EU no quiere más guerras, asegura Obama en el aniversario de 11-S

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Memorial 9/11 Empty Sky en el Liberty State Park, Jersey City, New Jersey. Photografía: Gary Hershorn/Reuters, publicada en The Guardian. El siempre emocionado aniversario del 11 de septiembre en los Estados Unidos ha estado marcado este año por el muy delicado momento que supone la decisión del presidente Obama sobre si inmiscuirse en la guerra civil Siria. Y por el recuerdo del ataque que sufrieron las legaciones diplomáticas americanas el pasado 11-S en Bengasi y El Cairo. El aprovechamiento de la parafernalia intervencionista que acompañó el final de la Guerra Fría -“revoluciones blancas”, “trigger massacres”, intervenciones por encargo, inducción estratégica- podría estar agotándose.

EU no quiere más guerras, asegura Obama en el aniversario de 11-S

A diferencia de hace 12 años, cuando atacó a Afganistán por el 11/S, EU se toma con calma una incursión en Siria

EFE / Excelsior, Washington, 11 de septiembre, 2013

Han pasado 12 años desde que los atentados del 11/S cambiaran a Estados Unidos y una muestra de ello es cómo la administración del presidente Barack Obama, “cansada de la guerra”, está afrontando la posibilidad de un ataque en Siria.

Según indicó Obama en una entrevista con CNN, Estados Unidos es ahora más seguro que antes del fatídico día de los ataques de Al-Qaeda sobre Nueva York, Washington y Pennsylvania, y aunque aún existen amenazas, abogó por “no actuar precipitadamente”, una de las lecciones de una década de conflictos.

El 20 de septiembre de 2001, aún con Washington y Nueva York humeantes y en estado de shock, los talibán en Afganistán intentaron evitar en un último momento el inicio de los bombardeos estadunidenses sobre su territorio pidiendo a Osama bin Laden que abandonara el país, donde se refugiaba.

90 por ciento de los estadunidenses aprobaba bombardear a Afganistán tras el 11/S

Pero para la Casa Blanca de George W. Bush era tiempo de la “acción, no de las palabras”, pese a que aseguró en un primer momento que entregar a Bin Laden y otros operativos de Al-Qaeda evitaría la guerra. La opinión pública apoyaba en un abrumador 90 por ciento los bombardeos.

Los atentados del 11 de septiembre de 2001, el ataque más grave sobre suelo estadunidense, justificaron una respuesta militar, policial y política sin precedentes.

Esa predisposición para la acción hace 12 años se ha agotado, a juzgar por cómo Obama y el Congreso dividido están gestionando la respuesta al supuesto uso de armas químicas por parte del régimen de Bashar al-Assad.

Ahora el Presidente y su equipo han medido muy bien sus pasos a la hora de avanzar hacia una intervención militar en el extranjero, para la que terminaron pidiendo la autorización del Congreso, cuyas deliberaciones se han puesto inesperadamente en suspenso en espera de una solución diplomática.

“La historia nos ha enseñado que los conflictos en Oriente Medio no son simples, fáciles o limpios. Una intervención como la de Siria tiene que suponer una alta amenaza para la seguridad nacional e intereses diplomáticos y morales y esto no se cumple en Siria”, escribió en una columna de opinión la congresista Tulsi Gabbard, veterana de la guerra de Irak.

Que éstos son otros tiempos lo demuestra la rápida acogida en Washington de la propuesta rusa para que el régimen sirio, acusado de matar a más de mil 400 personas con armas químicas a finales de agosto, evite un ataque militar de castigo si accede a un plan de desarme borroso y con pocas garantías.

45 por ciento de los estadunidenses respalda un ataque contra el régimen sirio

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 aún estaban frescos en la mente de los estadunidenses cuando en 2003 la administración de Bush atacó Irak con 73 por ciento de apoyo público, con el argumento, que se demostraría infundado, de que su presidente, Saddam Hussein, era una amenaza para la seguridad nacional por poseer armas de destrucción masiva, entre ellas armas químicas.

Precisamente el desencadenante de esa guerra fue el incumplimiento a finales de los 90 por parte del régimen de sus compromisos de desmantelar sus arsenales.

Ahora, con 55% de la opinión pública en contra de intervenir en Siria, ese tortuoso proceso de control y destrucción de armamento podría repetirse, porque como dijo esta semana el secretario de Estado, John Kerry, “es claramente la opción preferible” si se logra con garantías.

Tras más de una década de guerra en Afganistán e Irak y más de seis mil muertos, Estados Unidos prefiere evitar una acción militar de consecuencias imprevisibles, consciente de que la opinión pública no quiere volver a embarcarse en costosos despliegues de resultados poco tangibles.

En opinión de Obama, “a lo que hemos asistido en la última década (desde el 11/S) es al heroísmo de nuestras tropas, a los enormes sacrificios de ellos y sus familias”.

No obstante, advirtió también el Presidente, las principales amenazas de Estados Unidos seguirán estando “especialmente, fuera de nuestras fronteras”.

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