codiciadas por Kabul, como el mulá Baradar, antiguo número dos del movimiento talibán afgano.

La medida supone, no obstante, un ligero cambio de actitud en Pakistán, al que los analistas acusan de torpedear el proceso de paz con un apoyo encubierto a facciones rebeldes orientado a tener influencia política en Afganistán cuando se retire la OTAN en 2014.

El gesto es un clavo ardiendo al que se aferra el Gobierno afgano después de un año sin avances negociadores y marcado por la frustración que dejó el asesinato en 2011 del expresidente Burhanudín Rabbani, mediador hasta entonces.

El desplante posterior de los talibanes, que rompieron en marzo de este año las conversaciones que mantenían con EEUU a través de una oficina en Catar, fue la constatación de que los insurgentes se ven actualmente con la sartén por el mango.

La consolación para Kabul fue que la iniciativa negociadora podría volver a emanar de las autoridades afganas, que son conscientes de que sin la implicación de Pakistán los esfuerzos están abocados al fracaso.

Hoy mismo, el presidente afgano, Hamid Karzai, instó al Gobierno paquistaní a mostrar mayor determinación tras asegurar que el ataque que el pasado jueves hirió al jefe de los servicios secretos afganos, Asadulá Khalid, fue planeado en su territorio.

“Si Pakistán tiene esperanza de paz y hermandad, hay asuntos en los que debe ayudarnos de manera que Afganistán encuentre la respuesta a sus problemas y decida qué camino seguir”, advirtió.

En esta línea se mostró a Efe Mawlawi Qalamudín, ex viceministro talibán y actual miembro del Consejo de Paz, para quien “Pakistán debería desempeñar un papel honesto y atender a las demandas de liberar a líderes talibanes para apoyar la reconciliación”.

Qalamudín, que ocupó carteras como la de Vicio y Virtud durante el régimen de los fundamentalistas islámicos entre 1996 y 2001, calificó las medidas recientes de “insatisfactorias”.

La fuente acusó a Islamabad de continuar practicando un “doble juego” con el Gobierno afgano y los insurgentes, y criticó que la liberación de talibanes ha sido opaca.

“No están claros los nombres. ¿Dónde se encuentran? ¿Están en sus casas o todavía en Pakistán? Deberían ser transferidos directamente al Consejo de Paz”, afirmó.

Qalamudín asintió sin embargo que Afganistán “no tiene otra alternativa” y consideró “esencial” que “la comunidad internacional ponga presión a Pakistán”.

“Pakistán ve su interés político y económico en riesgo con la estabilidad en Afganistán, por eso nunca ayudará en el proceso afgano si no hay presión externa”, subrayó.

Más crítico aún se mostró el analista afgano Ahmad Saidi, para quien las conversaciones “no son un proceso real sino un proyecto para hacer dinero”.

“El diálogo no tendrá un resultado hasta 2014. Necesitamos un mensaje claro de los talibanes hacia la paz, sino los esfuerzos son inútiles”, mantuvo a Efe.

Desde el otro lado de la frontera, el director del Instituto de Estudios Estratégicos de Islamabad, Fazalur Rahmán, valoró que las recientes acciones demuestran “un deseo” de Pakistán “de restaurar la confianza con Kabul, que está muy dañada”.

“Pakistán quiere ayudar a crear un entorno de continuidad institucional más allá de 2014 y en ese esfuerzo parece dispuesto a ir más lejos en colaborar con las autoridades afganas”, dijo a Efe.

Argumentó que la intención de Islamabad es que “los talibanes tengan un papel político en el futuro de Afganistán”, un condición necesaria para la paz de la que -afirmó- ya se dio cuenta EEUU con su conato negociador en Catar.

La insurgencia en Afganistán orbita en torno al movimiento heredero de los talibanes que ocuparon el poder hasta la invasión estadounidense de 2001 y que lidera el mulá Omar, y está compuesta por diversas facciones entre las que destaca la red Haqqani.

Muchos observadores creen que los principales líderes del primer movimiento, conocido como “shura” de Quetta (consejo), y de la red Haqqani se refugian en territorio paquistaní con la aquiescencia o tolerancia del aparato de seguridad de ese país.

El principal insurgente afgano liberado el pasado noviembre es Maulawi Anwar-ul-Haq, ex líder de Hizb-e-Islami, un grupo rebelde independiente pero afín a los talibanes con el que Afganistán ha mantenido desde hace tiempo conversaciones. EFE

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