La somalización de Libia

aliZeidanKidnap_2697881b (1) El primer ministro libio durante las horas que pasó en cautividad, en lugar desconocido, y rodeado por sus captores: una milicia adscrita al Ministerio del interior. Libia avanza hacia el desastre. Últimas noticias: estalla un coche bomba ante el consulado sueco en Bengasi, mientras el TPI cede y permite que Libia juzgue al ex jefe del servicio de inteligencia de Gadafi. El creciente descontrol en Libia o la guerra de Siria son corresponsables de catástrofes humanitarias como las vividas estos días en Lampedusa. 

¿Es Libia un nuevo Estado fallido?

El arresto/secuestro del primer ministro demuestra el peso específico que mantienen las milicias armadas que operan en el país

Eduardo S. Molano, ABC, 10.10.2013

El arresto/secuestro del primer ministro libio, Ali Zeidan, este jueves por un grupo de antiguos rebeldes vuelve a abrir la caja de Pandora del país norteafricano.

«Su detención se ha producido después de que (el secretario de Estado de EE.UU.) John Kerry asegurara que el Gobierno libio estaba al corriente de la captura de Abu Anas al-Liby (cabecilla de los atentados en las embajadas estadounidenses de Kenia y Tanzania en 1998)», reconoció el grupo sedicioso –conocido como Centro de Operaciones de los Revolucionarios Libios- en un comunicado.

Ya el pasado agosto, el ministro del Interior, Mohammed al-Sheikh, dimitía de su cargo tras denunciar al primer ministro Zeidan por haber frustrado sus esfuerzos para reconstruir un Ejército y un cuerpo de Policía en condiciones. De igual modo, acusaba al Gobierno –ampliamente dominado por los Hermanos Musulmanes libios- de haber sido demasiado débil y dependiente del apoyo tribal (en este sentido resulta clave el actual conflicto entre las tribus de Zawiya y los Wirrshifana, en las cercanías de la capital, Trípoli).

Y armas para alimentar disturbios no parecen faltar. En diciembre, miembros de la Administración Obama habían mostrado su alarma sobre el actual paradero del armamento proporcionado a los rebeldes por países como Qatar durante el levantamiento contra Muamar Gadafi. ¿El principal temor? Que éstas hubieran caído en manos de yihadistas locales.

No era una simple teoría. Después de la muerte del dictador en octubre de 2011, muchos milicianos -de repente considerados como héroes de guerra y libertadores- se negaron a deponer sus armas. Y, desde entonces, la dificultad del Gobierno para controlar estas milicias –radicales o no- parece evidente.

Éste es el caso de las brigadas «Escudo de Libia», que en junio provocaban la muerte de al menos 31 personas durante una protesta que pedía, precisamente, su disolución.

«El Ejército y la Policía no tiene una relación con la gente. Nosotros somos la gente», se vanagloriaba entonces Ben Hamid, líder de la brigada.

Petróleo resentido

La influencia del conflicto, eso sí, fue directa en los bolsillos de la población.

Ese mismo mes, la producción de crudo (principal fuente de ingresos de Libia) vivió una vertiginosa caída ante las protestas protagonizadas en los puertos del país y que bloqueó su exportación como método de presión por parte de los grupos armados. Entonces, la producción cayó en casi un 70%, llegando a los apenas 330.000 barriles y con serio peligro de poder abastecer de forma completa las plantas eléctricas.

«Libia no es un Estado fallido. El Estado de Libia simplemente no existe todavía. Estamos intentando crear uno y no nos avergonzamos de ello», reconocía en una reciente entrevista el primer ministro libio, Ali Zeidan.

Ahora, quizá tenga otra opinión.

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