De la “trigger massacre” al gatillazo (1)

iran_iraq_war_chemical_mask_soldier1 Soldado iraní con máscara antigás, durante la guerra contra Irak. En esta contienda se hizo una utilización habitual de gas mostaza y gas nervioso, produciendo numerosas bajas, especialmente entre las fuerzas iraníes. Sin embargo, el recurso a esas armas sólo generó el 2-3% de las bajas en la contienda

De la “trigger massacre” al gatillazo (1)

Eurasian Hub, 1 de septiembre, 2013

Diez días después del incidente que supuso el gaseamiento de un número indeterminado de civiles en la periferia urbana de Damasco, todavía no ha quedado claro lo sucedido, por mucho que desde la Casa Blanca se repita, como en un mantra, que la autoría incontestable corresponde a las fuerzas armadas  del gobierno sirio.  Las pruebas siguen sin aparecer, y en cambio sí que han ido cobrando peso los indicios de que eso que la prensa comercial denomina “rebeldes” –un enorme magma con centenares de grupos armados de diversas tendencias ideológicas- pudo haber tenido mucha responsabilidad en el incidente. Bien fuera como parte de una provocación calculada para atraer a su favor una intervención americana, bien como consecuencia de un accidente con las armas químicas almacenadas, versión que se ha ido abriendo paso en las últimas horas.

Y a partir de ahí, casi cualquier cosa. Incluso la versión defendida a capa y espada por la Casa Blanca pudo haber sido cierta, a  pesar del absurdo que hubiera supuesto atacar con gases cuando  estaba en camino una delegación de las Naciones Unidas,  invitada por ese mismo gobierno,  para inspeccionar y certificar que las fuerzas armadas sirias no recurrían a ese tipo de armas. Pero bien es cierto que tampoco sería ni la primera ni la última vez que  la inteligencia fuera por  un lado y lo militar por otro.

Dado que la Casa Blanca insiste pero no termina de dar pruebas, los investigadores particulares, a veces profesionales, en ocasiones aficionados, han ido recogiendo indicios para suplir tamaño agujero. Como muestra un botón: el estudio hecho por el australiano N.R. Jenzen-Jones sobre los restos de cohetes encontrados en torno a Damasco, lo que le ha llevado a un vídeo muy interesante sobre la secuencia de lanzamiento de un cohete, a cargo de las tropas de Basar al Assad. Pero, como él mismo afirma, de momento no se puede establecer si la cabeza de guerra del artefacto era química o no. Hace bien Jenzen-Jones en ser prudente, y por ello recomendamos su blog  The Rogue Adventurer como referencia de opción para este tipo se problemáticas, dado que su autor suele hacer análisis honestos y cerebrales de cintura hacia arriba, y no de cintura para abajo, lo que, de paso, le confiere la imprescindible profundidad de campo. En efecto, la carga del cohete mostrado puede haber sido de explosivo convencional. Cabe recordar que la confección más o menos artesanal de “bombas volantes” a partir de bombas de aviación de 250 kilos o mayor peso, fue un recurso ocasional de los serbios de Bosnia durante el asedio de Sarajevo, con resultado desigual.

El problema aquí es que la guerra civil siria está siendo monitorizada palmo  a palmo y minuto a minuto por los satélites espía de las principales potencias, incluyendo los Estados Unidos. Poco se les escapa, o de eso se vanaglorian.  A pesar de lo cual, la Casa Blanca no muestra ningún material de inteligencia capaz de convencer al mundo de que las tropas de Assad lanzaron el ataque de Ghuta. Lo cual no deja de resultar chocante, teniendo en cuenta que Madelaine Albright si recurrió a IMINT para demostrar que se habían producido ejecuciones masivas en Srebrenica, sacándole así el jugo necesario a la “trigger massacre”.

Tercera posibilidad: tanto las fuerzas del régimen sirios como los “rebeldes” hace tiempo que utilizan armas químicas a escala táctica. Aunque han puesto el grito en el cielo al descubrir granadas químicas entre el material capturado a las fuerzas de Assad, los “freedom fighters” no han tenido empacho en usarlas a su vez, desde hace meses, denunciando, cuando les ha convenido, que los soldados sirios los “gasean” con ese mismo material; nunca falta medio que  se trague esas bolas.  Por lo tanto, bien pudiera ser que se hubiera producido una escalada en el recurso a tales armas, entre unos y otros, llegando al momento del accidente táctico o el error político en las hipótesis 1 y 2.

Y a partir de aquí,  las “líneas rojas”. Vale la pena recordar que el recurso a las armas químicas ha sido más recurrente de lo que se cree en los conflictos de los últimos años, sin encontrar demasiado eco, en la mayoría de los casos, ni entre los periodistas, ni entre los historiadores, los militares o los políticos.

Las tropas egipcias echaron mano de los gases en la guerra civil del Yemen, entre 1962 y 1970, en varias ocasiones y con escasos resultados prácticos. Las tropas americanas en Vietnam esparcieron importantes cantidades de Agente Naranja para destruir tierras forestales y campos de cultivo, afectando de paso a una proporción destacada de la población civil survietnamita (sus aliados teóricos).  Los iraquíes también lanzaron gases a granel contra las tropas iraníes,  en la olvidada guerra que mantuvieron entre 1980 y 1988. Se ha llegado considerar que unos 100.000 soldados iraníes resultaron afectados  por el gas mostaza y el tabún, de los cuales 20.000 murieron inmediatamente.  Y los invasores soviéticos los tiraron sobre los afganos, también es cierto.  A su vez, los rebeldes chechenos intentaron usarlo contra las tropas rusas. Y desde 2007, Al Qaeda en Irak ha recurrido a armas químicas en variadas ocasiones.

A la vista de ello,  no es de extrañar que algunos comentaristas vean un error de bulto en el trazado de las “líneas rojas” por Obama durante la presente guerra de Siria. El profesor Stephen Walt, de Harvard, comenta juiciosamente  en el New York Times:

“Incluso si se demuestra , el uso de armas químicas por parte del gobierno sirio no debería inclinar la balanza a favor de la intervención militar de los EE.UU.  Pensar lo contrario otorga un peso excesivo a la consideración de las armas que  las fuerzas de Assad pueden haber  utilizado, y hace caso omiso de las muchas razones por las que la intervención de EE.UU. sigue siendo una opción a  considerar de forma prudente.

Por supuesto  no es bueno que las fuerzas de Assad puedan haber utilizado armas químicas, pero no resulta tan obvio por qué la elección de las armas cambia el cálculo de los intereses de Estados Unidos en este caso. La naturaleza brutal del régimen de Assad ha sido evidente desde hace décadas, y sus fuerzas ya han matado a miles de personas con medios convencionales. ¿Realmente importa si Assad está matando a sus oponentes con bombas de 500 libras, morteros, municiones en racimo, ametralladoras, piquetas o gas sarín? El muerto está muerto, no importa cómo se hace.

Los partidarios de la acción argumentan que los EE.UU. debe intervenir para defender la norma  contra las armas químicas. Utilizar agentes nerviosos como el sarín es ilegal según el derecho internacional, pero no eso no los convierte en verdaderas “armas de destrucción masiva”. Debido a que son difíciles de usar en la mayoría de las situaciones en el campo de batalla, las armas químicas son generalmente menos letales que las armas no tabú, como el explosivo de alta potencia. Irónicamente, por lo tanto, estaríamos defendiendo una norma contra las armas que son menos letales que las bombas que usaríamos si interveniéramos. Esta justificación también sería más convincente si el gobierno de EE.UU. no hubiera hecho caso omiso del derecho internacional cuando lo puso en el camino de algo que Washington quería hacer.

Y la intervención sigue siendo una mala idea. Los ataques aéreos no pueden eliminar el arsenal químico de Assad y es improbable que inclinen la balanza a favor de los rebeldes. E incluso si lo hicieran, esta situación daría a Assad un incentivo mayor para utilizar estas armas más ampliamente. La caída de Assad supondría crear un estado fallido y desatar una amarga lucha entre las distintas facciones rebeldes.

(…)

Obama puede tener la tentación de golpear porque tontamente trazó una “línea roja ” sobre este tema y siente que su credibilidad está en juego. Pero un paso absurdo detrás de otro no restaurará la posición perdida”

Continuará

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