Puedes pisar mis ojos. Un retrato del Irán actual.

Aquel 13 de junio de 2009, Serge Michel y Paolo Woods tenían acordada una entrevista con un cirujano de rinoplastia en Teherán. El resultado de las elecciones presidenciales acababa de anunciarse y las calles de la capital estaban viviendo lo que se conocería como la “revolución verde”. Por entonces, después de varios años viviendo en Irán, el periodista suizo y el fotógrafo italo-francés se habían embarcado en la elaboración de un libro de entrevistas a ciudadanos de a pie, con la idea de ofrecer un fresco desmitificado de la actual sociedad iraní. Pero mientras ellos intentaban captar matices y carácter nacional, esa sociedad se agitaba en uno de los vuelcos más importantes desde la revolución de 1979. Aquel día, Michel y Woods se repartieron el trabajo: el periodista acudió a la cita con el mago del bisturí, que redibuja los sueños y narices semitas de unos 270 jóvenes a diario, mientras Woods se mezclaba cámara en mano entre los clamores revolucionarios de las grandes avenidas de la capital.

El libro que nació de aquellos meses lleva por título: Puedes pisar mis ojos. Un retrato del Irán actual. Y aunque es mayoritariamente una recopilación de retratos personales, a tramos se lee como un libro de viajes autobiográfico, y a tramos como una crónica periodística de los meses de la revolución verde. Los relatos fluyen rápidos y claros, y la mirada occidental del periodista, centrada en el día a día y las motivaciones de la clase media, y alejada del análisis sesudo y de complejas disquisiciones histórico-políticas, hace de este libro una obra abordable para el lector que posa su mirada sobre Irán y sus gentes por primera vez.

A través  de los ojos de Michel, la sociedad iraní parece emanar una mezcla de inocencia y humor pícaro, desconcertante y atractivo a la vez. “Ya no recuerdo en qué momento empecé a sospechar que los iraníes eran más felices de lo que aparentaban”, reconoce el autor. De personaje en personaje, va descubriéndonos la aversión estomacal de los iraníes hacia cualquier cosa que parezca árabe (incluidas sus propias narices semitas) o incluso rusa; los relatos chíies sobre el imán Mahdi (el “imán del Tiempo”) o el imán Husein, que tan presentes están en algunos rituales  actuales, o la importancia tremenda que tenía para la motivación del equipo de natación nacional poder contar con mujeres entre el público. Los matrimonios, las alfombras, la obsesión conspirativa, la política del bazar o el amor enraizado por la poesía: todo tiene cabida en el fresco social de Michel. Incluso los últimos chistes sobre los Paykans, la marca de coches algo venida a menos que pone a prueba a menudo el buen humor nacional. “¿Qué contienen las dos últimas páginas del manual del Paykan? El horario de autobuses”.

La lengua persa también tiene un papel protagonista en el libro, especialmente los extravagantes giros de sus fórmulas de cortesía (el taruf), que salpican en forma de diálogos toda la narración (con transliteraciones fonéticas que a menudo pecan de utilizar fórmulas francesas o británicas, en lugar de recurrir a adaptaciones más naturales para el lector hispano). El título del libro, “Puedes pisar mis ojos”, es, de hecho, uno de estos formalismos, pero también una muestra del carácter respetuoso, hospitalario y servicial del iraní hacia sus semejantes. Y junto a los modismos feudales que acompañan las pequeñas transacciones diarias, se cuelan las consignas que la juventud escribía en los billetes los días de la revolución verde, cuando las redes sociales y las telefónicas habían caído y lo único que circulaba de mano en mano era el dinero: “El detrito eres tú, / la pasión soy yo. / El amante desesperado soy yo, / la crueldad eres tú. / La ceguera eres tú, / soy temerario e impetuoso, / Irán es mío.”

Mast-e Resgh, de Rana Farhan, en la BSO de “Nadie sabe nada de los gatos persas”
Judith Argila | @jargila
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