China inunda Irán con bienes de consumo baratos a cambio de petróleo

Traffic in TehranHora punta del tráfico en Teheran. Fotografía: Morteza Nikoubazl/Reuters

China inunda Irán con bienes de consumo baratos a cambio de petróleo

Con la república Islámica cada vez más aislada de los mercados globales a causa de las sanciones, Beijing se encuentra en una posición de privilegio para sacar provecho de ello.

Theran Bureau, The Guardian, 20 de febrero, 2013
Traducción: Javier Romero

En el tramo norte de la concurrida calle Shariati, en Teherán, un concesionario de coches recientemente inaugurado, Geelran, ofrece una gama de coches de fabricación china a la clase media de la ciudad. Situada a tiro de piedra de los terrenos antiguamente ocupados por la embajada británica, vacía desde finales de 2011 cuando fue tomada al asalto por un grupo de manifestantes violentos anti occidentales, la nueva sede de la marca Geely es el segundo fabricante chino presente en Irán. Otra compañía, Chery Motors, lleva operando aquí desde hace cinco años, y produce varios de sus vehículos de gama baja en cadenas de montaje iraníes.

El precio del Renault Mégane, de fabricación francesa, hasta hace poco uno de los más populares entre la clientela local, se ha triplicado desde 2011. Hoy día se venden por cerca de 42,2 millones de tomans (22.450  libras esterlinas, es decir, unos 24.740 €) y los recambios empiezan a escasear.

Mientras tanto, el utilitario EC7 Emgrand de Geely tiene una gama de precios ligeramente más baja (38,7 millones de tomans) lo que indicaría que el holding Zheijiang Geely está buscando atraer una parte del mercado local ahora que las sanciones están haciendo que los bienes de fabricación occidental sean más difíciles de conseguir, aunque con unos estándares de calidad que los expertos estiman muy por debajo que los coches de fabricación europea a los que imitan.

“Es un fabricante de coches desastroso, pero es sólo uno más de los que están inundando Irán de coches fabricados a partir de viejos diseños” afirmó un analista financiero radicado en Teherán estrechamente vinculado con el comercio chino-iraní. “En lugar de efectivo, China está canjeando bienes de consumo baratos por petróleo iraní”.

Con Irán cada vez más aislada de los mercados globales a causa de las sanciones, China está en una posición privilegiada para sacar provecho de lo que queda de la maltrecha economía de aquel país. En tanto que principal importador de petróleo iraní, China lleva desde hace tiempo aprovechando el aislamiento global de la república islámica para consolidar sus intereses comerciales, que abarcan sectores más amplios que el de la energía. La última oleada de sanciones de los Estados Unidos, que el pasado 6 de febrero impuso restricciones adicionales a las entidades internacionales que hagan negocios con Irán, es probable que refuerce esta tendencia.

China importa 441.000 barriles de crudo iraní por día, por lo que es el principal socio comercial de Irán. En la actualidad operan en el país unas 70 empresas chinas, y, según la Heritage Foundation, es uno de los principales receptores de inversiones chinas de Oriente Medio que no sean obligaciones de deuda soberana. Aunque están enfocadas principalmente al sector de la energía, sus relaciones comerciales se extienden a sectores no petrolíferos como la construcción, el transporte y las manufacturas, y tienen una importancia estratégica en el intento de Beijing de contrapesar sus intereses en el Oriente Medio con los de los EE.UU. Aunque el pasado año las importaciones de petróleo de China a Irán descendieron en casi un 21%, muy pocos en Irán interpretan este hecho como el inicio de un debilitamiento a largo plazo de los vínculos chino-persas.

En lo que los medios oficiales iraníes interpretaron como un desafío abierto a las sanciones occidentales, la firma petrolífera Zhuhai Zehnrong anunció en diciembre que durante 2013 continuaría importando 230.000 barriles de petróleo iraní al día, y que el comprador final de este crudo sería la Corporación petroquímica china (Sinopec). Además, según la cadena estatal iraní PressTV, Zhenrong presentó planes para importar gas condensado desde los yacimientos de gas de South Pars, en el Golfo Pérsico.

“Dado que Zhenrong ya estaba en la lista negra [estadounidense], no siente presión política alguna para cortar sus importaciones de petróleo iraní”. Declaraciones supuestamente hechas a la agencia de noticias por un empresario chino del petróleo del que no se citó el nombre.

A medida que las sanciones internacionales hacen que a Irán le resulte cada vez más difícil obtener efectivo a cambio de sus exportaciones de energía, China es probable que encuentre formas novedosas de proveerles a cambio de bienes y servicios, lo cual irá probablemente en detrimento de los ya maltrechos sectores no petrolíferos. Al amenazar con aislar a las compañías que transfieran dinero al banco central iraní desde el sistema bancario estadounidense, (incluyendo a las de aquellos países que estaban  dispensadas de cumplir con las anteriores sanciones petrolíferas) las sanciones estadounidenses de febrero pretenden inmovilizar buena parte de los ingresos iraníes por el petróleo en las cuentas bancarias chinas. Esto, en efecto, le da a China una doble ventaja, pues le permite hacerse con un acceso privilegiado a la energía de Irán, así como con oportunidades de inversión en sus sectores no petrolíferos.

“Tales reservas le permitirán [a China] negociar con ventaja, dado que ahora la única forma que tendrá el gobierno iraní de recibir su dinero será aceptando productos a cambio” afirmó un economista residente en Teherán.

Tales políticas tienen un impacto profundo en los iraníes de la calle. Los productos chinos de consumo llevan ocupando desde hace tiempo y de forma masiva los escaparates de las tiendas locales, y los fabricantes iraníes están teniendo cada vez más problemas para competir, en especial debido a que el desplome de la divisa nacional ha disparado el precio de las materias primas importadas.

Además, la cámara de comercio chino-iraní anunció el año pasado de que había recibido quejas de sus miembros sobre el tipo de bienes que China estaba enviando a Irán, los cuales “habitualmente… eran diferentes a los bienes encargados”.

Las calles de Teherán se han llenado de taxistas que hasta hace poco eran propietarios de  negocios, pero que entraron en bancarrota porque ya no podían permitirse pagar importaciones y competir al mismo tiempo con las baratas mercancías chinas.

“Al contrario de lo que ocurre en la mayoría de economías del Consejo de Cooperación del Golfo, los artesanos, la pequeña y mediana empresa juegan un papel importante en la economía iraní. No obstante, la inundación de bienes chinos baratos [que son] en algunos casos de baja calidad, ha generado un resentimiento popular contra China y una reacción de repulsa de comerciantes y fábricas que están expuestos a la dura competencia con los bienes chinos,” escribió recientemente para al-Arabia el experto en Oriente Medio radicado en Londres, Naser al-Tamimi.

El pequeño empresario no es el único que ha salido perdiendo. En un país en el que el estado cumple un importante papel de generación de empleo, la subcontratación de compañías chinas para proyectos importantes de infraestructura está privando de empleos en la construcción y en la ingeniería a una mano de obra que ya tenía problemas de desempleo. Los ingenieros chinos han dirigido incontables proyectos de infraestructura, el más prominente de ellos el metro de Teherán, una tendencia que no han dudado en fomentado tanto los funcionarios iraníes como los chinos.

“El nuevo acuerdo parece ser el siguiente: no más bienes de consumo. Si vamos a hacer trueques, construid autopistas, puentes y presas,” dijo el analista comercial sino-iraní.

A medida que crecen los niveles de inflación y desempleo iraníes, la creciente visibilidad de los trabajadores chinos de la construcción las en obras públicas es por tanto probable que alimente aún más el resentimiento de la población. Por el momento, la masiva expansión de la autopista Sadr de Teherán –considerada un logro pre-electoral del alcalde, Mohammed Qalibaf- podría ser suficiente motivo para la ira local. Este proyecto de dos niveles y cuatro millas de longitud, que seguramente es la infraestructura en construcción más visible en Teherán, está siendo financiado por China.

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