De la “trigger massacre” al gatillazo (2)

Comic_Kerry Kerry intenta explicar dónde pueden o no  viajar los ciudadanos americanos: ardua tarea en vistas de la enrevesada política USA en el exterior

De la “trigger massacre” al gatillazo (2)

Eurasian Hub, 5 de septiembre, 2013

La evanescente coalición que se organizó en torno a los Estados Unidos tras el incidente de Ghuta tenía en común que los países implicados intentaban resolver en Siria problemas de política interior. Y fue la política interior la que apartó a Cameron de la aventura: primera baja.

El gobierno turco, el más entusiasta, arde en deseos de meterse de lleno en la pelea por razones de política exterior, es cierto; pero que repercuten directamente en la situación interior. La flamante revisión de la política internacional de Atatürk, bautizada por Davutoglu como “cero problemas con los vecinos” ha sufrido un leve retoque numérico hasta convertirse en “100 problemas con los vecinos”; cosa de un cero y un uno.  El modelo turco para los países árabes es un ya un recuerdo, que en Egipto se ha transformado, para Ankara, en una pesadilla.  Y puede volver a repetirse en Túnez o Libia.

En realidad, el gobierno turco perdió los papeles este verano. Y ahora, Erdogan quiere arreglarlo todo de golpe, y saldar cuentas, y… El célebre primer ministro es ahora mismo como un toro que lo ve todo rojo. Pero lo que realmente espolea al gobierno turco para entrar en Siria a tiros es “resolver” el desafío kurdo en el norte de ese país, la tenue “República del YPG”  que le obsesiona. Porque aparte del peligro directo que le pueda suponer a las fuerzas armadas turcas, amenaza seriamente el proceso de paz que Ankara intenta cerrar con el PKK.  Para ello parece resuelto a no retroceder ante nada: se ha llegado rumorear que fuerzas especiales han entrado en Siria disfrazadas de milicianos de al-Nusra, por poner un ejemplo.

Los viejos fantasmas también atenazan a la “grandeur” francesa. Un detalle interesante: si Francia ataca en Siria, será la segunda intervención de ese país en menos de un año. Y una nueva intervención en una ex colonia francesa. Tiene gracia este detalle, porque parece que casi un siglo después, el Tratado Sykes-Picot siga vigente: Francia no intervino en Irak, y Gran Bretaña no parece que lo vaya a hacer en Siria.  Más parece que Hollande intente recuperar (o no perder) votos hacia la derecha, ahora que la sombra de Sarkozy vuelve a aparecer en el horizonte de las presidenciales de 2017.

Obama también tiene por ahí asuntillos de política interior que pretende ventilar en Siria. Por ejemplo,  la batalla por el Obamacare, de gran importancia para su programa político, y que está a punto de empezar, con los republicanos amenazando con acabar desencadenando un impeachment. Puede parecer exagerado, pero es que Obama empezó su segundo mandato con muy mal pie en política exterior, y eso estás lastrando su política interior. En medio año ha visto cómo se desmoronaban piezas importantes de su política exterior. Y lo sucedido en Egipto fue un golpe que debió doler. Por encima, las desavenencias en la Casa Blanca han aparecido a la luz tras la salida de Hillary Clinton y la publicación del testimonio del ex asesor Vali Nasr.

En apariencia, el ruido armado en Damasco ha servido como perfecta cortina de humo para tapar el fiasco de Egipto. El posicionamiento político de Obama ante lo sucedido le ponía en mala situación internacional, obligado a explicar que aquello no era un golpe militar, mientras las televisiones de todo el mundo emitían las escenas de la represión en El Cairo. Por si fuera poco, se ha logrado mantener en la sombra informativa que mientras en Siria Washington piensa ir a la guerra poniéndose al lado de las milicias de al-Qaeda, en Yemen sus drones liquidan supuestos dirigentes (y bastante población civil) en nombre de la lucha contra al-Qaeda. De otra parte, hacia meses que La Casa Blanca tenía planeado hacer una aparición estelar en medio del conflicto sirio; sobre todo  a raíz de que las tropas de al-Assad retomaran el control del bastión rebelde de Quseir, el pasado 5 de junio, pero incluso ya antes de esa fecha.

Sin embargo, el aterrizaje de Obama y Kerry en la crisis siria puede ser una victoria pírrica, sino un fiasco, que amenace a su carrera política. Lo cual no es de celebrar, porque Obama, con todos sus fallos y defectos, es un estadista valioso en medio de la mediocridad internacional y frente a la oposición política en su propio país.

Pero aún así, aunque el bombardeo se produzca y podría ser así  cuando se escriben estas líneas (5 de septiembre) nadie le quita a Washington el “gatillazo” que se produjo entre finales de agosto y comienzos de septiembre. Quedan ya lejos en la historia las fervorosas coaliciones internacionales, como la que se organizó durante la guerra del Golfo,  en enero de 1991:  31 países en torno a los Estados Unidos, ante la mirada indulgente de la Unión Soviética, liderada por Gorbachev, que dejó hacer. Hubo otro repunte importante de ese entusiasmo tras el 11-S de 2001, cuando la venganza de los Estados Unidos se lanzó sobre Afganistán, secundada de nuevo por el mundo aliado y la activa colaboración rusa.

¿Qué ha sucedido desde entonces para que el escepticismo sea tan generalizado, y los Estados Unidos tengan que intervenir prácticamente solos en Siria, y sin un mandato de las Naciones Unidas? Es evidente que los americanos han perdido una enorme fortuna en capital político. ¿Por qué?

Hay dos grandes respuestas, junto a otras complementarias que hoy no se van a  tratar aquí. La primera: el desgaste en la retórica y el fracaso en los resultados tras numerosas reiteraciones.

En estos días que corren, toca decir que la “trigger massacre” del 21 de agosto de 2013 pone en riesgo al mundo ante la posibilidad de una más que improbable escalada (¿mundial?) en el uso de armas químicas. Que “la comunidad internacional se juega el crédito en Siria” (ya estamos otra vez con las mesas de juego improvisadas para jugar al trile) .  Y debe decirse convencido, sin que se note rastro de papanatismo, creyéndose a pies juntillas la deficiente justificación de la “trigger masacre”. Por supuesto, nada de mencionar la proliferación de todo tipo de armas, incluyendo MANPADS, fruto de algunas de esas intervenciones preventivas y estabilizadoras.

Como cuando en 1991 se afirmaba que Irak era la tercera potencia militar del mundo, y sus misiles cargados de armas químicas amenazaban a Israel. De la misma forma que cuando se dijo que en Kosovo, 1999,  Europa “se jugaba mucho” (nunca supimos qué ni cuánto).  Y lo mismo que  en 2003, cuando Blair advertía de que las armas de destrucción masiva iraquíes podían alcanzar Londres es 25 minutos y hubo que comulgar con esa rueda de molino.  O en 2011, puesto que Gadafi-Franco iba a tomar Bengasi-Madrid.

Resulta un tanto bochornoso volver a leer el temendismo de tales declaraciones que al final daban lugar al parto de los montes; y que en 2003, por cierto, no parieron nada, ni un mísero ratón. Pero es todavía más ignominioso volver la vista atrás y constatar qué ha sucedió con los países “salvados” (incluso de sí mismos) por las intervenciones encabezadas por los Estados Unidos desde 1991. En la siguiente lista se exponen los países víctima de ese tipo de acciones, a partir de la matriz exitosa de Kuwait-1991. La definición de estado fallido corresponde a la lista elaborada por la revista Foreign Policy entre 2006 y 2012. Aunque está más que cuestionada, es el referente habitual a este lado del planeta:

  • 1993-1994: Somalia – estado fallido [encabeza el ránking en varias ocasiones]
  • 1994: Haití – estado fallido
  • 1995: Bosnia-Hercegovina – en peligro (¿realmente podemos considerar que no es fallido uno de los estados federales más complejos del mundo cuyuas piezas siguen sin encajar?)
  • 1999:  Kosovo – en peligro (exactamente la misma consideración que en el caso anterior)
  • 2001-2014: Afganistán – estado fallido
  • 2003-2011: Irak – estado fallido
  • 2004: Haití – estado fallido
  • 2011: Libia – en peligro (a reconsiderar seriamente, a la luz de las últimas noticias, y las más lejanas en el tiempo, también)
  • 2012: Mali – aún no hay datos, aunque va a ser fácil hacer apuestas

No es de extrañar que exista un cansancio a escala internacional internacional ante la saturación y reiteración mediáticas  de los mismos mensajes, de riesgos de descarrilamiento mundial que se quedan en nada, de trapicheos sucios y dobles raseros, de la diplomacia secreta, del infantilismo informativo, de las sospechas crecientes de tomadura de pelo. Y de esos resultados, que casi nunca dan lugar  a regímenes estables, democráticos o prósperos, sino a países parias,  partidos y enfrentados entre sí, corruptos hasta la médula y muy violentos.  Verdaderos juguetes rotos.

Pero, por si ello fuera poco, existe una segunda causa que explica el gatillazo, y que va más allá del hartazgo. Esta vez se trata de indignación.

En mayo de 2013, Edward Snowden comenzó a filtrar documentos altamente confidenciales que demostraban la existencia de una gigantesca  “máquina de vigilancia” centralizada en los servicios de inteligencia y seguridad de los Estados Unidos, y más concretamente en la NSA. El gobierno americano no negó la existencia de tales redes de espionaje masivo, de otra parte conocidas desde hacía tiempo y denunciadas en ocasiones como parte de “teorías conspirativas”. Pero alegó, Obama el primero, que las intervenciones no vulneraban las comunicaciones en el territorio de los EEUU y que venían justificadas por la lucha contra el terrorismo internacional.

Excusas de cartón piedra. Las sucesivas revelaciones de Snowden fueron dejando muy claro que las “máquina de vigilancia” intervenía también a gobiernos amigos e incluso  a la ONU y a la UE, como objetivo prioritario, en especial la sede del edificio Justus-Lipsius, de Bruselas, donde todos los ministros comunitarios y alto funcionariado de la Unión Europea tienen oficina y conexiones en internet. De hecho, quedó de relieve que algunos amigos oficiales de Washington, son clasificados como “enemigos “ o como “problemas” de puertas para adentro. Peor aún: las interceptaciones incluían el mundo de los negocios, incluso en foros internacionales, y suponían competencia desleal a favor de las empresas de los Estados Unidos. O, al menos, algunas  de ellas.

La contra argumentación en boga se pregunta, con fingida candidez si es para tanto, dado que todos los países espían lo que pueden. Formulada de maneras diversas, esa es la falacia básica.

Pues resulta que, existe una diferencia fundamental: no todo el mundo se abroga el papel de gran gendarme y sobre todo, de redentor. Porque resulta que el Nuevo Orden de los EEUU, proclamado por el presidente George H.W. Bush en 1991, ha resultado no ser en absoluto liberal. Es intervencionista, aprovecha el espionaje para obtener ventaja estratégica y también en el campo de la supuesta economía liberal. Y no sólo: todo ello se hace en base a un impulso nacionalista, el propio y particular de los Estados Unidos de América, formulado hace casi dos siglos en el Manifest destiny. Ni derechos humanos, ni protección del libre comercio: eso eran otros tiempos. Ahora se trata de ventaja estratégica y monopolismo. Del Yes, We Can, se ha pasado al Yes, We Scan, broma recogida recientemente en el NYT.

El descubrimiento descarado de todo eso, no puede sino generar decepción y desconfianza, cuando aún muchos desean creer a pies juntillas  que  el final de la Guerra Fría trajo un mundo más justo y mejor y que los Reyes Magos no son los papás. Comenzando por los mismos intereses comerciales; por ejemplo:  el espionaje masivo practicado por la NSA va a provocar que las empresas estadounidenses del sector cloud dejen de ingresar en los próximos tres años entre 22.000 y 35.000 millones de dólares en contratos con empresas del resto del mundo, espantadas por lo que perciben como una política de espionaje institucional.

Es una pequeña muestra, un botón, menos que eso. Sobre ello está la desconfianza de los gobiernos, y cuando éstos la simulan, los parlamentos la sacan a  relucir. Como ocurrió en Londres, o en Berlín, y ahora incluso en París. Ante lo que posiblemente es la crisis más aguda en la historia de los servicios de inteligencia a escala global, seguramente habrá un antes y un después del caso Snowden, cuyos orígenes últimos están a su vez por la descomunal proliferación de empresas de inteligencia  en los Estados Unidos y por la epidemia de subcontratas y especialistas (más o menos reales)  en seguridad y defensa, todo ello a partir de 2001.  En todo caso, y por el momento,  ir a bombardear a Siria para hacer juegos de manos con los problemas internos quizá ya no salga tan a cuenta en Europa.  Veremos si en los Estados Unidos no termina sucediendo lo mismo.

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