Por qué debe proteger Europa a Edward Snowden

bertrams-nsa El presidente estadounidense, Barack Obama, y el informante de la CIA, Edward Snowden; por Joep Bertrams [PressEurop]

Por qué debe proteger Europa a Edward Snowden

En un artículo publicado por varios diarios europeos, el cofundador de WikiLeaks y el secretario general de Reporteros sin fronteras abogan por que, en nombre de la libertad de prensa y del derecho a la información, los Estados europeos concedan el derecho de asilo al informante que ha desvelado las escuchas de la NSA.

Julian Assange | Christophe Deloire, Le Monde, 5 de julio, 2013 [traducido y republicado por PressEurop]

El 12 de octubre de 2012 se concedió el premio Nobel de la Paz a la Unión Europea por “su contribución a la promoción de la paz, la reconciliación, la democracia y los derechos humanos en Europa”. Europa debe demostrar estar a la altura, así como su voluntad de defender la libertad de información, independientemente de los temores a presiones políticas por parte de su “mejor aliado”, Estados Unidos.

Edward Snowden, el joven estadounidense que reveló el dispositivo de vigilancia mundial Prisma, ha solicitado asilo a una veintena de países y los Estados de la Unión Europea, y en primer lugar Francia y Alemania, deben ofrecerle la mejor acogida, sea cual sea el estatus. Porque si bien Estados Unidos sigue siendo uno de los países del mundo que llevan a lo más alto el ideal de la libertad de expresión, su actitud con respecto a los “informantes o denunciantes” claramente mancilla la 1ª enmienda de su Constitución.

Desde 2004, el Relator Especial de Naciones Unidas para la libertad de expresión, su homólogo de la Organización de los Estados Americanos y el representante de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) por la libertad de los medios de comunicación hacían un llamamiento conjunto a los Gobiernos para que protegieran a los informantes contra “cualquier sanción jurídica, administrativa o profesional si actuaban de ‘buena fe'”.

Incongruente abandonar a un informante

Los informantes o denunciantes se definían como “individuos que comunican información confidencial o secreta, a pesar de su obligación oficial o de otra índole, de mantener la confidencialidad o el secreto”. En 2010, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa afirmaba que “la definición de las revelaciones protegidas debe incluir todas las informaciones de buena fe con respecto a diversos tipos de actos ilícitos”. La resolución 1 729 exigía que las leyes protegieran a los “informantes o denunciantes de sectores tanto públicos como privados, incluidos los miembros de ejércitos y de servicios de inteligencia”.

Aparte de los amantes de la caza de hombres, que le acusan de ser un traidor a la nación y los sofistas que enredan el debate con argucias jurídicas, ¿quién puede discutir la calidad de informante de Edward Snowden? El exinformático permitió que la prensa internacional (Washington Post, Guardian y Spiegel) sacara a la luz un sistema de vigilancia que tenía como objetivo a decenas de millones de ciudadanos, sobre todo europeos.

Al haber sido el objetivo de un dispositivo que ha atentado contra su propia soberanía y sus principios, los países de la UE están en deuda con Edward Snowden por sus revelaciones, que tienen un interés público evidente. Si este joven se queda abandonado en la zona internacional del aeropuerto de Moscú, entonces los países europeos estarán abandonando sus principios y una parte de la razón de ser de la UE. Sería incongruente lanzar gritos diplomáticos y dejar tirada a la persona que ha realizado las revelaciones.

Libertad de información

Más allá de la necesidad de protección de los informantes, la protección de la vida privada se inscribe evidentemente en el ámbito del interés público, sobre todo cuando se trata de la libertad de información. En un informe del 3 de junio, Frank La Rue, Relator Especial de Naciones Unidas por la libertad de expresión, estimaba que “la protección de la vida privada es un corolario necesario de la libertad de expresión y de opinión”. La confidencialidad de los intercambios es una condición necesaria para el ejercicio de la libertad de información.

Cuando se comprometen las fuentes de los periodistas (como las de la agencia Associated Press), cuando Estados Unidos abusa de la ley de espionaje Espionnage Act (ese texto de 1917 que se ha utilizado en nueve ocasiones contra los informantes a lo largo de la historia, seis de ellas bajo la presidencia de Barack Obama), cuando WikiLeaks es amordazado por un bloqueo financiero, cuando los colaboradores y amigos de Julian Assange ya no pueden traspasar una frontera estadounidense sin sufrir un cacheo integral, cuando el fundador y los colaboradores del sitio son amenazados con persecuciones en el territorio estadounidense, no sólo está en peligro la democracia estadounidense. El propio ejemplo democrático de Thomas Jefferson y Benjamin Franklin queda carente de sentido.

¿Qué razones podría exponer Estados Unidos para eximirse de respetar los principios que ellos mismos exigen que se apliquen en otros lugares? En enero de 2010, en un discurso histórico, la secretaria de Estado americana Hillary Clinton hacía de la libertad de expresión en Internet una piedra angular de la diplomacia estadounidense. Una posición reafirmada en febrero de 2011, pues la misma Hillary Clinton recordaba que “en cuestión de libertad en Internet, nos posicionamos del lado de la apertura”.

Garantizar la protección

Unas declaraciones preciosas, muy alentadoras para los resistentes de Teherán, Pekín, La Habana, Asmara, Moscú y tantas otras capitales. Pero ¿cómo ocultar nuestra decepción cuando el rascacielos del espionaje estadounidense parece rivalizar con la Gran Muralla tecnológica de China o la Internet nacional del régimen de los mulás? El mensaje de democracia y de fomento de los derechos humanos de la Casa Blanca y del Departamento de Estado ha perdido mucha credibilidad. Uno de los signos de pánico general es que el sitio web de Amazon en Estados Unidos ha registrado un aumento del 6.000 % en las ventas del exitoso libro 1984 de George Orwell.

Big Brother nos observa desde las afueras de Washington. Las instituciones que garantizan la democracia estadounidense deben desempeñar su función de contrapoder ante el Ejecutivo y sus abusos. El sistema de checks and balances, “el equilibrio de poderes”, no es sólo un eslogan para los fervientes lectores de Tocqueville y Montesquieu. Los miembros del Congreso deben encauzar lo más rápido posible las terribles desviaciones de la Ley Patriota o Patriot Act (la ley antiterrorista adoptada tras los ataques del 11 de septiembre) y reconocer la legitimidad de estos hombres y mujeres que informan de hechos denunciables.

La Whistleblower Protection Act, la ley de protección de los informantes, debe enmendarse y ampliarse para garantizar una protección eficaz a los que actúen en el interés legítimo de los demás, que no tiene nada que ver con los intereses nacionales inmediatos interpretados por los servicios de inteligencia.

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