Srebrenica: ciudad traicionada (Ole Flyum)

Estrenado en abril de 2011, el documental ya se puede visionar en You Tube

En abril de este mismo año fue emitido en la televisión pública noruega el documental “Srebrenica: A Town Betrayed“, dirigido por Ole Flyum, estreno que generó una destacada polémica.  El trabajo aporta material de primera mano de relevancia para los interesados en este episodio de las guerras de secesión yugoslavas, aunque los elementos más importantes de la historia ya habían sido desvelados previamente, y desde hace años. Entre los especialistas que han estudiado el conflicto es bien conocido el caso de Ibran Mustafić, miembro del Parlamento Federal bosnio y fundador del SDA en Srebrenica, que fue tomado prisionero por los serbios tras la caída del enclave y emprendió después de la guerra una cruzada personal denunciando la supuesta maniobra del gobierno de Sarajevo. Más recientemente, el libro del profesor holandés Cees Wiebes, Intelligence and the War in Bosnia, 1992-1995, aporta más de cuatrocientas páginas de apretados datos procedentes de fuentes de inteligencia occidentales que cuestionan más de un mito intocable para la historia canónica de la guerra de Bosnia-Hercegovina. Por lo tanto, más que los de por sí impresionantes testimonios que se presentan, es el alcance de “A Town Betrayed” lo que invita a hacer una referencia. Y es que una obra de gran difusión que pone en cuestión la actuación del liderazgo de los bosnios musulmanes y el Estado Mayor de la Armija en Srebrenica, no podía pasar desapercibida en Escandinavia, donde fueron acogidos miles de bosníacos y serbios durante la contienda, muchos de los cuales forman hoy en día una comunidad estable de expatriados.

Después del estreno en Noruega, el trabajo se publicó en la cadena estatal sueca. Las críticas de las comunidades de bosnios musulmanes no se hicieron esperar. Esto no hizo sino incrementar el interés de la televisión danesa en este tipo de trabajos . La reacción de los expatriados bosniacos se entiende en tanto la imagen que tienen de lo ocurrido en Srebrenica y sus alrededores en julio de 1995 es la que enmarca y explica todo lo sucedido desde el inicio de las crisis que llevaron a la desaparición de Yugoslavia. Si, como afirmaba Mary Kaldor, la limpieza étnica era el objetivo de las partes en Bosnia, Srebrenica supondría la consecuencia lógica de la contienda. Reinterpretar los hechos conlleva el riesgo de encontrar explicaciones más adecuadas y, en último término, alterar la percepción sobre el propio pasado y sus implicaciones.

El documental pone el dedo en la herida al inscribir las matanzas dentro de las operaciones militares y maniobras políticas de la guerra, tanto por parte de los serbios como por la de los musulmanes. Dicho de otro modo, su pecado es que no se limita a denunciar los crímenes de guerra sino que, además, pone en cuestión la posibilidad de que los hechos indiquen que hubo un genocidio. Los críticos llegan a compararlo con los trabajos realizados por los negacionistas del holocausto, a pesar de que en ningún momento se pone duda la existencia de tales masacres ni el número de musulmanes ejecutados por las fuerzas del general Ratko Mladić. Por otro lado, la mayor parte de los testimonios presentados, y que constituyen el hilo conductor del documental, provienen de bosnios musulmanes que sirvieron en la Armija o estuvieron al frente de la administración en la localidad sitiada

Qué duda cabe de que, desde el punto de vista humanitario, las matanzas de Srebrenica pueden y deben ser estudiadas como un todo aparte. Los crímenes de guerra han de ser juzgados como tales y la atención a las víctimas y sus familiares debe ser una prioridad para las autoridades. Desde el punto de vista político, no obstante, estas cuestiones no explican qué había o sigue estando en juego. La introducción de nuevas perspectivas y elementos en el análisis se dan, precisamente, como respuesta a la instrumentalización política del sufrimiento. Limitar las causas de la tragedia al sadismo de unos militares fanáticos aupados como héroes por sus compatriotas no hace sino liberar a los del otro bando de sus responsabilidades. El mero hecho de que se quieran evitar discusiones al respecto es, en sí mismo, una proyección de los intereses políticos que rodean el asunto.

En “A Town Betrayed”, el presidente bosnio, Alija Izetbegović, asume un rol que no había jugado en otros análisis. Aquí no es ya el anciano presidente que quiere hacer el último sacrificio personal por su pueblo, con la ayuda inestimable del amigo americano. El Izetbegović retratado parece más una síntesis de aquel casi adolescente que durante la Segunda Guerra Mundial militó en la polémica organización colaboracionsita Jóvenes Musulmanes,  y que, ya en abril 1992, condujo a su pueblo a la guerra después de retirarse de un pacto logrado con serbios y croatas para la cantonalización de la república. Desde el fracaso de los planes de paz de Vance-Owen y Stoltenberg-Owen, en la primavera y verano de 1993, Izetbegović buscó la manera de implicar a los estadounidenses en la guerra de una forma más directa. Según podemos constatar en el documental de Ole Flyum, en julio de ese año comunicó a los defensores de Srebrenica, que Bill Clinton le había prometido la intervención si la ciudad caía y los serbios asesinaban a 5.000 personas. Anter la ofendida incredulidad de sus interlocutores, el presidente bosnio ofreció a sus interlocutores el intercambio de Srebrenica por localidades  en el extrarradio de Sarajevo, para dar un respiro a la capital.

Muhamed Filipović, embajador de Bosnia en Londres entre 1994 y 1996, afirma, para el documental, que ya en 1995, con la intervención militar estadounidense en marcha, Izetbegović llegó a un acuerdo con los serbios para que estos tomaran Srebrenica sin resistencia. Cuando esto finalmente estaba por ocurrir, a principios de julio, el Estado Mayor de la 28ª división de la Armija (que se refugiaba en la “safe area” supuestamente desmilitarizada  de Srebrenica) fue evacuado en el helicóptero personal del presidente bosnio. Los más de cinco mil soldados de la 28ª división iniciaron entonces una marcha a pie hacia Tuzla, interceptada por los serbios en los días siguientes al 11 de julio. Los aspectos estratégicos del conflicto, que para Izetbegović pasaban por la entrega de Srebrenica, impidieron que los defensores de la ciudad utilizaran sus armas para defender sus casas y sus familias. En realidad, fueron masacrados por eso mismo, dado que fue en la escapada hacia Tuzla, situada a 55 kilómetros de colinas y montañass boscosas, donde los restos de la maltrecha disivión fueron masacrados, junto con sus familias.

Sobre el papel de Estados Unidos, el documental incorpora el testimonio del jefe de los analistas para Bosnia de la Agencia de Seguridad Nacional, que vincula la reacción de los serbios con el rearme de la 28ª división por vía aérea, gracias al apoyo logistico estadounidense. Por lo tanto, el“área segura” no era tal; pero no exactamente porque los 400 soldados de las fuerzas holandesas de la ONU no fueran capaces de protegerla, sino porque los más de 5.000 soldados de la 28ª División de Montaña de la Armija Republike Bosne i Hercegovine, que debía defenderla contra las fuerzas serbias del Cuerpo de Ejercito del Drina, no hicieron apenas un amago.

Otro punto fuerte de “A Town Betrayed” tiene que ver con el retrato que hace del brigadier Naser Orić, comandante de la 28ª División. Implicado en crímenes de guerra por los ataques contra los pueblos serbios en los alrededores de la ciudad y en el acaparamiento y distribución fraudulenta de la ayuda humanitaria,  aceptó abandonar a sus hombres por las convenciencias políticas del gobierno de Sarajevo. El enjuiciamiento de Naser Orić en 2004-2005 reveló por sí mismo los fundamentos políticos de la justicia impartida por el Tribunal Penal Internacional para Yugoslavia. Resultó inicialmente condenado a dos años de prisión por denegación de auxilio en el asesinato y maltrato de detenidos serbios; pero fue absuelto de la implicación directa en tales crímenes o en la destrucción innecesaria de inmuebles y propiedades. La apelación a revisión del juicio hecha por la fiscal Carla del Ponte en 2006, se dirimió en la absolución definitiva de todos los cargos, dos años más tarde. Orić fue convertido en un héroe por los nacionalistas bosniacos, de la misma forma que el general Mladić lo fue en Serbia y el general Gotovina en Croacia, pasando por encima de sus actos y culpabilidades. En octubre de 2008 fue detenido por la misma policía bosnia en base a acusaciones de crimen organizado, extorsión y posesión ilegal de armas y municiones.

Ocultar estos hechos solo sirve para hacer el juego a quienes sí instrumentalizaron la masacre con fines políticos. Como cuando la entonces embajadora Madeleine Albright desveló los sucesos en Naciones Unidas en agosto de 1995, en el momento en que Consejo de Seguridad se disponía a condenar la, esta sí, limpieza étnica más brutal en Europa tras la Segunda Guerra Mundial, cuando las fuerzas croatas expulsaron a más de 150.000 serbios de sus casas en menos de 48 horas, en su ofensiva por la Krajina (Operación Tormanta).  Ocultar, también, que en junio de 1995 los estadounidenses daban por perdida Srebrenica y que convenía más que fuera parte de un cambalache, a sabiéndas de que el resultado iba a ser catastrófico, sólo sirve para salvar la cara de sus aliados musulmanes y croatas, y para apuntar únicamente a una de las partes como responsable única de todos los males del conflicto. Los asesinados en Srebrenica han sido, todos estos años, un objeto más de la propaganda de guerra.

Carlos González Villa

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