Uzbekistán abandona la OTSC

Bandera de la OTSC. fuente: Wikipedia

UZBEKISTAN ABANDONÓ LA ORGANIZACIÓN DEL TRATADO DE SEGURIDAD COLECTIVA (OTSC)

El hecho puede ser premonitorio del comportamiento de la mayoría de las elites gobernantes en el Asia Central de cara a la planificada retirada occidental de Afganistán en el 2014

Uzbekistán “suspendió”  oficialmente su membrecía en la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), integrada por varias repúblicas ex soviéticas. La entidad es la continuadora del Tratado de Seguridad colectiva firmado el 15 de mayo de 1992, por Armenia, Kazajstán, Kirguistán, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán, con el fin de  garantizar la defensa de los aliados en caso de agresión por parte de algún otro país  o grupo de Estados.

A finales de los años 90 al Tratado se adhirieron Bielorrusia, Azerbaiyán  y Georgia, pero en 1999 estos últimos dos, mas Uzbekistán, se negaron a prorrogar la vigencia del Acuerdo, que era para 5 años, y junto con Ucrania y Moldavia integraron otra estructura , estrechamente vinculada a la OTAN, que los agrupó bajo las siglas de GUUAM.

Antecedentes

En el 2000, los miembros que permanecieron fieles al Tratado lo convirtieron en una alianza militar con estructuras  estables, estatutos y reglamentos, bajo el nombre de Organización del Tratado de Seguridad Colectiva. El momento coincidió con el auge en las relaciones de Uzbekistán con Estados Unidos y Occidente lo que le permitió convertirse en un puntal de la OTAN, después de la invasión norteamericana a Afganistán en 1991.

Esta especie de luna de miel duro todo el primer lustro del presente siglo hasta que en el 2005,  el gobierno uzbeko reprimió ferozmente una sublevación popular en el Valle de Ferganá y acuso a Estados Unidos de ser el instigador de lo que denomino un intento de “revolución de color”. Rusia y otros países vecinos salieron en defensa del régimen de Islam Karimov. Como declaro el entonces ministro de defensa ruso, Serguei Ivanov, sus valoraciones y las de Occidente sobre aquellos trágicos acontecimientos fueron diametralmente opuestas. Es en esas condiciones que se produce el regreso uzbeko al seno de sus antiguos aliados y se convierte en miembro de la OTSC, aunque manteniendo siempre un bajo perfil: no participaba en las maniobras conjuntas, no integró las Fuerzas Colectivas de Reacción Rápida, ni la Tropas de Pacificación, no asistía a algunas cumbres y reuniones de ministros de Defensa y no firmaba ningún documento.

Semejante actitud uzbeka no estaba reservada sólo a la OTSC. Similar comportamiento mantenía también en otras organizaciones regionales. Hace poco “interrumpió” también su membresía en la Comunidad Económica Euroasiática, aduciendo que la misma repite el contenido de otras organizaciones a las que pertenece y recientemente  no asistió a las maniobras militares que realizó la Organización de Cooperación de Shanghái en Tayikistán, negándose de paso a permitir el tránsito por su territorio de las unidades kazakas  y, obligándolas a utilizar una ruta alternativa a través del Kirguistán.

Ahora, la explicación oficial que presenta Uzbekistán para abandonar la OTSC es que no está de acuerdo con los planes estratégicos de la Organización en la dirección afgana, ni con los planes para el fortalecimiento de la colaboración militar entre los países miembros.

Rasgo característico lo que el gobierno uzbeko llama multivectorialidad en su política exterior, es la preferencia por lo bilateral de cara a lo multilateral. En noviembre del 2005, Uzbekistán firmo un Tratado de Alianza con Rusia, que le permitió al Presidente Islam Karimov declarar, que en lo adelante no había necesidad de tomar parte activa en el funcionamiento de ningún bloque. Los argumentos en favor de esta proyección se vieron reforzados recientemente, en mayo del 2012, con la firma de la Declaración sobre la profundización de la Asociación Estratégica, ruso-uzbeka, y de la Declaración sobre el establecimiento de relaciones de Asociación Estratégica, con China, dedicada esta ultima básicamente al tema de la colaboración militar.

Este desdén uzbeko hacia lo multilateral ha venido agotando la paciencia de algunos aliados, como lo demuestra el estallido público del presidente bielorruso, Aleksandr Lukashenko quien acusó al gobierno de Karimov de realizar un “triple juego” y de no haber firmado ninguno de los acuerdos importantes de la organización. Funcionarios de la Cancillería rusa que han preferido el anonimato, también han abogado por exigir de Uzbekistán una definición  sobre “si quiere estar con nosotros o sin nosotros”.

Sin embargo, ni el gobierno ruso, ni la dirección de la OTSC han presentado semejantes exigencias e incluso, el Secretario General de la OTSC, Nikolai Bordiuzha, ha tratado de  justificar la conducta de Taskent. El problema estriba en que la OTSC no cuenta con muchos miembros y la presencia uzbeka le daba la apariencia de una mayor influencia internacional, a pesar de que el régimen de Islam Karimov tiene problemas serios con todos sus vecinos. Para muchos en el espacio ex soviético, la expulsión de Uzbekistán de la OTSC hubiera significado soltarle las manos a Islam Karimov para entrar en arreglos con Estados Unidos y la OTAN.

Las posibles causas de la decisión uzbeka

A pesar de las presiones,  Uzbekistán no parecía contrariado con mantener una membrecía formal en la OTSC,  y en mayo del 2012 vimos a su Presidente participando en una Cumbre, cuya Declaración final calificaba esa organización de “instrumento clave para garantizar la seguridad y la estabilidad”, al tiempo que llamaba a “desarrollar y profundizar relaciones multifacéticas de aliados en la política exterior y en las esferas militar y de la colaboración técnico-militar”

De manera que hasta mayo del 2012, tanto al Presidente Karimov, como a la OTSC les convenía la ambivalencia que representaba la “presencia ausente” uzbeca en la organización, pero evidentemente la preservación de semejante estado ha resultado imposible a partir de los acontecimientos que han tenido lugar desde entonces tanto dentro de la organización, como a escala regional, vinculados en ambos casos con la decisión norteamericana de retirarse, sin irse, de Afganistán, en el 2014.

Washington no ha sido para nada cicatero en promesas de armas y dinero, y ante el imán de tanto metal se han puesto en movimiento no solo los intereses particulares de los estados, sino también los individuales de los integrantes de las elites gobernantes. Esto ha creado una especie de epidemia de la que no ha podido escapar ni la propia Rusia. El 29 de junio del 2012, el Vice Premier ruso Dimitri Rogozin en declaraciones a la estación “Ejo Moskvy”, hablando sobre la base o punto de trasbordo que tendrán los norteamericanos en Ulianovsk, en territorio de la Federación de Rusia, dijo: “Estamos interesados en que se vayan de allí; así le abriremos las puertas y ganaremos dinero”. Pero Rusia no es un miembro mas de la OTSC y lo que a algunos de sus representantes puede parecer simple pragmatismo bien puede enviar a sus otros socios señales nada beneficiosas para sus intereses como gran potencia.

Moscú tiene bases y usa puntos logísticos en todos los países centroasiáticos, excepto Turkmenistán y que su conducta puede servir de argumento o pretexto para que le quieran aplicar determinadas condiciones. Actualmente las exigencias de fuertes incrementos en el pago por el arrendamiento de sus instalaciones militares  en Tayikistán, Kirguistán, Azerbaiyán, unidas al incierto futuro de su base naval en Siria, producto de la guerra civil y el peligro de intervención externa, tienen a Rusia al borde de quedarse sin sus más importantes bases militares en el exterior. El desarrollo de estas tendencias pone a Rusia en una situación muy delicada, no solo por las afectaciones  negativas que tendría en el plano regional, sino porque afectaría  directamente la paridad estratégica con Estados Unidos, al poner bajo signo de interrogación la existencia de la estación de observación espacial “Okno” situada en Nurek, Tayikistán, que cubre la parte central de Rusia y Siberia de posibles ataque coheteriles desde las direcciones sur, suroeste y occidental; y del radar situado en Gabala, Azerbaiyán.

Todos estos elementos están en juego en la estrategia norteamericana que ve en Uzbekistán un elemento clave,  primero como vía para sacar las tropas y el armamento, después para preservar la base de la OTAN, hoy en poder de los alemanes y/o retornar la que ellos mismos tuvieron hasta el 2005 en Karshi-Janabad y que ahora utilizan los rusos como punto de reabastecimiento de su aviación; y por último, para emplearlo como punto de cuña que rompa la unidad necesaria para el éxito de la estrategia rusa en la región.

Los rusos tratan de fortalecer lo que llaman  solidaridad entre los miembros de la OTSC, impulsando un cambio en el mecanismo de la toma de decisiones mediante la sustitución del consenso por el voto mayoritario. La perspectiva de ese cambio no agrada a Uzbekistán a quien el consenso le permitía vetar las decisiones que no le convenían, mientras el voto mayoritario puede convertirlo en el objeto de las medidas que se adopten.

Ya Tashkent se sentía incomodo  por el acuerdo firmado en diciembre del 2011 — aun no tarificado  por los miembros de la OTSC–, que exige el consentimiento del resto de los aliados para permitir el establecimiento de nuevas bases militares de potencias no pertenecientes a la organización. Al parecer, este acuerdo  no afectaría la existencia de la base uzbeka en manos de los alemanes, pero sería un obstáculo para el regreso de los norteamericanos. y eso es un factor de peso, porque Estados Unidos ha prometido entregarle al país centroasiático un buena cantidad de los armamentos que dejara de utilizar en Afganistán. Prueba de la seriedad de esta promesa es la restitución por el Senado de la autorización para que la Administración Obama restituya la ayuda militar que le prestaba antes de los acontecimientos en el Valle de Ferganá.

Uzbekistan no puede utilizar extos ofrecimientos siendo miembros de la OTSC, donde precisamente se preparan acuerdos para perfeccionar lo que los rusos llaman la colaboración técnico-militar.

Evidentemente estas son las razones que se esconden tras las enigmáticas explicaciones oficiales uzbekas sobre su abandono de la OTSC, cuando aluden al desacuerdo con los planes estratégicos del Tratado en la dirección afgana, ni con los planes para fortalecer la colaboración militar entre los países miembros.

Las reacciones

Para la jefatura de la OTSC, Uzbekistán  no tiene derecho a adoptar unilateralmente la decisión sobre la interrupción de su participación en la organización. Según el Secretario de Prensa de dicha institución, Vladimir Zainetdinov, los Estatutos solo prevén la salida con información previa de 6 meses y la interrupción es una medida punitiva que adopta el Consejo de Seguridad como sanción a los miembros que incumplen los reglamentos.

La reacción oficial rusa ha sido muy contradictoria. Mientras el Ministerio de Relaciones Exteriores expreso su disgusto por la decisión uzbeka, Dmitri Peskov, el Secretario de Prensa del Presidente Putin considero que la decisión de Taskent no debe verse como algo dirigido a obtener algún beneficio particular en las relaciones ruso-uzbekas y que la posición de Taskent de ninguna manera se reflejara en sus relaciones bilaterales con Moscú. De otro lado, el Jefe del Estado Mayor del Ejército ruso, Nikolai Makarov,  aseguró que la decisión uzbeka tiene más aspectos negativos que positivos, pero que la OTSC seguirá su existencia sin ese país y fortalecerá su potencial militar.

Para algunos expertos la decisión uzbeka  puede ser muy positiva para la OTSC, ya que el veto constante de Taskent la debilitaba y limitaba su actividad. El Director del Centro de Investigaciones Socio-Políticas, Vladimir Evseyev, consideró que la salida uzbeka no es una noticia tan mala para la Organización del Tratado, porque le permitirá fortalecer la cohesión interna. Según Andrei Grozin, Jefe del Dpto. de Asia Central y Kazajstán de los Países de la CEI, la reacción relativamente tranquila del gobierno ruso a la decisión uzbeca se debe, en primer lugar, a que era previsible y, en segundo,  al convencimiento de que los uzbekos persiguen  fines netamente mercantiles para convertirse de facto en la plaza central del tránsito de regreso del Ejército norteamericano desde Afganistán. El analista opina que la posición uzbeka condenaba en muchas ocasiones la OTSC a la inactividad y asegura que durante los acontecimientos en Os y Djalalabad, Kirguistán, en el verano del 2010, la posición uzbeka de no intervención fue la que decidió el comportamiento de la alianza. Por suerte, asegura, hasta ahora la OTSC no se ha visto enfrentada a retos mayores, pero eso sucederá después del 2014.

Parviz Mullodzhanov, Director Ejecutivo del Comité Social para las Transformaciones Democráticas del Tayikistán opinó que para su país la decisión uzbeka tiene solo consecuencias positivas, porque le permite adquirir un mayor valor a los ojos de Rusia, que sigue siendo la potencia bajo cuya influencia aun esta el Asia Central.

Otros analistas destacan los aspectos negativos de la decisión.  Yuri Krupnov, Presidente del Consejo Observador del Instituto de Demografía, Migraciones y Desarrollo regional piensa que la decisión uzbeka pone de manifiesto la crisis absoluta de la política afgana de Moscú, que de una parte, recela de la presencia de la OTAN, mientras por otra habla de su rol positivo para la seguridad regional. Esa conducta, dice, tiene confundidos a todos y el gobierno de Islam Karimov se ha aprovechado al máximo de su ambivalencia. Para él, si algo positivo tiene la decisión uzbeka es que obligara a Moscú a hacer una revisión a fondo de su política hacia la región.

Distinto es  el criterio de analistas como el militar kirguís Toktogul  Kakchekieyev, quien alerta que Uzbekistán fuera de la OTSC puede convertirse en la fortaleza de los intereses de Estados Unidos en Asia Central, lo que no tendría buenas consecuencias para el Kirguistán. El conocido profesor y politólogo ruso, Aleksandr Kniazaev en un análisis muy crítico sobre la OTSC llega a la conclusión  de que las causas de la decisión uzbeka deben buscarse no solo en Taskent, sino también en Moscú  y las demás capitales, porque se trata de una organización muy ineficaz que en 10 años de existencia apenas se ha hecho sentir en el espacio de su responsabilidad. Para él lo peor es que la decisión de Taskent puede arrastrar a otros Estados a hacer lo mismo, ya que es conocido el futuro incierto de las bases rusas en Kirguistán y Tayikistán, sin que dichos problemas se lleven a la agenda de la OTSC.

La ineficiencia de la organización es precisamente una de las razones que aduce el politólogo uzbeko, Bajtior Ergashev, para explicar la conducta de su país, asegurando que la ampliación de la colaboración militar bilateral con Rusia es perfectamente posible, sin necesidad de la OTSC.

Pero no todos los observadores ven en la decisión uzbeca razones geopolíticas o de política exterior. El politólogo kazako, Erlan Karin, Secretario del Partido gobernante Nur Otan (La luz de la Patria) sostiene que la verdadera razón  es de política interna y significa  la “preparación silenciosa” para la transición del poder de manos de Islam Karimov a otras fuerzas. Para este movimiento el  Presidente uzbeko necesita un apoyo externo como el que solo saben brindar las tropas de la OTAN. Una visión semejante tiene David Arutiunov, experto armenio en Asia Central, para quien Karimov está nervioso por los acontecimientos de la primavera árabe y espera que el fortalecimiento de los vínculos con Estados Unidos lo salve de correr la suerte de los derrocados regímenes de derecha en aquella región. En línea con esa lógica, el armenio sostiene que la salida uzbeka de la OTSC refleja un nuevo momento en el fortalecimiento de las posiciones de Estados Unidos y de la OTAN en el Asia Central y un debilitamiento de las de Rusia. Pero como vimos a lo largo de este análisis el asunto probablemente vaya mucho más allá de una simple alteración de las posiciones regionales. Dada la importancia de las instalaciones militares que tiene Rusia en la zona, la forma en que se puede alterar el balance regional tendría consecuencias seguras para la paridad estratégica global.

Dr. Juan Sánchez Monroe

La Habana, 7 de julio del 2012

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