Estonia: explotación del esquisto

Production_of_oil_shale Principales productores mundiales de esquisto bituminoso. Fuente: Wikipedia

 El esquisto es chic

Estonia cuenta con una baza para no depender del gas ruso: el esquisto bituminoso. A pesar de la polución que genera, el país sigue explotándolo y desarrollando su uso.

Traducido y republicado por PressEurop

Estonia posee minerales preciosos que podrían ser la envida de los otros dos países bálticos: los esquistos bituminosos. Hasta hace poco, las horas del petróleo estonio parecían contadas. A partir de 2015, las centrales más antiguas ya no habrían cumplido las exigencias cada vez más estrictas de la Unión Europea en materia de protección medioambiental. Construir nuevas centrales y adquirir permisos de contaminación podría haber resultado demasiado costoso.

Pero la situación cambió radicalmente hace unos cinco años. Debido al importante aumento del precio del petróleo y del gas en el mundo, la explotación de esquistos finalmente pareció ser una alternativa relativamente rentable. Los estonios reconstruyeron las unidades de producción más antiguas y recientemente se han lanzado a la construcción de otras nuevas. También han perfeccionado las tecnologías de transformación de los esquistos, lo que ha aumentado las cantidades obtenidas de gas y de fueloil.

Debido a que se ha suspendido la construcción de una nueva central nuclear en Lituania [un proyecto en el que se habían asociado Letonia y Estonia], Estonia podrá reivindicar el título de principal productor báltico de electricidad durante el próximo decenio. Y la industria del esquisto, a pesar de las críticas sobre su contaminación, no va a reducir su actividad.

Estonia, que posee alrededor del 17% [no se ha podido verificar la cifra, pero se dice sobre todo que en Estonia se extrae el 80% del esquisto bituminoso usado en todo el mundo] de las reservas de esquistos bituminosos en Europa, es el principal país usuario de esquistos del mundo. Con el nivel de extracción actual, Estonia tendría suficiente esquisto para los próximos 50 años. Para producir energía, el 80% de los esquistos utilizados en el mundo se queman en Estonia.

Un fueloil apreciado

Hace ya cerca de un siglo que los estonios usan los esquistos. Los primeros se extrajeron en 1917 y ocho años después servían de combustible en las primeras centrales eléctricas estonias. Paul Nikolai Kogerman, el científico que contribuyó de forma significativa al lanzamiento de la industria del esquisto, fue elegido en 2000 como una de las personalidades estonias más importantes del siglo XX.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los ocupantes alemanes se interesaron especialmente por las posibilidades de obtener fueloil a partir de esquistos. Era mucho más resistente al frío y más pesado que el agua, lo que lo hacía especialmente idóneo para su uso en los submarinos. Hubo un tiempo en el que los científicos rusos creyeron incluso que se podría enriquecer uranio gracias a los esquistos estonios.

Actualmente, se exporta un tercio de los 12 teravatios-hora de energía eléctrica producidos anualmente en Estonia. Pero la empresa de explotación de los esquistos exporta igualmente cada año 1,2 millones de barriles de fueloil y 40 millones de metros cúbicos de gas.

Los estonios también pretenden compartir su experiencia en otras partes del mundo. Hace tres años, firmaron un acuerdo con Jordania para la aplicación de tecnologías relacionadas con los esquistos y la construcción de centrales que deberían empezar a funcionar a partir de 2016. El año pasado, adquirieron una empresa de transformación de esquisto en Utah, Estados Unidos, para producir fueloil.

Esquí sobre escorias

La combustión del esquisto emite más dióxido de carbono que otros tipos de minerales. Por lo tanto, Estonia necesita más permisos de contaminación. Los funcionarios europeos recuerdan constantemente que al país le interesaría diversificar más sus fuentes de producción eléctrica. Los reproches de la UE no son infundados. Para producir un kilovatio-hora, los estonios generan el doble de dióxido de carbono que la media europea. Pero los nórdicos tan racionales del Báltico hacen oídos sordos a estas reprimendas.

El dióxido de carbono no es el único efecto secundario de los esquistos bituminosos. El otro son las escorias de procesamiento. Se pueden comparar con las cenizas producidas por la combustión de los esquistos. Una tonelada de esquisto produce 450 kilos de escorias. Estonia extrae cada año alrededor de 17 millones de toneladas de esquistos y quema la mayor parte de ellas en las centrales. Por lo tanto, se generan alrededor de 7 millones de toneladas de escorias.

Es imposible no percatarse de ello en la región de Narva. Se han creado colinas artificiales con estas escorias. En algunas se ha plantado vegetación. En otra se ha instalado un parque con 17 aerogeneradores. A los propios estonios les divierte la idea de poder abrir en los próximos años una auténtica estación de esquí. La primera pista funciona ya desde este año.

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