Lecciones de Fukushima, un año después (Greenpeace)

Como en aquellos viejos relatos de ciencia-ficción, de hace cincuenta años: los semáforos siguen parpadeando, el alumbrado público ilumina la soledad. La energía que alimenta esas luces fantasmagóricas ha sido la causa de la desolación. Y las imágenes de abandono a que nos acostumbró Chernóbil, reaparecen en otros paisajes. En la fotografía: localidad en el sudeste de Kabawata: la contaminación radiactiva obligó a los residentes a ser evacuados. En este pueblo, con un índice de radioactividad 22 veces sobre lo normal, aún subsisten un puñado de residentes.  En zonas con índices de entre entre 52 y 238 veces por encima de lo normal, los habitantes puede que nunca regresen a sus domicilios. A algunas familias afectadas se les ha ofrecido una compensación única de 1.043 dólares. Los abogados de la Tokyo Electric Power Co. (TEPCO)  pretenden que la empresa tampoco cumpla con su obligación de hacer frente a los costes de descontaminación, argumentando que la radiación, al igual que la búsqueda de soluciones, es ahora responsabilidad de los dueños de las tierras y no de la empresa.  Fuente: fotografía de Robert Knoth, y Las lecciones de Fukushima (Greenpeace)

El pasado 6 de marzo, la organización Greenpeace presentó en España el informe:  Las lecciones de Fukushima, en el cual se explica cómo el terremoto y el tsunami no causaron el accidente nuclear de la planta de Fukushima Daiichi en la costa este de Japón hace un año. Es de destacar que en el documento se pone énfasis en las responsabilidades políticas del gobierno japonés, un asunto que ha tenido a mantenerse en un segundo plano por parte de  en los medios de comunicación occidentales, algo sobre lo cual algunos autores de Eurasian Hub tuvimos experiencia directa en aquellos días.

Las razones de tal actitud son diversas. En primer lugar, y de forma destacada, porque interesaba resaltar que la catástrofe era puramente “natural” e impredecible, enfriando de esa manera el debate político sobre la problemática de la energía nuclear. Relacionado con ello, fueron muy visibles los esfuerzos mediáticos para disociar la tragedia de Chernóbil con la de Fukushima, relato del que se obtenían rendimientos importantes. De esa forma, se ponía a salvo el cliché sobre la supuesta fiabilidad de la tecnología occidental sobre la de los soviéticos-rusos u otros países emergentes. De paso, se preservaba la imagen del gobierno o sistema político japonés, poniéndolo a salvo de la polémica, lo cual contribuía  también a  mantener al margen el debate sobre los países “responsables” e “irresponsables” a la hora de mantener e impulsar programas de energía nuclear. Y eso en un momento en el cual la presión sobre Irán crecía ruidosamente.

En tal contexto, el informe Greenpeace sobre Fukushima resulta de especial interés, por cuanto huye del tratamiento políticamente correcto de una catástrofe realmente devastadora.

A continuación, incluimos el muy útil resumen de las conclusiones que el lector puede encontrar en al página de Greenpeace España, recordando, de paso, que allí mismo se puede acceder al hub: Fukushima, nunca más y la publicación, gratuita (en .pdf): Las lecciones de Fukushima. Para concluir, en la misma página se puede visitar la exposición: Shadowlands, con fotografías de Robert Knoth y entrevistas de Antoinette de Jong

Conclusiones del informe de Greenpeace

La principal conclusión de Greenpeace sobre este desastre nuclear es que podría repetirse en cualquier central nuclear en el mundo, lo que pone en situación de riesgo a millones de personas, teniendo en cuenta que un accidente nuclear ha tenido lugar aproximadamente cada siete años, de promedio.

Greenpeace concluye que las tres razones principales del accidente nuclear son:

1.- Un reactor vulnerable  – el diseño. Durante décadas se han conocido, en Japón y a nivel internacional, las vulnerabilidades del diseño del reactor de agua en ebullición Mark I (BWR, sus siglas en inglés). Sin embargo, se han ignorado de forma reiterada las advertencias.

2.- Una reglamentación débil – el Gobierno y la gestión. Se han tolerado las maniobras de encubrimiento de la compañía propietaria, TEPCO, que en 2006 admitió haber falsificado informes sobre el agua de refrigeración y, a pesar de ello, la Agencia de Seguridad Nuclear e Industrial (NISA, por sus siglas en inglés) concedió a TEPCO la autorización preceptiva para extender la vida de los reactores de Fukushima Daiichi diez años más.

3.- Errores sistemáticos en la evaluación – la seguridad nuclear. TEPCO y NISA sabían que en la zona de la central nuclear se podría sufrir el impacto de un tsunami de más de diez metros. Sin embargo, la central solo estaba diseñada para soportar tsunamis de hasta 5,7 metros.

Asimismo, del informe Las lecciones de Fukushima se obtienen tres conclusiones importantes:

1.- Se conocían los riesgos reales, pero las autoridades japonesas y los operadores de la planta de Fukushima les restaron importancia e hicieron caso omiso.

2.- Los planes de emergencia nuclear y evacuación para la protección de las personas han fracasado totalmente, a pesar de que Japón es uno de los países mejor preparados del mundo para la gestión de catástrofes.

3.- Los contribuyentes serán quienes paguen la mayor parte de los costes. Japón es uno de los tres países en los que por ley el operador de la central nuclear es responsable de la totalidad de los costes de un desastre nuclear, pero los regímenes de responsabilidad e indemnización de la ley son insuficientes. Para sobrevivir las personas afectadas han de buscar sus propios recursos.

Cifras sobre Fukushima


Algunos de los datos que aporta el informe Las lecciones de Fukushima son, por ejemplo:

.- en Japón se han tenido que desplazar 150.000 personas;
.- tienen 28 millones de metros cúbicos de suelo contaminado por     sustancias radiactivas;
.- Japón tendrá que asumir un coste total del desastre de 520.000 a 650.000 millones de dólares, una cifra que se aproxima al coste de la crisis bancaria de las hipotecas de alto riesgo en Estados Unidos;
.- solo mantienen dos reactores nucleares operativos de los 54 que existen, en contra de las presiones del Gobierno y de la industria nuclear, sin que por ello sufran ningún problema de suministro.

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