“¡Diles que lo fusilen!”

Una de las versiones del vídeo filmado con teléfono móvil en el que se pueden escuchar frases en español. En éste se pueden distinguir con más claridad: minuto 0:34: “Ya estamos con el carro”; minuto 0:45 en adelante: “¡Diles que lo fusilen!” (repetido)

Pocos días después de la muerte de Muamar el Gadafi, algunos medios de comunicación colgaron un videoclip en You Tube, con algunas de las atroces imágenes del suceso. En medio del tremendo guirigay en que se desarrollaba el linchamiento del líder libio, filmado con un teléfono móvil, se podía escuchar a alguien que gritaba: “¡Diles que lo fusilen!”, en español y con acento latinoamericano.

El evento se extendió  por las redes sociales con rapidez, pero la incredulidad pudo más, y lo que debía haber generado curiosidad sólo cosechó escepticismo. En realidad sucedió que como nadie podía explicar coherentemente por qué se escuchaba una voz pidiendo a gritos en español la ejecución de Gadafi, muchos optaron por negar la evidencia. No faltó quien argumentara que posiblemente lo que se escuchaba no era una frase en español, sino alguna expresión en árabe de parecida sonoridad, y eso era todo. Sin embargo, ni la lengua árabe clásica ni sus dialectos utilizan vocales como “e” u “o”. Si un término tan universal como “petróleo” o “petrol” se transforma en “bitril” una vez traducido al árabe, podemos suponer las escasas posibilidades de que suene a esa lengua un “trompe l´oreille” como: “¡dilEs quE lO fusilEn!”. Y, por otra parte, ya sería coincidencia que en pleno linchamiento no tuviera coherencia el sentido de la frase que se escucha.

Lógicamente, la historia debía tener alguna explicación, y en Eurasian Hub la investigamos y sacamos las primeras conclusiones con bastante rapidez. Ahora, un año más tarde, la hipótesis de entonces ha cobrado fuerza, más que perderla.

Primero se habló de la presencia de un joven voluntario argentino entre las filas rebeldes, que podría haber asistido al linchamiento de Gadafi.  Aunque hubiera sido así, lo cierto es que la voz en español hablaba a otra persona que también se manejaba en esa lengua. Posteriormente, esa pista derivó en una pugna en la red sobre la posibilidad –más que remota- de que mercenarios colombianos hubieran operado con las fuerzas rebeldes. Algo bastante innecesario y comprometedor para la OTAN, teniendo en cuenta que ya existían numerosos instructores y hasta combatientes qataríes entre los milicianos que luchaban contra  Gadafi.

Las unidades de las fuerzas especiales estadounidenses cuentan entre sus filas con un porcentaje nada desdeñable de soldados de origen hispano. El grueso de la inmigración actual hacia los EEUU procede de Latinoamérica, el sueldo en las unidades especiales es alto, y el puesto  asegura el camino hacia la integración social plena o la obtención de la nacionalidad, todo lo cual explica en parte ese fenómeno. La cúpula militar estadounidense acepta de buen grado esa contribución, dado que en América Latina existen numerosos escenarios de contingencia para la proyección militar  estadounidense. Pero, además, los reclutas de procedencia hispana son bienvenidos en los contingentes americanos en países árabes por dos razones: por su aspecto físico, que muchas veces se integra mejor en el entorno; y porque la sonoridad del español no contrasta tanto con el árabe como el inglés.

Precisamente, esa circunstancia dio lugar al incidente que precipitó la denominada “batalla de Nayaf”, en Irak, el  4 de abril de 2004. Recordemos que esta acción tuvo su origen en la detención, dos días antes,  del clérigo chiíta Mustafa al Yaqubi, lugarteniente del poderoso Muqtada al Sadr. Los iraquíes escuchan hablar en español a los soldados estadounidenses que llevan a cabo el arresto, y lo atribuyen a los españoles de la cercana de Base Al Andalus.

La manifestación que se organizó ante el acuartelamiento pidiendo la liberación de al Yaqubi se torna agresiva por momentos, aparecen las armas y el incidente se trasforma en un combate en toda regla, entre la milicia chiíta del Ejército del Mahdi y tropas españolas y salvadoreñas parapetadas en la Base Al Andalus, y edificios aledaños. La batalla, dura varias horas y termina arrojando un saldo de 35 muertos, entre ellos un alto mando estadounidense.

Por lo tanto y en principio, siete años más tarde, cabía la posibilidad de que soldados de las fuerzas especiales estadounidenses hubieran estado presentes en los momentos finales de Gadafi , e incluso implicados en la ejecución de Gadafi. La hipótesis quedó en el aire hasta que, al día siguiente del linchamiento, la publicación israelí Debka lanzó a la red un artículo en el cual se daba una versión de lo sucedido que contradecía la explicada por la prensa internacional en aquellos días.

Llevando hasta su extremo más absurdo la justificación del mandato de las Naciones Unidas para posibilitar la intervención de la OTAN en la guerra civil libia, el comunicado emitido por la organización militar el día de la muerte de Gadafi puntualizaba que el convoy de vehículos que escapaban de Sirte a gran velocidad “planteaba a una amenaza significativa para la población local” por lo cual aviones aliados lanzaron un par de ataques que concluyeron con la destrucción de varios vehículos, entre ellos el que transportaba al dirigente libio.

«En el momento del ataque, la OTAN no sabía que Gadafi estaba en el convoy», explicaba el comunicado, subrayando insistentemente que la intervención se llevó a cabo «únicamente para reducir la amenaza contra la población civil, tal y como se requiere hacer bajo el mandato de la ONU».  Sin embargo, un año más tarde, esa versión se desmorona.

Ya el 21 de octubre de 2011, Debka afirmaba que fue una unidad de fuerzas especiales adscrita a las fuerzas de la OTAN -sin precisar la nacionalidad- la que realmente localizó y capturó a Gadafi. Tras el bombardeo del convoy que huía, las fuerzas rebeldes quedaban lejos y posiblemente no se hubieran aventurado a caer víctimas del fuego amigo (los aviones o drones de la OTAN) en la zona del ataque. Por lo tanto, siempre según Debka, los soldados que capturaron al líder libio lo retuvieron e informaron a la milicia de Misrata de su paradero. Misrata había sido la ciudad rebelde por antonomasia, cercada y asediada durante toda la guerra civil: los occidentales sabían que las milicias procedentes de allí, que estaban luchando en el cerco de Sirte -ciudad bastión de Gadafi- no lo dejarían salir vivo.  Aún así, como podemos escuchar en el vídeo, alguien se ocupaba de gritar en español que sus captores debían fusilarlo allí mismo.

Por lo tanto, Debka no parecía estar inventándose nada. Más allá de tergiversaciones y medias verdades,  hacía lo que cualquier otra fuente fugu:  enviaba el mensaje que estaba interesada en difundir: Tel Aviv no veía con buenos ojos la “primavera árabe” ni la implicación de la OTAN en la zona MENA, por las consecuencias que podía comportarle a la seguridad de Israel la alteración del equilibrio geopolítico en el mundo árabe.  Como colofón de numerosas noticias y alarmas sobre tráfico de armas, en la primera quincena de octubre un misil de construcción rusa SA 7 Strela, procedente de los antiguos arsenales de Gadafi en libia, fue disparado contra un helicóptero israelí desde Gaza

El pasado 11 de septiembre, milicianos islamistas asaltaron el consulado americano en Bengasi y mataron al embajador americano en Libia, Christopher Stevens. El incidente desbordaba la precariedad del  exiguo equilibrio político en que vivía el país desde el final de la guerra civil. Hubo tensiones y rifirrafes entre Trípoli y Washington, y como resultado de ello, el ex primer ministro Mahud Jibril, el otrora libio de Sarkozy y hombre clave para el apoyo anglo-americano a la rebelión, declaró a una televisión egipcia que fue una agencia de inteligencia extranjera la que orquestó el asesinato de Gadafi, y no los rebeldes libios. “El objetivo fue silenciar a Gadafi antes de que pudiera revelar secretos sobre los tratos con los servicios de seguridad extranjeros”.

Eurasian Hub

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