Comportamientos religiosos y sectarismo en el islam en Pakistán (y 2)

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Comportamientos religiosos y sectarismo en el islam en Pakistán. Estudio multidisciplinar del sectarismo en origen y en la diáspora pakistaní en España

por Ana Ballesteros Peiró

(segunda parte)

La mayoría de los pakistaníes han coincidido en explicar que el sectarismo es un problema grave y un problema muy delicado. Por otra parte, como algunos entrevistados advirtieron, es más fácil que ellos contesten lo que creen que deben contestar, en lugar de lo que piensan. La mayor preocupación y hartazgo están relacionados con el terrorismo. Hablar de cualquier conflicto en el seno del islam y de Pakistán es para muchos algo doloroso, dado que, como se ha mencionado, la identidad está muy ligada al prestigio o desprestigio de la religión y el constante agravio del islam puede resultar en una baja autoestima. Ese agravio, esos ataques o ese “machacar” como han comentado algunos de los entrevistados, les pone a la defensiva.

Entre la diáspora se puede afirmar que el barelvismo, al igual que en Pakistán, es el grupo mayoritario, algo que además es motivo de orgullo para sus líderes. Al ser un grupo que reclama las tradiciones autóctonas, tiene más membresía pakistaní que los otros. Los grupos minoritarios no parecen rechazar miembros de otras nacionalidades. En concreto, los grupos de predicación como la TJ, DI o la aḥmadiyya, admiten musulmanes de otras nacionalidades, en parte porque crecer en número es algo que les interesa para ganar representatividad. En ocasiones, se compite por ser la asociación más representativa,  la cara de Pakistán en el país de destino. La JI, aunque sin representación formal, no admite a cualquiera entre sus filas y prefiere mantener sus principios fundacionales (por ejemplo, solo admiten miembros con carreras universitarias) demostrando el porqué sus compatriotas la llaman “grupo de elite”.  Se compite también por las subvenciones estatales para realizar actividades que promuevan una cara más amable del país de origen y les dé a conocer en el de acogida. Pero esas subvenciones y las relaciones con el poder político local les lleva en ocasiones a entrar en competición por los recursos, de forma que dependiendo de quién es ganador en las urnas, unos grupos salen más beneficiados que otros.

Esta tesis doctoral ha tratado de comprender qué dinámicas están tras los comportamientos sectarios de los pakistaníes y analizar qué papel tiene el estado en la promoción o rechazo de ese sectarismo. En la comprensión de las raíces y dinámicas del sectarismo, hemos concluido que es fundamental la explicación del contexto, ya que el sectarismo no es un conflicto separado o un problema exclusivamente religioso, sino un conjunto de factores que confluyen para dar como resultado un conflicto que se configura de forma sectaria. Los factores que concurren pueden ser políticos, económicos, sociales, religiosos o ideológicos. La imbricación de los factores entre sí nos lleva a pensar que es difícil, si no imposible, definir el sectarismo islámico como un conflicto meramente religioso, sino más bien, como una manifestación de un conflicto múltiple articulado según el discurso religioso o en torno a comunidades religiosas. Entonces, cuando el conflicto tiene como objetivo una comunidad religiosa en virtud de sus creencias o de su pertenencia a un grupo religioso determinado, se puede denominar conflicto sectario.

Para encontrar respuesta a las incógnitas que presenta el sectarismo en Pakistán, es necesario construir un marco teórico que tenga raíz en las ciencias sociales. Este marco teórico debe ser neutral, debe responder a las cuestiones relativas a la naturaleza misma del sectarismo. ¿Qué elementos entran en juego? La religión, la violencia, la identidad, la política, la economía, la sociedad, la historia, entre otros que se pueden identificar. Distinguir entre un conflicto religioso, un conflicto político, uno económico, o social, es una tarea prácticamente inalcanzable, ya que los límites entre estos elementos no están lo suficientemente definidos. Por tanto, dudamos a la hora de definir el sectarismo como un conflicto meramente religioso. Lo que sí se puede afirmar, es que el sectarismo es un conflicto que se configura en torno a la religión: sus discursos, su historia y sus valores. Asimismo, el sectarismo es un conflicto que tiene como objetivo los miembros de otros grupos religiosos, no meramente por sus creencias, sino por aquello que representan en función del grupo al que pertenecen.

Uno de los planteamientos de esta tesis es que el sectarismo en el mundo musulmán debe ser estudiado de la misma forma que se estudia el sectarismo en otras sociedades. La religión cristiana es central en la bibliografía de los estudios de sectas y se percibe que cuando el estudio se centra el islam, la metodología cambia. En buena parte, este cambio lo explica la misma religión y los contextos, pero hay elementos comunes que se obvian. Lo mismo ocurre con el estudio del fundamentalismo. Buena parte de la bibliografía consultada, aplica la misma metodología para cristianismo y otras religiones, menos para el islam. Se desconoce si por falta de conocimientos o por prejuicios. El fenómeno sectario o la violencia religiosa son aspectos que deben investigarse de forma académica y/o científica, sin prejuicios ni alarmismos, admitiendo que si bien hay dinámicas comunes en todas las sociedades, hay elementos contextuales que explican los casos concretos. El ser humano, independientemente de que profese una religión u otra, tiene las mismas necesidades vitales. En este sentido, la religión cumple un papel, que es el de ofrecer a las personas un sistema concreto de valores morales que en otras circunstancias no tendría. Esos valores sirven de guía en las relaciones con otras personas. [1]

Así, esta tesis mantiene que la religión lleva implícito un sistema de creencias que contribuye a dar sentido a la vida de las personas, a través del cual se experimenta un propósito individual y colectivo. Entendida así la religión, la identidad es un marcador social y un marcador interno. Lo que concierne al análisis sectario son las consecuencias de la pertenencia a un grupo determinado. La dinámica del nosotros-vosotros o la esencia de la diferenciación entre los grupos humanos se puede expresar, entre otros factores, a través de la religión. Por lo tanto, las identidades social y personal son importantes en la medida en que rigen el comportamiento de los miembros de un grupo en cuanto a su pertenencia al mismo. ¿Cuáles son los elementos de esa pertenencia? La conformidad con las normas grupales, la cohesión, la aceptación de los estereotipos del grupo sobre sí mismo y los demás, la preferencia hacia el grupo propio (endogrupo) y la discriminación hacia los miembros del grupo ajeno (exogrupo). La íntima relación que existe entre las identidades social e individual, posibilita que una amenaza hacia un grupo genere miedo, y por tanto, sea percibida también como una provocación al individuo. La percepción de amenaza (real o imaginaria) y el miedo son factores que favorecen el conflicto.

El sectarismo además, es un conflicto que afecta a toda la sociedad, pero del que no participa toda la sociedad. En este sentido, nos planteábamos la primera pregunta, que consistía en Comprender las dinámicas sectarias a nivel social e identitario en Pakistán.

Como respuesta, hallamos que quienes participan en el fenómeno sectario son aquellas personas cuya identidad está definida en base a su pertenencia a un grupo sectario. Entendiendo que quienes participan del conflicto sectario son aquellos individuos cuya identidad está fusionada con el grupo, sus valores, aquellos que promueve o dice defender, sin que medie la influencia de ningún otro entorno o grupo de referencia importante. El conflicto de hecho ha evolucionado. El objetivo es el miembro del exogrupo, pero ya no son quienes conscientemente militan en un grupo religioso o un grupo sectario, sino todo la sociedad en general en cuanto a que se le hace responsable de su apatía, su inactividad o falta de militancia.

Los procesos de categorización social y de identidad social se hayan fuertemente ligados en el desarrollo de la conducta sectaria. En este sentido, los resultados ponen de manifiesto la falta de plasticidad de la identidad social para adaptarse a diferentes entornos socio-normativo, más al contrario, la interacción social se focaliza en un solo grupo. El proceso de emergencia de la identidad social única es esencial para explicar el conflicto sectario. Esta identidad social única incluye una concentración de actitudes, conductas, normas, expectativas y planes de acción en un único agente de socialización y determina procesos de categorización extremadamente simples y normas de cohesión explícitas e intensas.

En cuanto al segundo de los objetivos, Analizar el papel del Estado en relación al conflicto sectario, encontramos que el Estado tiene un papel relevante. Es éste el que, en los inicios, conociendo el débil apoyo a la Liga Musulmana en las provincias en las que nació Pakistán, consideró que debía haber una “pakistanización” o “islamización” de la población, promoviendo el islam como factor aglutinante y descartando las diferencias como factores que podían contribuir a la debilidad, tomando por tanto como norma de gobierno el autoritarismo.

El tercer objetivo relativo a la Valoración de la vigencia o disolución del conflicto sectario en la diáspora nos lleva a concluir que las circunstancias dependen del lugar de residencia. En lugares donde la población pakistaní es minoría entre la población musulmana, tienden a compartir mezquitas con musulmanes de otras nacionalidades aunque sea por la lengua, sea por la relación cercana familiar y laboral con los compatriotas, tienden a relacionarse mayoritariamente entre ellos y no mezclarse con otros. En lugares donde son mayoría, como es Barcelona (El Raval o Badalona), los pakistaníes reproducen las afiliaciones sectarias abriendo lugares de rezo asociados con la secta religiosa a la que pertenecen. En todo caso, no hay lugar para el conflicto sectario, pero sí para la competición entre grupos y una creciente identificación con la rama religiosa que se profesa, siendo la barelví la que mayor respaldo da a sus miembros, al ser más numerosa y estar mejor asentada. Los aḥmadíes siguen siendo marginados entre sus compatriotas. Los chiíes por su parte, hacen vida religiosa aparte, aunque en general hay respeto mutuo.

Estas conclusiones de los objetivos nos llevan a las suposiciones que se hacían en forma de hipótesis. H1: El sectarismo es un conflicto relacionado con la identidad y la pertenencia a un grupo determinado. Efectivamente, se ha mostrado cómo aquellos individuos que consideran la pertenencia a un grupo religioso determinado como parte fundamental de su identidad, son más proclives a aceptar las normas de su endogrupo y condenar a los exogrupos. En este concepto no se considera que todo aquel que es creyente forme parte de esta dinámica, en absoluto. Incluye a aquellos cuya identificación con el grupo sufre una fusión de identidades. Se refiere a aquellas personas cuyos objetivos en la vida no se diferencian de los objetivos del grupo a los que pertenecen, que desprecian y rechazan otros aspectos de la mundanidad como irrelevantes ante los propósitos más elevados del grupo. Hemos visto algún ejemplo, como algún joven de la Mezquita Roja de Islamabad, que declaraba estar por encima de las necesidades mundanas de sus padres y cuya única preocupación era la consecución de los objetivos definidos por los líderes de la mezquita. Ya no formaba parte de su familia en Jyber-Pajtunjwa, sino que formaba parte de la “nueva familia” que eran los alumnos de la mezquita.

Si queremos entrar en el sectarismo como problema que atañe a una sociedad en general, hay que ir de los grupos concretos a la generalidad del Estado. No se puede comprender las dinámicas del sectarismo en Pakistán si no se comprende el contexto, el país, su historia, sus tradiciones, su política. Las dos siguientes suposiciones están relacionadas entre sí.

 H2: Cuando una identidad determinada es promovida como la auténtica o verdadera, se está promoviendo la exclusión de aquellos grupos cuya identidad difiera de la creada. Esta exclusión puede generar mayor cohesión de los grupos y, en ocasiones, su radicalización.

H3: La promoción de la identidad “modelo”, si se hace por parte del Estado, en lugar de homogeneizar (a la población), polariza.

Como se ha analizado en los diferentes capítulos de la tesis doctoral, el Estado pakistaní parece tener un problema con las identidades plurales de sus ciudadanos. El recurso al autoritarismo del liderazgo civil o militar, promueve una sola visión del país, sea denominada “ideología de Pakistán”, sea identificada con el islam, el Estado ha promovido la marginación de los grupos a través de la acción: promulgación de leyes que marginan (como el Artículo 260.3 a y b o la Ley de la Blasfemia) y de inacción (falta de protección civil, connivencia con los líderes de grupos sectarios por intereses electoralistas…).

La acción colectiva es orientada a la acción violenta, debido al autoritarismo y la falta de movilidad social. La debilidad estatal lleva a los grupos a convencerse de la eficacia y legitimidad del recurso a la violencia para conseguir fines que se podría conseguir por otros medios. El ciudadano promovido en los libros de texto es un modelo de pakistaní suní, varón y punyabí. La centralidad de esta provincia relega a un papel secundario al resto. La negligencia con las lenguas minoritarias y las prácticas religiosas minoritarias, lleva a acentuar los provincialismos. Los nacionalismos provinciales a su vez, llevan a la mayoría de los gobiernos a creer en que es necesario centralizar más el poder y ejercer un mayor autoritarismo. Pero esta tendencia ha resultado en una mayor polarización. Desde los partidos políticos, que no resisten la autoridad inamovible de un líder y terminan presentando múltiples facciones, hasta los grupos religiosos, cuya diferencia de interpretaciones del “verdadero islam” lleva a una profusión de nuevos grupos. El fomento de una visión homogénea del Estado promueve la exclusión de aquellos que no se ven reflejados en ella. Cuanto más insiste el Estado en esta visión, ideología común, y en la promoción de aquellos que lo representan, más se radicaliza la postura de quienes no aceptan o no se identifican con esa norma.

Pero el autoritarismo ejercido por un Estado débil provoca también el efecto contrario al deseado. La aplicación de la violencia estatal acaba siendo retada por los grupos que ven cómo su propia radicalización les ayuda a conseguir sus objetivos. Es más, aquellos grupos que no entran en esta competición por los recursos o por su propia defensa, acaban siendo aleccionadas para unirse a esta dinámica. No podemos sino recurrir por última vez a un ejemplo presente en un comentario del blog analizado en el Capítulo 5, el cual resume fielmente este efecto en la población:

YOU Shias and others will keep getting killed if YOU keep thinking that the Pakistani government or the ARMY or the one-eyed judiciary will protect you and provide you justice. YOU will HAVE TO GET STRONG ENOUGH TO BE ABLE TO DEFEND YOURSELF. That is the ONLY solution against these terrorists. SELF DEFENCE is WAAJIB (OBLIGATORY) in these circumstances under any law of the world and God.[2]

No solo se les pide a los chiíes que se defiendan sino que se advierte que la violencia es legítima y obligatoria. Casi les hace responsables de sus propias bajas debido a su negación de pasar a la acción. Ante un poder estatal que no protege ni actúa, la población siente que debe pasar a la acción. Se conmina a aquellos segmentos de la población que no participan de estas dinámicas de grupos, para que entren en ellas, como forma de supervivencia o por la presión del entorno.

Este panorama puede ser mejorado, entendiendo el origen y las raíces de esos comportamientos sectarios, una vez comprendidos. Aunque la situación es extremadamente complicada para que haya un cambio de política por parte del estado y para cambiar el rumbo de las dinámicas divisivas. Tal vez la respuesta a este problema haya estado siempre delante de Pakistán y se encuentre en el discurso inaugural de 1947 de Yinnah, pasando por alto las ambigüedades de la TDN. Aunque esta reflexión final pueda sonar un tanto apocalíptica, al fin y al cabo, Pakistán es ese país que siempre es representado por estar al borde del abismo y que nunca acaba de caer. Se hace necesaria una reflexión profunda del liderazgo y de la sociedad, si en su imposición de un modelo de estado, no terminarán por acabar con el estado mismo.


[1] M. Rokeach, 1969:3.

[2] VOSOTROS, chiíes y otros seguiréis muriendo si VOSOTROS seguís pensando que el gobierno pakistaní o el EJÉRCITO o el poder judicial tuerto os protegerá u os proveerá justicia. VOSOTROS tendréis que HACEROS LO SUFICIENTEMENTE FUERTES COMO PARA DEFENDEROS SOLOS. Esa es la ÚNICA solución contra estos terroristas. AUTODEFENSA está PERMITIDA (OBLIGATORIO) en estas circunstancias bajo cualquier ley del mundo y de dios. 

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