Siria: para entender la guerra civil (y 2)

El Batallón Ali Ibn Abu Talib del Ejército Libre de Sira se adjudicó la destrucción de un carro T-72 de las fuerzas gubernamentales en As Rastan, Homs, el pasado 30 de enero. Aunque es una imagen muy conocida, no es la única que muestra la destrucción de un carro de combate o medio blindado del Ejército sirio en Homs. La Brigada del Martir Abdel Rahman Al-Ashtar se atribuyó nada menos que nueve carros de combate ese mismo día 30 de enero en el barrio de Rastan.

El artículo que sigue a continuación es la ampliación de una pieza originalmente publicada en “El Periódico de Catalunya” el pasado 8 de febrero

Intervencionismo de ida y vuelta sin pisar el terreno

Un artículo en el New York Times lo definió en octubre como la “New Approach to War,  eufemismo que encubre la nueva forma de intervencionismo en la era Obama, consistente en cero tropas americanas sobre el terreno, uso intensivo de la fuerza aérea –incluyendo aviones no tripulados- y recurso a “proxies” o aliados interpuestos. El objetivo, como dijo un general americano es intervenir sin pagar por los inevitables estropicios. Una vez concluida la intervención, no quedan vínculos con el bando al que se ha prestado colaboración. No se asumen responsabilidades por sus excesos, no hay necesidad de imponer planes de reconstrucción política ni económica.

Dado que es fundamental no tomar partido por ningún bando en lucha, en la zona de operaciones “no hay guerra civil”, sino un tirano que ataca a población desarmada.  El modelo es la intervención en Libia, donde los portavoces de la OTAN mantuvieron hasta el final el mantra de que estaban allí para proteger a la población civil, omitiendo que sus fuerzas aéreas machacaban a la del bando contrario. La forma de colar esa trola no es mediante enrevesados complots, sino a través de los medios de comunicación y la propaganda de guerra de toda la vida, respaldada por importantes agencias de publicidad y relaciones públicas.  Esa gente es muy profesional, mueve mucho dinero e influencia, y hay mucha experiencia en buena parte de los conflictos de la posguerra fría, desde 1991 hasta Siria, e incluso antes. El resultado, a la vista está: los occidentales han evitado quedarse enganchados en nuevos Irak o Afganistán. Libia está manga por hombro, pero la OTAN ya anunció que no intervendrá de nuevo allí. Que se arreglen los libios solos (al menos, por el momento).

En Siria la situación va por el mismo camino, incluyendo la paradoja de que desde Libia han llegado medios y hasta voluntarios para combatir en el bando insurgente. Éste también cuenta con ayuda de fuerzas especiales de Qatar y de otros países árabes. Por lo demás, ya es vox populi que el Ejército de Siria Libre ha recibido armas y entrenamiento desde el exterior y, lo que es más valioso, información de inteligencia. Todo ello, canalizado desde la cercana base estadounidense de Incirlik, a muy pocos kilómetros de la frontera siria, en Turquía.

Es evidente que en esta maniobra negacionista colaboran a su pesar los propios regímenes implicados. ¿A qué gobierno le gusta reconocer que en su país ha estallado una guerra civil, aunque sea de baja intensidad?¿Acaso el gobierno británico admitió en alguna ocasión que los veinte años de “troubles” en el Ulster eran de hecho una guerra civil? En su lugar, los “problemas” son calificados como “terroristas” o “ratas”, según la terminología de Gadafi. Sólo cuando ya es imposible negar la existencia de unidades de combate completas en el otro bando empieza a hablarse de “combatientes” o del “enemigo”. Ni que decir tiene que este reflejo le viene de perlas al “New Approach to War”. Y tiene precedentes: por ejemplo, la intervención estadounidense en Vietnam nunca implicó una declaración de guerra.

Sin embargo, esta vez el guión parece haber sido cortocircuitado por Moscú, que se muestra belicoso en defensa del régimen de Bashar al Assad –y de su base naval en Tartus; y de los israelíes, a quienes no gustan los manejos internacionales en un país  enemigo de toda la vida, pero que forma parte de su patio trasero. Donde, además, están metiendo cuchara los turcos, diversos países árabes, voluntarios islamistas y potencias europeas. Como remate, la Guerra Fría está enterrada y ahora Rusia mantiene provechosos negocios con diversos países implicados en Siria, comenzando por Turquía y terminando con Israel.

Así que tanto rusos como occidentales alimentan una guerra civil, y con tanto bombero pirómano, no hay planes de paz que valgan. En tal sentido, incluso la posición de la ONU contribuye a que la guerra civil siria quede en el limbo –igual que sucedió en Libia- puesto que Ban Ki Mooon, por ejemplo, no posee un criterio político propio, “oficial”; y de momento, quien tiene más peso en el Consejo de Seguridad impone unos argumentos que juegan a favor de la “New Approach of War”

Mientras tanto, Homs es ahora la “Bengasi siria”. Dado que los rebeldes están bien atrincherados y empiezan a estar provistos de armas contracarro –en la localidad de Rastan pusieron fuera de combate a nueve tanques, el pasado día 30- el Ejército sirio recurre al bombardeo para doblegarlos; lo cual está generando un  pequeño Sarajevo, o incluso una Vukovar. Pero a diferencia de lo sucedido en Yugoslavia, los medios occidentales disimulan la dimensión etno-religiosa y política del conflicto, dado que en Siria, según el libreto que debemos cantar a coro, “no hay guerra civil”.

Francisco Veiga

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