Tren de alta velocidad para Israel

Estación del ferrocarril israelí en el centro de Tel Aviv. Israel, con una superficie algo inferior a la de la Comunidad Valenciana, cuenta con dos ramales ferroviarios en dirección Norte-Sur que, a partir de Tel Aviv confluyen en uno solo que llega hasta Akko (Accre) y la frontera libanesa. No alcanzan demasiada velocidad y su equipamiento necesita, ciertamente, una renovación.

A lo largo del día 29 de julio,  algunos medios de prensa escrita y el canal principal de noticias de TVE se hicieron eco de las declaraciones del embajador israelí en Madrid, Alon Bar, en el sentido de que “las empresas españolas cuentan con serias opciones de participar en la construcción y puesta en marcha de la futura línea ferroviaria de alta velocidad en su país”.  En concreto se habla de la construcción de la línea Tel Aviv-Eilat, una conexión de 350 kilómetros que cruza el país desde el Mediterráneo al Mar Rojo, y que aún está pendiente de adjudicarse. Asimismo, se habla de la renovación del metro de Tel Aviv, de los ferrocarriles suburbanos, de la línea del norte: se trata, grosso modo, de la renovación de la práctica totalidad de la red ferroviaria israelí. El conjunto de las adjudicaciones rondaría, según el embajador, los 20.000 millones de euros, a ejecutar en los próximos cinco años.

Se trata de una cifra más que jugosa, en un momento en el cual la economía española está  atravesando estrecheces bien conocidas. El diplomático no deja de hacer referencia a ese contexto: en Israel «hay más confianza en el futuro económico de España» que la que pueden tener los propios españoles.

Y no es una mera finta. El interés de Israel en el modelo español motivó la visita el pasado mes de mayo a Madrid de su ministro de Transportes, Israel Katz, para entrevistarse con la ministra de Fomento, Ana Pastor y evaluar las opciones de cooperación. Bar ha anunciado que la ministra viajará a Israel en septiembre con el fin de firmar un acuerdo de colaboración para favorecer la participación de compañías españolas en el AVE israelí y en otros proyectos de transporte.

Sin embargo, el acuerdo podría comportar condiciones políticas. Así, cuando Palestina pida en septiembre su reconocimiento como Estado ante al Asamblea General de la ONU, se espera que España no vote a favor. «Espero que el Gobierno español, la UE y los demás hagan ver a los palestinos que hay que optar por la vía de la negociación, no por la otra (la de la ONU)», ha sostenido el embajador.«Las aventuras y los esfuerzos diplomáticos en la ONU y sus agencias no van a hacer avanzar el proceso de paz ni la creación de los dos estados», ha postulado.

El diplomático israelí aprovechó también para expresar sus recelos ante la “primavera árabe”, una postura abiertamente sostenida en Israel casi desde el principio de las revueltas, hace un año y medio. Según ese punto de vista, existe la amenaza de que los movimientos islamistas radicales ganen terreno en países como Siria si finalmente es derrocado su presidente, Bachar al Asad. “La caída de Al Asad podría ser algo muy positivo, pero si se reemplaza por el caos y el integrismo islámico podría ser peligroso”, ha advertido.

En los últimos meses, la industria ferroviaria española de alta velocidad está pisando fuerte  en el área euroasiática: ha conseguido el contrato para la línea Medina-La Meca en Arabia Saudí (6.700 millones de euros), se postula para el tendido del alta velocidad Moscú-San Petersburgo (17.400 millones de euros) y continúa vendiendo el Talgo en Asia Central.

Plano de las líneas ferrovarias israelíes

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