Hacer negocios en Kazajistán

Rajoy_Kazajistán

El presidente de gobierno español, Mariano Rajoy, llega a Astaná, domingo 29 de septiembre

Eurasian Hub, 30 de septiembre, 2013

La guía de Kazajistán de Paul Brummell, es un libro recomendable por varias razones, en especial por el grado de calidad  general de la obra. Además, cabe destacar que es prácticamente la única publicada en Occidente consagrada íntegramente a ese enorme país  de 2 717 300 km². Y además, posee un apartado dedicado a los negocios en Kazajistán. No es que sea muy extenso -apenas dos páginas- pero vale la pena tenerla en cuenta aunque sólo sea por el hecho de que su autor fue el embajador británico en esa república entre 2005 y 2009.

En estos días en que el primer ministro español, Mariano Rajoy, visita Astaná a fin de apoyar a las empresas españolas, como rezan los titulares de prensa, vale la pena echar un vistazo a las recomendaciones del embajador Brummel:

“Hacer negocios en Kazajistán requiere de un estudio cuidadoso. La estructura de las compañías, las relaciones comerciales, las calificaciones profesionales y el valor concedido a los contratos pueden no ser comparables con lo que uno se encuentra en Occidente, lo cual requerirá emplear tiempo identificando dónde influirán en su modelo de negocio o en la elección de socios y  personal, factores tales como los vínculos de clan, familiares y políticos. Si usted está pensando en establecer un negocio, necesitará encontrar una “cobertura” –un patrocinador astuto, bien conectado política y comercialmente, al cual le pagará una comisión por participar en su proyecto comercial y proteger sus intereses comerciales en el país”.

Hay otras sugerencias, por supuesto; alguna un poco obsoleta dados los cinco años transcurridos desde la publicación de la guía. Pero la mayoría siguen plenamente vigentes. Sobre todo, las que se basan en la experiencia: “Los restos de negocios occidentales están esparcidos por el paisaje comercial de Kazajistán; en su día identificaron el potencial del país, pero fracasaron al no tener en cuenta las realidades locales” -concluye Brummell.

En efecto, hacer negocios en Kazajistán es complicado. A simple vista, un país enorme, con un tamaño que viene a ser dos tercios de la India, habitado por sólo 17 millones de habitantes, puede parecer tierra de promisión. Pero ese territorio está sembrado de minas. Por ejemplo, en estos momentos la situación política puede parecer estable, y seguramente lo es. Sin embargo, nadie sabe cómo estarán las cosas a medio plazo, ni siquiera en el mismo país. Lo cual es un problema evidente a la hora de planificar inversiones y negocios, puesto que ningún estamento oficial aclara ese extremo y, en realidad, parece que  los mismos kazajos no tienen mucho interés en interrogarse sobre el asunto.

Por otra parte, la competencia internacional es feroz. Y no se trata sólo de competidores conocidos que se mueven con las reglas habituales en el mundo de los negocios occidentales. En el tablero kazajo juegan compañías respaldadas a veces por sus respectivos gobiernos, que por estos pagos no se suelen tomar en consideración o se subestiman. Víctimas de prejuicios ya algo anticuados hay empresarios que no han oído hablar de compañías coreanas, indias, indonesias, vietnamitas (¿vietnamitas?) y de otros países asiáticos, muy capaces de manejarse con eficacia en el inextricable laberinto legal kazajo. Aunque los pesos pesados en la zona son, evidentemente, los chinos, expertos a la hora de forzar exenciones y ventajas de todo tipo a favor de sus negocios; y, con mala suerte, de apear a la competencia.

Parafraseando al poeta William Buttler Yeats, Kazajistán no es un país para viejos; dicho esto como objeción a los antiguos hábitos y perspectivas tradicionales. Conquistar aquel territorio de negocios requerirá de un esfuerzo basado en estrategias novedosas pensadas a largo plazo a partir de la labor de muchos y buenos conocedores del país, y de cosecha propia. Más audacia, y más esfuerzo sostenido. Lo cual implica la labor del gobierno, desde luego –como hacen todos los gobiernos del mundo- pero también a las empresas españolas, que van a necesitar de más iniciativa propia.

Caso contrario, las vulnerabilidades diplomáticas del gobierno, por ejemplo, pueden ser susceptibles de afectar la expansión empresarial; y a la inversa, maniobras desafortunadas o torpes de la iniciativa privada dejan descolocado al ejecutivo. Ambos efectos los hemos sufrido ya en Asia Central, en momentos diferentes. Lo cual es lógico, puesto que allí, en ese terreno de negocios, los países democráticos de Europa occidental deben lograr un muy delicado equilibrio con regímenes y sociedades que aún viven inmersas en complejas transiciones las cuales sólo tienen a sus espaldas poco más de veinte años; y que, a día de hoy, no sabemos exactamente hacia dónde van.

Anuncios