Janša 2.0 o Eslovenia ante el espejo europeo

El nuevo primer ministro esloveno, Janez Janša, centro de una caricatura con motivo de las maniobras para formar el nuevo gobierno de coalición. Janša se ha convertido en el incansable Maquiavelo de la pequeña república ex yugoslava, desde hace ya un cuarto de siglo

Eslovenia ya tiene nuevo gobierno. El nuevo primer ministro es el conservador Janez Janša y no Zoran Janković, tal y como se presuponía tras las elecciones del cuatro de diciembre. La pasada semana el Partido Democrático de Eslovenia de Janša logró conformar un pentapartito tras dos meses en los que se sucedieron, entre otras cosas, los vaivenes de Gregor Virant y, como ya es costumbre en la política de la pequeña república, un tira y afloja entre el presidente Danilo Türk y el eterno líder de la derecha eslovena que tenía más que ver con ajustes de viejas cuentas que con la situación del país. Las disputas personales y la ambición desmedida de algunos de los interlocutores en la conformación del gobierno han dejado perpleja a la opinión pública eslovena, cuya estima por los políticos del país ha bajado varios enteros.

En la Europa de la tecnocracia un Estado puede operar sin gobierno incluso más de dos meses (Bélgica lo hizo durante dieciocho). En Eslovenia, a pesar de la parálisis y las continuas crisis, no ha sido necesaria la imposición de un gobierno de unidad nacional liderado por un tecnócrata, al estilo del de Mario Monti en Italia o el de Lucas Papademos en Grecia. Es cierto que el presidente Türk intentó proponer al banquero Marko Voljč como candidato, pero no llegó a presentar la propuesta ante el más que posible rechazo del parlamento. Sin embargo, lo interesante en el caso esloveno es que los consensos de la independencia, lograda en 1991, han sido hasta el momento lo suficientemente sólidos como para que el país siguiera adelante sin cambiar sustancialmente sus objetivos estratégicos. Y todo a pesar de que en los últimos veinte años la cámara ha tenido que encargar hasta en ocho ocasiones la conformación de gobierno. Todos ellos, por cierto, compuestos por complejas coaliciones.

Dichos consensos vincularon la razón de ser del propio Estado a la integración en la Unión Europea y la OTAN, que se acabaría sellando en 2004. Los escándalos, la corrupción, la volatilidad política y las broncas en torno al pasado más reciente no fueron obstáculo para que hasta ese año se siguieran a rajatabla las directrices marcadas desde Bruselas. Desde el momento de la integración, el objetivo consistió en ser un Estado modélico dentro de las organizaciones a las que pertenecía. En la UE fue el primer país de la ampliación en ostentar la presidencia del Consejo, el primero de ellos en asumir el Euro y, por si eso fuera poco, se propusieron jugar un papel destacado en el proceso de ampliación hacia los denominados “Balcanes occidentales”. En la OTAN han colaborado con soldados y equipamiento en las misiones en Kosovo y Afganistán. Muestra de la importancia que tenía la incorporación a la Alianza Atlántica es que tras la independencia las fuerzas armadas eslovenas fueron transformadas en su integridad en una fuerza de movilidad para atender a los requerimientos de las nuevas misiones.

Sin embargo, la Unión Europea de hoy no es el atractivo club que firmó el Tratado de Maastricht a principios de 1992. Tampoco cuenta con el ímpetu que demostraba en 2004. Al contrario, como organización se ha quedado paralizada ante la falta de herramientas propias para superar la crisis económica y, como proyecto político, está estancada. No sabemos con certeza en que etapa de la construcción Europea estamos a día de hoy, pero con respecto a Eslovenia queda claro que la falta de orientación del proyecto común ha encontrado un vivo retrato en la sensación de zozobra que reina en las instituciones eslovenas.

La principal inquietud que emerge en este punto resulta de que, hasta ahora, la estabilidad y perspectivas del proyecto europeo amortiguaban los efectos negativos de la volatilidad política eslovena. En su ausencia, las élites políticas eslovenas no han sabido reaccionar y, en adelante, tendrán que saber cuestionarse acerca de la naturaleza de su Estado, pues de un diagnóstico serio depende un futuro más despejado. En el caso esloveno, el diagnóstico de la actual situación debe estar relacionado con sus vínculos exteriores fundamentales. Esto debe incluir un análisis sobre el conveniencia de haber contribuido al despiece de la federación yugoslava y otro, paralelo, sobre la oportunidad de haber vinculado su trayectoria a la del proyecto europeo de Maastricht. En aquel momento ya se observaba el peso que tendrían las decisiones de los socios principales – en especial Alemania – sobre una metodología más democrática que diera preponderancia a los ciudadanos europeos y, por lo tanto, beneficiara al conjunto de la Unión.

La crisis del proyecto europeo es, en buena medida, la constatación de una premisa que ya se intuía en los lustros anteriores: la de que los intereses de todos los Estados europeos no son los de Alemania. En estas circunstancias, las alternativas para Eslovenia son tan variadas como diversas son las posibles salidas a la crisis europea. El país no cuenta con la capacidad de asumir un rumbo propio pero sí con la de reorganizar su liderazgo político para responder adecuadamente a los dilemas que tendrá que enfrentar en el futuro. La flexibilidad que las élites y el pueblo esloveno demostraron a lo largo del siglo XX pueden ser, en este sentido, un activo. Para ello, las primeras deberán depurar a las figuras que protagonizaron su pasado más reciente (como el propio Janša). La sociedad, a su vez, tendrá terminar de asumir sus propias contradicciones culturales y de memoria colectiva.

Irán y Asia Central: la estrategia del diálogo

El autor del artículo, Alexander Kniazev, hace un gesto característico durante una conferencia. Kniazev es catedrático, coordinador de programas del Instituto de Estudios Orientales de la Academia de Ciencias de Rusia. 

Artículo traducido del ruso para eurasianhub.com por Pablo Martín

Irán y Asia central: la estrategia del diálogo

En el año 1996, el politólogo americano Zbignew Brzezinski  resucitó de nuevo el fantasma de que uno de los principales objetivos de la política exterior iraní hacia el Asia Central postsoviética es la exportación de la revolución islámica. Opiniones similares ya se han convertido en estereotipos permanentes tanto en los discursos de expertos como en la opinión pública. De cualquier manera, si se analiza la actuación de Irán en Asia Central hasta la fecha, es muy difícil ver señales de una actividad religiosa militante.

La historia postsoviética de los países del Asia Central incluye numerosos ejemplos de influencia religiosa por parte de un numeroso elenco de países: Turquía, Pakistán, Afganistán, Arabia Saudí, Kuwait….pero nada puede hacer Irán con su rama chií del Islam, en una región mayoritariamente suní que rechaza radicalmente esta doctrina. Más aún, no existe el más mínimo indicio, ni siquiera indirecto, de que esa actividad, ni siquiera en grado tentativo, haya tenido lugar. Toda la actividad iraní se concentra en dos ámbitos: el cultural y el económico, fundamentalmente el posicionamiento táctico de la diplomacia iraní en los países del Asia Central tras la descomposición de la Unión Soviética está dirigido a garantizar una presencia permanente en todos los ámbitos de la sociedad, sirviendo como palanca para superar el aislamiento de la política y economía exteriores de Irán. El análisis de las relaciones bilaterales de la República Islámica con los gobiernos centroasiáticos es la prueba más evidente de esta actitud.

Kazajstán.

La cooperación de Irán y Kazajstán restringe parcialmente las aspiraciones del segundo de activar un vector euroatlántico en su política exterior. Más aún, la capacidad de Kazajstán para desarrollar su política y economía exteriores en su frontera Sur es rehén de la complicada relación entre Irán y los EE.UU.

En esta dinámica, la colaboración económica y los intentos para institucionalizarla se han convertido en instrumentos de confrontación. Kazajstán exporta anualmente 1 millón de toneladas de crudo a través de Irán mediante del conducto SWAP (Oleoducto del Suroeste Asiático). Se están llevando a  cabo el proyecto de construcción del oleoducto Kazajstán, Turkmenistán – Irán y de un enlace ferroviario siguiendo este mismo eje (Zhanaözen – Qizilqaya – Bereket – Etrek – Gorgan). Además, en el ámbito político iraní existe una aguda percepción de la posición de Kazajstán en el equilibrio de fuerzas regional. Irán es receptivo a los intentos de Astaná de ocupar su puesto de liderazgo  regional y está dispuesto a apoyarlos dado que considera beneficia a sus intereses propios. Así, por ejemplo, Irán se afana en incrementar la cooperación en un marco multilateral como la Organización de Shanghai, a la cual se ha adherido como país observador y que le permite cooperar con otras asociaciones multilaterales del antigua ámbito soviético (OASC: Organización del Acuerdo de Seguridad Colectiva, EuroAsCE: Comunidad Económica Euroasiática) contando con el apoyo de Kazajstán.

Turkmenistán.

La principal característica de la relación entre Irán y Turkmenistán se podría definir por la inevitable atracción causada por la mutua carencia de alternativas en sus relaciones exteriores.

El aislamiento al que Irán ha sido condenado por occidente, junto con el aislamiento autoimpuesto por el gobierno de Turkmenistán, condenan esta vecindad a una activa relación bilateral. En el campo de la economía existe importantes intercambios comerciales entre las repúblicas. Ya tras la descomposición de la URSS, se crearon entre ambas enlaces ferroviarios. Existe un trasvase de gas desde Turkmenistán hacia el norte de Irán; a Irán le es más cómodo recibir gas turkmeno que extender su red de gasoductos, hacia el norte del país, desde sus propios depósitos de hidrocarburos.

Su status de neutralidad le permite a Turkmenistán maniobrar exitosamente entre las distintas potencias mundiales; por otra parte, a un Irán acosado, la neutralidad turkmena le libera una de sus fronteras permitiéndole concentrarse en las restantes.

Kirguistán.

En lo referente a Kirguistán, existe un único factor de discordia en las relaciones bilaterales: la existencia en este país de una base militar americana. Desde el año 2006, en el contexto de la amenaza americana de iniciar operaciones bélicas contra Irán, han sido hechas declaraciones acerca de la posibilidad de empleo de la base aérea de Manas, ubicada en las proximidades del aeropuerto de Bishkek, para llevar a cabo ataques aéreos sobre territorio iraní. La citada hipótesis ha obtenido tan amplia difusión e impacto que el comité parlamentario para la seguridad y defensa de Kirguistán tomo la decisión de elevar a la consideración del parlamento la denuncia del acuerdo con los EEUU para la permanencia en la ciada base aérea en territorio kirguiz; además, el entonces premier kirguís Almazbek Atambaev realizó una declaración extraordinaria de que en ninguna circunstancia se permitiría el uso de la base aérea americana, ubicada en territorio de la república, para llevar a cabo acciones militares contra Irán. La cooperación política entre la República de Kirguistán y la República Islámica de Irán se basa principalmente en el marco de la pertenencia común a múltiples organismos internacionales. En lo que respecta a la presencia cultural y económica de la república islámica en este país, esta es inferior a la de rusos, chinos o turcos; Irán tampoco se encuentra entre los diez primeros actores del comercio exterior kirguís. Por supuesto, al igual que en otros países de la región, allí existe un centro cultural iraní aunque su actividad parece limitada a la diáspora tayika residente en territorio kirguís. En definitiva se trata de una relación carente de conflictos pero escasa de perspectivas.

Tayikistán.

 El mejor nivel de la relaciones entre Irán y Tayikistán, inexistente con otros gobiernos de la región, es debido a la proximidad cultural entre tayikos e iraníes. Algunos círculos de las élites iraníes incluso perciben Tayikistán como parte de un “Gran Irán” en el marco de un concepto de “Unión Aria”, que implicaría la integración de los países persáfonos  en un eje Teherán – Kabul – Dushambé.

Irán y Rusia fueron los principales actores en la finalización del conflicto civil tayiko; en la medida en que el gobierno iraní supo ejercer presión sobre la Oposición Unificada Tayika, y Moscú tomó las mismas medidas acerca de los representantes del Frente Nacional. La República Islámica y la Federación Rusa obligaron a ambos bandos del conflicto tayiko a sentarse a la mesa de negociaciones. Precisamente, en esta época, la dirección política de la R.I.I. estableció los límites de su penetración en Tayikistán: tras la descomposición de la URSS la influencia rusa en Dushambé era muy fuerte en la mayoría de los ámbitos; así se aprovecha la coyuntura para alcanzar un consenso entre la R.I.I. y la R.F.R. para delimitar sus respectivas esferas de influencia en Tayikistán. De cualquier manera, para Irán, convertirse en un socio prioritario de Tayikistán dadas las condiciones actuales de sus economía y las lamentables circunstancias de la tayika, seguramente no le venga a cuenta.

 Uzbekistán.

Más complicados son los asuntos con Uzbekistán. La relación entre ambos países a lo largo de su coexistencia común ha tenido un carácter moderadamente bienintencionado, aunque no haya existido una tendencia a mejorar o incluso se haya alterado de forma generalizada la calidad de la relación.

Para muchos, esta circunspección es resultado de la política exterior proamericana de Tashkent. También ha tenido importancia la manifiesta islamofobia de los dirigentes uzbekos. A finales de los años 90 Irán colaboró activamente con el Movimiento Islámico de Uzbekistán; existió incluso una época en la que en la provincia iraní de Jorrasán hubo, y sigue habiendo según algunas fuentes, campamentos para familiares de activistas del MIU. Aunque en ellos no vivan militantes, sino los familiares que se vieron obligados a abandonar Uzbekistán, el hecho genera irritación en Tashkent. No obstante, hay que tener en cuenta que el apoyo iraní al MIU no tiene ninguna relación con una presunta “exportación de la revolución islámica”, sino que debe enmarcarse en los intentos de Irán de apartar al MIU de la influencia de Arabia Saudita y de otros círculos religiosos radicales.

Es obligado tener en cuenta que en la relación global de Irán con los países de la región, más de la mitad de los esfuerzos e iniciativas han ido dirigidas a Uzbekistán; no obstante esta actividad no ha tenido un impacto real ni en el terreno de la cooperación económica ni en el de la política, aunque una relación económico-comercial entre ambos países podría dar lugar a un desarrollo de la infraestructura de transporte (como la autovía Tashkent – Mashad a través de territorio afgano) que tanto Irán como Uzbekistán valoran muy positivamente como de interés para toda la región. Incluso China apoya activamente este proyecto en el nivel diplomático, dado que este aseguraría el tránsito entre China e Irán, e incluso hasta los países de Oriente Próximo. En cualquier caso, la desolada situación de Afganistán constituye un freno a este proyecto.

La conclusión resultante es que, del diálogo con los gobiernos centroasiáticos, Irán obtiene bazas económicas significativas. En el marco de su expansión de la cooperación con los países de la región se refuerzan los vínculos de las comunicaciones terrestres y flujos comerciales de la región con los puertos iraníes en el Golfo Pérsico.

En lo referente al Caspio, este tiene importancia en su política exterior, tanto por su papel clave en sus comunicaciones internacionales como por constituir una base avanzada para extender su influencia en el Cáucaso Sur y Asia Central. Durante un determinado tiempo Irán contempló el proceso negociador sobre el estatuto legal del Caspio como una herramienta política para la contención de la expansión económica por parte de compañías petroleras que pretendían penetrar en la cuenca del Caspio. Aunque los recursos de hidrocarburos propios (de los principales del mundo) residan en el Golfo Pérsico esto no cambia el carácter beneficioso que reporta a Irán el actual estatuto del Caspio. Para Irán es fundamental la exclusión de la presencia militar de EE.UU. y la OTAN de la cuenca del Caspio: enfrentarse a la intervención de actores externos en los asuntos internos de esta región; esto representa la estrategia principal de la política exterior de la R.I.I  en Transcaucasia y Asia Central, significativamente reforzada en la segunda mitad del primer decenio del actual siglo. Irán postula que cualquier decisión o actividad propuestas por actores externos a la región inevitablemente traerán consecuencias negativas y, particularmente, provocarán daño en la cooperación regional, rompiendo la confianza mutua, creando problemas suplementarios a los pueblos de la región.

En resumen, existe  una capacidad de acuerdo y coincidencia de intereses entre Irán, Rusia y China con Asia Central que favorece una política de bajo riesgo iraní en la región; más aún,  la estrategia iraní hacia los principales problemas de la región casa con los intereses estratégicos rusos en Asia Central, siendo esto un excelente requisito para la actividad cooperativa.

Alexander Kniazev, catedrático, coordinador de programas del instituto de estudios orientales de la Academia de Ciencias Rusa.

Artículo encargado especialmente por www.Iran.ru

La India y el petróleo iraní

Escena de tráfico habitual en Mumbai. La fotografía, de Danish Siddiqui (Reuters), acompaña al reportaje original de  The New York Times que publicamos aquí, traducido por el historiador Javier Romero. Este artículo nos fue especialmente recomendado por los corresponsales en Nueva Delhi e Islamabad, Diego Agúndez y Agus Morales, respectivamente

India defiende compras de petróleo a Irán

Jim Yardley, para New York Times

Nueva Delhi, 11 de febrero, 2012

Ranjan Mathai, ministro de exteriores indio, estuvo de visita en Washington la semana pasada. Mathai describió la relación entrela India y los Estados Unidos en términos de creciente fluidez, profundidad y sinceridad, pero no de perfecta armonía. En este último punto, pudiera ser que se refiriera a los recientes roces entre los dos países con respecto a Irán.

La decisión india de seguir comprando crudo iraní, pese a las sanciones y a la creciente presión política de los Estados Unidos y de Europa, ha sido causa de frustración entre los responsables de Washington, justo en un momento en el que el progreso de la relación entre Estados Unidos e India se ha ralentizado como consecuencia de diferencias en torno a cuestiones tales como cooperación nuclear civil, proteccionismo comercial y ventas de armamento.

La situación se exacerbó la semana pasada al llegar noticias de quela India se había convertido en el principal comprador de petróleo iraní; además, un funcionario indio anunció planes para el envío de una delegación comercial a Teherán. En Nueva Delhi, diplomáticos y analistas afirman que la compra de crudo iraní es una cuestión de necesidad económica para la India, dada su dependencia de las importaciones de petróleo. Otros comentan que esas compras también supondrían avances diplomáticos en una región que ya se prepara para la retirada de las tropas americanas de Afganistán en 2014, o posiblemente antes.

Ciertamente, muchos responsables indios, incluso aquellos partidarios de una asociación más estrecha con los Estados Unidos, aconsejan cautela antes de convertir asuntos como el de Irán en una prueba de fuego diplomática, sobre todo considerando las complejidades de una región en la cual la India representa un bastión de estabilidad, democracia y oportunidades económicas, si se la compara con Pakistán, Afganistán y otros países.

“Esto no puede poner en cuestión nuestra amistad”, dice Lalit Mansingh, antiguo embajador de la India en los Estados Unidos. “Washington debe comprender que formamos parte de un vecindario en el que Irán es un factor”.

La principal y más inmediata preocupación de la India es alimentar su economía, que durante el último año se ha ralentizado.La India compra aproximadamente el 12 por ciento de su petróleo a Irán, y muchas refinerías indias han sido construidas para procesar exclusivamente crudo iraní; esto quiere decir que no pueden ser modificadas para refinar petróleo procedente de otros países.

“Cambiar no es algo que pueda hacerse fácilmente”, dijo un alto cargo indio, quien sólo aceptó hablar anónimamente, dado lo delicado de la situación. El responsable indio añadió, “¿Dónde conseguiríamos esa capacidad de refinamiento? ¿Quiénes serían nuestros nuevos proveedores?

Aún así,la India lleva varios años intentando reducir su dependencia del crudo iraní, en parte a causa de las nuevas sanciones de la administración Obama que penalizan a cualquier banco que haga negocios con Irán. Para saltarse dichas sanciones, las compañías petrolíferas indias han hecho pagos a Irán por medio de un banco en Turquía, a salvo de las restricciones americanas.

Por otro lado, los responsables indios se preparan para la posibilidad de que la vía turca se cierre pronto. El alto cargo indio confirmó la validez de informaciones recientes que afirman que India e Irán han cerrado un acuerdo según el cual las compañías indias pagarían el 45 por ciento de sus importaciones en rupias indias –evitando así tener que pagar en dólares- y realizar el resto del pago por medio de intercambios.

El mes pasado, Mark Warner, senador demócrata por Virginia y jefe del India Caucus del Congreso, se reunió con varios ministros del gobierno en Nueva Delhi. “La cuestión salió a relucir”, dijo el Sr. Warner en una entrevista concedida el mes pasado, refiriéndose a Irán. “Los indios comentaron que les preocupaba que las sanciones les causasen un impacto económico inmediato. Estábamos de acuerdo en que este instrumento, las sanciones, son muy burdas, pero el status quo actual en Irán no es satisfactorio”.

Al igual que los Estados Unidos,la India está alarmada por la posibilidad de que Irán desarrolle armas nucleares, requiriendo a este país que cumpla con sus obligaciones de estado desnuclearizado en cumplimiento de las premisas del tratado de no proliferación de armas nucleares. No obstante, los diplomáticos indios también están preocupados por el impacto económico que tendría una mayor inestabilidad en Irán y en la región del Golfo Pérsico. Afirman que más de seis millones de indios trabajan en el Golfo, enviando a casa remesas de dinero por un valor aproximado de 40.000 millones de dólares.

Irán es también un factor en el incierto final de partida en Afganistán. K. C. Singh, antiguo embajador indio en Teherán, afirma que India e Irán cooperaron en apoyo de la alianza del norte anti talibana antes de la caída de los talibanes en 2001. Pero dicha relación se enfrió una vez que las tropas americanas se establecieron en Afganistán e India y los Estados Unidos estrecharon sus vínculos. Ahora, no obstante, el Sr. Singh afirma que India estaba “deseosa de recobrar” su relación con Irán como forma de prevenirse ante un futuro incierto en Afganistán.

“Están intentando recobrarla ahora, debido a que andan seriamente preocupados por lo que podría ocurrir después de 2014, o antes,” dice el Sr. Singh.

Aún así, los actuales dirigentes de la India continúan estando comprometidos con la idea de seguir estrechando lazos con los Estados Unidos. En un discurso leído el lunes en Washington, el Sr. Mathai comentó el gran potencial de la asociación entre las dos naciones, aunque también señaló la complejidad que ello implica.

“Dadas nuestras diferentes circunstancias, historia, situación y niveles de desarrollo, algunas veces tendremos diferentes políticas y puntos de vista”, dijo, según la siguiente transcripción de su discurso.

Grecia: castigo sin redención. Seleccionados, 14.02.2012

Atenas, febrero de 2012: unos manifestantes intentan cegar a la policía antidisburbios con rayos láser. Fuente: colección de fotos de las protestas en The Atlantic

El asesinato de Grecia

Traducción: Javier Romero, historiador

Por Delusional Economics, quien, horrorizado ante el nivel de los comentaristas económicos de Australia, está decidido a contrarrestar el flujo diario de propaganda interesada y dar un contrapunto equilibrado. Extraído de MacroBusiness.

Como ya sabrán probablemente, el parlamento griego, si es que todavía se le puede llamar así, ha aprobado la ley de austeridad. De la noche a la mañana, Atenas ha estallado en protestas: un número estimado de 80.000 personas han tomado las calles y cerca de 30 edificios han sido incendiados.

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Siria: para entender la guerra civil (y 2)

El Batallón Ali Ibn Abu Talib del Ejército Libre de Sira se adjudicó la destrucción de un carro T-72 de las fuerzas gubernamentales en As Rastan, Homs, el pasado 30 de enero. Aunque es una imagen muy conocida, no es la única que muestra la destrucción de un carro de combate o medio blindado del Ejército sirio en Homs. La Brigada del Martir Abdel Rahman Al-Ashtar se atribuyó nada menos que nueve carros de combate ese mismo día 30 de enero en el barrio de Rastan.

El artículo que sigue a continuación es la ampliación de una pieza originalmente publicada en “El Periódico de Catalunya” el pasado 8 de febrero

Intervencionismo de ida y vuelta sin pisar el terreno

Un artículo en el New York Times lo definió en octubre como la “New Approach to War,  eufemismo que encubre la nueva forma de intervencionismo en la era Obama, consistente en cero tropas americanas sobre el terreno, uso intensivo de la fuerza aérea –incluyendo aviones no tripulados- y recurso a “proxies” o aliados interpuestos. El objetivo, como dijo un general americano es intervenir sin pagar por los inevitables estropicios. Una vez concluida la intervención, no quedan vínculos con el bando al que se ha prestado colaboración. No se asumen responsabilidades por sus excesos, no hay necesidad de imponer planes de reconstrucción política ni económica.

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