Recuperando a Gengis Khan

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

La estatua ecuestre de Genghis Khan, tiene una altura de 40 metros y está situada en la orilla del río Tuul en Tsonjin Boldog, 54 kilómetros  al este de la capital de Mongolia Ulan Bator, donde según la leyenda, se encontró un látigo de oro. La estatua señala hacia su lugar de nacimiento, al este, y reposa sobre un  pedestal que es a la vez centro de visitas, adornado con un centro de visitantes, con 36 columnas que representan los 36 khanes, de Genghis Khan a Ligdan. Fue diseñado por el escultor   D. Erdenebileg y ejecutado por el arquitecto J. Enkhjargal, y erigido en 2008

Los visitantes pueden acceder hasta la cabeza del caballo a través de su pecho y el cuello, para disfrutar de una vista panorámica. El área de la estatua principal estará rodeado por 200 Ger o campamentos de yurtas, diseñado y organizado como se disponían originariamente, en el siglo XIII. El coste del complejo ascendió a $ 4,1 millones, abonados por la Oficina Genco Tour, una empresa de Mongolia.

El museo cuenta con exposiciones adjuntas,  relativas a la  Edad del Bronce y  Xiongnu de Mongolia, que muestran utensilios de uso cotidiano, tales como hebillas de cinturones, cuchillos, animales sagrados, etc, y una segunda exposición relativa al período del Gran Khan en los siglos XIII y XIV, que exhibe antiguas herramientas,  orfebrería e incluso cruces y rosarios nestorianos. Junto al museo se encuentra un centro turístico y de recreo, que cubre 212 hectáreas.

Recuperando a Gengis Khan

Jordi Cumplido, Barcelona

[Republicado en Diario Granma, La Habana, 26 de abril, 2013]

Hace ya ocho siglos que el aristócrata Gengis Khan unificó las diferentes tribus mongolas e inició un proceso de expansión que culminó en el mayor imperio de la historia. Para el resto del mundo, Gengis Khan se ha convertido en una figura histórica cercana al mito, muchas veces distorsionado. En Mongolia, sin embargo, Gengis Khan sigue muy presente como punto de referencia e integrado en su identidad como pueblo: en sus ritos, en sus quehaceres, en su cultura.

Ocho siglos después Mongolia celebra cada 11-13 de julio su fiesta nacional, llamada  el Festival de Naadam, que recupera la memoria del imperio de Gengis Khan. Se trata de las fiestas más importantes para los mongoles, tres días de competición deportiva en la que se reproducen las pruebas que en tiempos del héroe mongol evaluaban las habilidades de los soldados de su temible ejército. En la plaza de Sukhbataar, el festival empieza con un desfile de soldados portando las nueve cruces mongolas, que representan las nueve tribus unificadas por el Gran Khan. Llegados al Estadio Nacional, los participantes dan inicio a las referidas pruebas, que combinan las habilidades propias de los soldados mongoles del imperio: lucha, carreras de caballos, tiro en arco y lanzamiento de taba. Las pruebas que más respeto merecen entre los mongoles son las carreras de caballos y el tiro en arco, que representan los elementos que hicieron del ejército mongol el más temible: la doma del caballo y el arco combinado.

En la referida plaza de Sukhbataar se erige una estatua de Gengis Khan ante el edificio del Parlamento. La efigie del Gran Khan se reproduce en otros múltiples lugares de la capital y de las zonas rurales de Mongolia, evidenciando la importancia que reviste la memoria de Gengis Khan en el país. Algunas de ellas son realmente imponentes, con unas dimensiones a la medida del recuerdo que se tiene del guerrero: buen ejemplo de ello es la estatua de Gengis Khan de Khentii, que con 40 metros de altura es la estatua ecuestre más grande del mundo. También cerca de Ulan Bator, la capital, el rostro de Gengis Khan se perfila en la roca de una montaña. La nómina es larga.

Este intento de recuperar la figura de Gengis Khan con tanta vehemencia es algo nuevo. En los últimos veinte años Mongolia ha ido en busca de su propia identidad, una vez superado el dominio y la influencia de China y Rusia. Gengis Khan es un buen punto de referencia para recuperar esa identidad mongola, y su imagen y su nombre se han reproducido hasta la saciedad en numerosas marcas de tabaco, de vodka, de refrescos, etc. El aeropuerto y la universidad de Ulan Bataar también han tomado su nombre, todo ello acompañado de ese esfuerzo por levantar su imagen en estatuas y monumentos.

Buen ejemplo de todo ello es la construcción del mausoleo de Gengis Khan en la región autónoma china Mongolia Interior. Se trata de un edificio no muy grande, erigido en 1956 y reconstruido en 1970, de tipo cenotafio (ataúd sin cuerpo) donde sin embargo el recuerdo del gran líder pesa mucho. De hecho, hasta la región no solo acuden diariamente centenares de turistas atraídos por la curiosidad, sino que miles de mongoles celebran periódicamente sus rituales de adoración y veneración al Gran Khan, con una puesta en escena realmente impactante recogida en preciosas instantáneas. Curiosamente, el ritual lo lleva a cabo un descendiente de una de las 500 familias de Dalhut que sirvieron al Gran Khan. Se trata todo ello de un doble esfuerzo del gobierno central Mongol, una gran inversión económica llevada a cabo en 2005 para dotar el mausoleo de objetos personales del Khan y en organizar el espectáculo ritual.

Si el mausoleo es cenotafio es porque el cuerpo de Gengis Khan aún no se ha localizado. Sin embargo, a partir de 2004 los científicos empezaron a preocuparse por localizar la tumba del gran líder mongol. Se sabe que este murió tras caerse de su caballo en 1227, pero antes había ordenado que lo enterraran en un lugar desconocido sin ornamento funerario para no ser localizado. Eso convierte la tumba de Gengis Khan en uno de los restos arqueológicos más deseados por la comunidad científica. En 2004 científicos norteamericanos, franceses, ingleses y mongoles iban tras su pista, después de centenares de intentos fallidos de encontrarla. Cuatro años más tarde, científicos de la Universidad de California aseguraron que podían encontrar la tumba gracias a unas tecnologías de visualización avanzada.

Ello da muestra del interés que despierta aún Gengis Khan también fuera de las fronteras mongolas. A veces, ese interés toma formas excéntricas bastante curiosas, como demuestra el viaje que completó el australiano Tim Cope en 2004: un total de 10.000 quilómetros a caballo desde Mongolia hasta Hungría, reproduciendo el viaje de las conquistas de Gengis Khan por las estepas euroasiáticas.

Anuncios