El paraíso de los buenos propósitos

Presentación del puzzle  video game titulado: The Cat and the Coup, dedicado al golpe de estado de la CIA y el MI6 que derrocó a Mossadegh en 1953. Esta obra fue publicada en 2011 por Peter Brinson and Kurosh ValaNejad. fue financiad por  Game Innovation Lab de la University of Southern California. Es posible seguir la explicación de la peculiar narración en You Tube, o buscar más claves en una página creada por Peter Brinson.

Está escrito que Irán y los Estados Unidos deben entenderse; sus propios intereses así se lo exigen; la paz en Oriente Próximo y Medio así lo requiere. No obstante ambos interlocutores llevan 30 años perdidos, incapaces de hacerse llegar sus buenos propósitos, puesto que, en el bosque en el que tratan de encontrarse, sus declaraciones de buena voluntad son persistentemente distorsionadas por los duendes del pasado.

EEUU e Irán apenas compartían vínculos hasta mediados del siglo pasado, no obstante estos eran de una intensidad emocional relevante. Los iraníes no olvidaban la entrega de dos ciudadanos americanos que se habían involucrado en la pugna por librarse del yugo absoluto de la monarquía Qajar: el misionero Howard Baskerville, que en 1909 no dudó en dar su vida en la defensa de Tabriz frente a los cosacos que apoyaban al Shah Mohamad Alí Mirza; y el economista William Shuster, que en 1912 pugnó por dotar al Gobierno Constitucional de las finanzas necesarias para sacar su proyecto democrático adelante y que fue expulsado por la acción combinada de británicos y rusos.

La repercusión de estos hechos no se limitó a Irán, sino que encontraron también gran eco en los EEUU, especialmente tras la publicación por Shuster de su libro The Strangling of Persia. Así, es en los EEUU donde Irán busca en repetidas ocasiones la justicia que se le niega en los foros internacionales; en primer lugar durante la conferencia de paz de Paris de 1919, donde Gran Bretaña trata de ignorar las reclamaciones iraníes; y, en un más desesperado intento, ante el ultimátum Anglo-Ruso de agosto de 1941 que condujo a la ocupación del país hasta 1946. En ambos casos, los británicos se vieron obligados a mentir hasta el punto de poner en peligro su privilegiada relación con los EEUU, para negar a los iraníes sus justas reivindicaciones.

Y entonces llegó el pecado original americano: cuando en agosto de 1953, en plena crisis de la nacionalización del petróleo, ya con el golpe americano en marcha, Mossadegh lo desarticula llamando a sus fieles a tomar la calle. El premier, incapaz de sospechar la felonía americana, se reúne con el embajador estadounidense que le pide, por la seguridad de la colonia internacional, que desmovilice a sus seguidores. Mossadegh, cumple y los norteamericanos, volviendo a la carga, lo defenestran al día siguiente. Irán no lo olvidará nunca, y desde entonces su lema será: ni Occidente ni Oriente.

Pero la percepción americana no era recíproca y, cegado por sus intereses estratégicos, Washington llegó incluso a pensar que sería capaz de cambiar de caballo en plena carrera. Y que un clérigo tradicionalista y, por ende anticomunista, podía ser tan válido para sus designios como un sátrapa secular. Así, ya en plena revolución de 1979, los americanos apoyan al gabinete de Bajtiar con la pretensión de que Jomeini lo reconozca como legítimo y continuar su influencia en el país con un golpe de sombrero.

La aspiración de los americanos a continuar en Irán después de la revolución, y el empeño en la búsqueda de un líder maleable a sus designios, lleva a Jomeini a cometer el pecado original de la República Islámica: el asalto a la Embajada norteamericana en noviembre de 1979.

Estados Unidos e Irán son, desde entonces, enemigos irreconciliables. Sus respectivas dialécticas gubernamentales intercambian ponzoña, más para consumo interno que con fines prácticos, dado que desde un punto de vista pragmático sus intereses convergen más que divergen y una colaboración entre ambos sólo puede reportar beneficios mutuos. Si a EEUU le interesa un mercado petrolífero sin sobresaltos, Irán necesita de las inversiones extranjeras para modernizar y revitalizar su economía. Además, ambos países son muy vulnerables a cualquier tipo de inestabilidad en el Golfo Pérsico y sufren los males del extremismo suní (sea éste el de los talibanes o el de Al Qaeda) y del tráfico de drogas.

Caricatura sobre el escándalo Irán-Contra: Unos acusan a los otros, y vuelta a comenzar. No faltan guerrilleros nicaragüenses de la Contra y ayatolas

Y colaborar, no han dudado en colaborar. Incluso en los años más negros: con Jomeini y Reagan a las riendas de sus respectivos gobiernos y con nada menos que Israel de intermediario, se producen los contactos que tomarían el nombre de “escándalo Irán-Contra”  cuando la prensa libanesa los destape en 1985. A partir de una compleja combinatoria de contactos secretos “contra natura”, Irán lograba los repuestos necesarios para mantener su maquinaria de guerra contra Irak, a cambio de “mediar” en la liberación de los rehenes americanos en manos de Hezbollá en Líbano. A pesar de que dos “duros de roer” como Jomeini y Reagan no parecieran acusar el impacto de destapar el asunto, sus consecuencias fueron relevantes y duraderas para ambos países. En Irán, enfrentando a los candidatos a la sucesión a Jomeini (algo que aún se manifiesta en la rivalidad entre Jameneí, Rafsanjani y, hasta hace muy poco, Muntazeri); y en EEUU con el inicio del declive de su influencia en Centro y Suramérica, del que todavía hoy no se ha recuperado.

Llegados a este punto, hay que considerar la relación entre los gabinetes demócratas y republicanos en EEUU, con las distintas tendencias en Irán. Cada presidente iraní ha compartido uno de sus dos mandatos con uno demócrata y el otro con uno republicano, dándose, por tanto, todas las posibilidades posibles de interacción. Pasemos breve revista al intercambio en ese cotillón:

Rafsanjani (pragmático, 1989-97) coincide con Bush padre (1988-92) y con Clinton (1992-2000); Rafsanjani llega muy quemado tras haber sufrido el asunto Irán-Contra como primer ministro, así como la sucesión  a Jomeini y la posguerra con Irak. Además, son los años de la caída del Telón de Acero y la apabullante  “Operación Tormenta del Desierto”, con unos EEUU muy crecidos y dispuestos a arrollar con todo, por lo que la política del iraní es de perfil bajo y supervivencia.

Jatamí (reformista, 1997-2005) vive una luna de miel con Bill Clinton; pero como en Romeo y Julieta, ni Capuletos ni Montescos están dispuestos a que el amor se consagre. A pesar de existir un atractivo mutuo, las oportunidades de alcanzar un acuerdo no se materializan por la debilidad que ambos líderes sufren en sus respectivos frentes internos: el caso Lewinsky para el americano, y las revueltas estudiantiles que exigen verdaderos avances reformistas a Jatamí. En este marco, cualquier anuncio de un acercamiento al enemigo ancestral es inmediatamente instrumentalizando por las respectivas oposiciones con objeto de debilitar la posición de ambos líderes, obligándoles a abandonar sus iniciativas. El 11-S, ya en la legislatura de Bush hijo (2000-08), trajo un desesperado intento de Jatamí por ofrecer todo el apoyo iraní en la guerra contra el terror; a pesar de las innegables ventajas que ello hubiera reportado a los americanos, su respuesta fue un tremendo portazo a las aspiraciones iraníes: su país quedó incluido en el eje del mal.

Por último Ahmadineyad (radical, 1995- ) se encuentra con el “deshielo” que supone la llegada de Obama (2008- ) a la casa blanca. A pesar de que la llegada de Obama se produce en plena crisis nuclear, ambas administraciones van a lanzar “sondas” en busca de entendimiento. Muy desafortunadamente, las sondas aterrizan con estrépito en las susceptibilidades ajenas. Así, Obama acompaña sus mejores deseos para el año nuevo persa con su voluntad de negociar con Irán y llegar a un acuerdo, aplicando “el palo o la zanahoria” según sea necesario. Irán, que aspira a ser tratado como igual en las negociaciones y, que en ningún caso se percibe como infractor de nada, no encaja bien la expresión. Pero cuando Ahmadineyad intenta a su vez ser conciliador y achaca la desafortunada declaración de Obama como “infantil” (algo que en EEUU se percibe como muy ofensivo cuando se refiere a una persona de color) debido a su escasa experiencia frente a la dirección de su gobierno, la situación se tuerce, y los caminos de ambos dirigentes comienzan a divergir sin retorno; y más acentuadamente tras la pérdida de legitimidad de Ahmadineyad a raíz de su última reelección.

Pablo Martín

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