La destitución de Serdyukov y la reforma del Ejército ruso

El antiguo ministro de defensa Serdyukov en la Duma. La estrategia empleada por los clanes políticos rusos para deshacerse de él no fue muy diferente a la empleada por el régimen para combatir contra la oposición. Se realizan registros en los apartamentos y se confiscan documentos; los cargos presentados contra sus subordinados son filtrados a la prensa, allanando así el camino para su destitución (Foto: Grigori Sysoyev, Agencia RIA NOVOSTI)

Las reformas militares rusas y el regalo envenenado de Shoigu

ALEKSANDR GOLTS, oDRussia13 November 2012

Traducción del ingles: Javier Romero

El pasado 6 de noviembre, los sueños de los principales mandos rusos se hicieron realidad: el presidente Putin destituyó al ministro de Defensa Anatolyi Serdyukov, cuyas constantes y fundamentales reformas de las fuerzas armadas habían sido probablemente las únicas reformas reales llevadas a cabo durante los últimos diez años. El analista de asuntos militares Aleksandr Golts examina los problemas a los que se enfrenta su sucesor

Existe una sorprendente similitud entre la reciente conspiración urdida contra el ex ministro de defensa Anatolyi Serdyukov y la estrategia adoptada por la policía rusa contra los líderes de la oposición. A primera hora de la mañana del 25 de octubre, el Comité de Investigación ruso (SK) anunció que se había realizado un registro y se habían incautado documentos en las oficinas de Oboronservis, empresa de contratación militar fundada por el Ministerio de Defensa. El portavoz oficial del SK, Vladimir Markin, anunció que se habían presentado cargos criminales contra cinco de los máximos directivos de Oboronservis. Los cinco habían sido acusados de devaluar deliberadamente los activos del Ministerio de Defensa para luego venderlos a compañías relacionadas con Oboronservis. Un día antes, Markin había hecho frente a la prensa para desmentir que la confesión del activista de la oposición Leonid Razvozzhayev -quien después se retractó- hubiera sido obtenida por la fuerza.

Poco después, la página web Lifenews.ru, que filtra regularmente transcripciones de escuchas de conversaciones telefónicas de la oposición, publicó una noticia según la cual Serdyukov había sido encontrado en el apartamento de Yevgenia Vasilyeva, antigua jefa del departamento de propiedades del Ministerio, durante un registro policial llevado a cabo a primera hora de la mañana.

El contratista de Defensa

Oboronservis había sido creada tres años atrás para administrar todas las actividades de reparación y mantenimiento del Ministerio de Defensa; el mantenimiento de equipos militares en las fábricas propiedad del ministerio; el mantenimiento de terrenos militares; el suministro de alimentos al personal militar; sistemas de calefacción en las bases de las fueras armadas, y así sucesivamente. El objetivo era liberar a los comandantes del Ejército de responsabilidad en dichas áreas auxiliares para así permitirles concentrarse en entrenar las tropas bajo su mando. Esto también significaba que los militares, incluyendo los situados en lo más alto del escalafón, perdían todo acceso a los recursos financieros asociados a dichas áreas, una decisión que, como era de esperar, había levantado muchas ampollas.

Por supuesto, las actividades de Oboronservis tampoco están por encima de toda sospecha. No es necesario explicar que muchos de sus empleados son perezosos y corruptos, y que la magnitud de la tentación que tenían ante ellos creció de forma exponencial, cuando, dentro de su programa de reformas, el Ministerio de Defensa comenzó a saldar patrimonio del ejército, el cual incluía jugosos bocados: terrenos y edificios en y en los alrededores de Moscú. Con todo, la estructura de la compañía era mucho más transparente que la que le había precedido, basada como estaba en monopolios de propiedad estatal bajo el control directo del ministerio. Al menos, Oboronservis tenía que presentar un informe anual, someterse a auditorías contables, etc. Y, en todo caso, todas las acusaciones presentadas contra ella estaban fundadas en una evaluación subjetiva del valor del patrimonio saldado, que según los expertos de la policía, había sido subestimado.

Por lo tanto, estamos ante acusaciones de corrupción contra personas estrechamente conectadas entre sí con el objetivo de acosarlas, seguido de filtraciones a los tabloides sobre la vida privada del ministro. Todo esto hiede fuertemente a un montaje.

¿Quién tendió una trampa a Serdyukov?

La autorización para un trabajo semejante debe provenir de alguien de arriba. La pregunta principal es: ¿desde cuán cerca de la cima? Es improbable que provenga del mismo presidente: Putin siempre ha mostrado pleno apoyo a los planes de reforma de Serdyukov. Además, tras las elecciones presidenciales, el ministro de Defensa dejó claro que le gustaría abandonar el cargo, por lo que Putin podría haberle dejado ir en cualquier momento sin temor a objeciones por su parte. Y, ciertamente, ir fisgoneando los trapos sucios de sus asociados no es el estilo de Putin.

Todo este asunto parece una conspiración de algunos miembros del círculo interno de Putin. Los medios ya están apuntando con el dedo a algunos sospechosos: el jefe de la administración del presidente, Sergei Ivanov, furioso por el éxito de Serdyukov en una reforma militar que él mismo había fastidiado anteriormente; el primer ministro adjunto para la industria de Defensa, Dmitryi Rogozin, quien no podía gastar un céntimo sin la aprobación de Serdyukov; y el jefe de la corporación de propiedad estatal Rostekhnologia, Sergei Chemezov, quien había sido considerado el culpable del fracaso de los contratos de Defensa.

El éxito de la conspiración revela que el bizantino gobierno de Putin ya no es lo que era. Sigo sin albergar ninguna duda de que no fue el presidente el que se deshizo de su ministro. Si hubiera querido deshacerse de él podría haberlo hecho antes, cuando Serdyukov estaba dispuesto a irse. Es más, el mismo día del registro en las oficinas de Oboronservis le recibió en el Kremlin de forma ostensible para todo el mundo. En los viejos tiempos esto hubiera sido una clara señal de apoyo: es bien sabido que Putin no concede audiencia a corderos camino del matadero. Pero el mensaje no funcionó, pues los principales canales de televisión abrieron sus noticieros con la historia, redactada en unos términos abiertamente contrarios a Serdyukov. Parece que los clanes de élite han comenzado a enfrentarse en luchas internas sin ni siquiera pedir permiso a Putin; se han limitado a presentarle un hecho consumado.

El nombramiento de Sergei Shoigu para el puesto de Serdyukov ha sido dictado obviamente por las circunstancias. ¿Qué otra cosa si no podría haberle apartado del cargo de gobernador de la región de Moscú que había ejercido durante sólo seis meses? Posiblemente Shoigu era el último, por no decir el único, jugador que le quedaba a Putin en el banquillo, así como la única persona que quedaba en la que podía confiar.

¿Qué va a ser de las reformas?

La segunda pregunta planteada por la destitución de Serdyukov es el destino de su proyecto principal: la reforma del Ejército. La cuestión principal de todo esto no era por supuesto la reducción a la mitad del número de oficiales, con la pérdida de 200.000 empleos, y la reducción y simplificación de las estructuras del Ejército que incluía la sustitución de poco manejables divisiones por brigadas más pequeñas. La reforma llevó de forma indirecta al completo rechazo de un concepto que había predominado durante un siglo y medio, según la cual la defensa del país debía ser asegurada por la movilización en masa de reservistas.

En época soviética, el plan del gobierno para “períodos de amenazas” era movilizar hasta ocho millones de ciudadanos. Esta idea todavía formaba parte del núcleo de la defensa estratégica de Rusia cuando Serdyukov comenzó a planificar sus reformas. Los oficiales que habían quedado desocupados por las reformas eran necesarios para comandar los regimientos y batallones de reservistas. Y se necesitaban las divisiones sobrantes desactivadas para encuadrar y dotar de armas a esos reservistas. La gran parte de los tanques y vehículos blindados sacados de los almacenes fueron incapaces de llegar a Osetia del Sur. Y los comandantes de regimiento que habían pasado sus carreras en unidades en cuadro se negaron a llevar tropas al combate porque no sabían cómo mandarlas.

Uno de los aspectos de la reforma de Serdyukov era que las tropas no especializadas sólo serían empleadas en guerras locales. Si esta reforma se hubiera llevado a cabo con éxito, antes o después habría tenido repercusiones que hubiesen ido más allá del ámbito militar: alteraría de forma fundamental la relación entre el estado y sus ciudadanos. Al anunciar que incluso en una situación de guerra las fuerzas armadas no necesitarían más de 700.000 reservistas, el gobierno ruso estaba, por primera vez en tres siglos, renunciado a ver a sus ciudadanos como soldados, un cambio que a largo plazo minaría uno de sus principios centrales: el militarismo de estado.

Al mismo tiempo, estaba claro que la fase “cuantitativa” de las reformas militares (el despido de centenares de miles de miembros de las fuerzas armadas y la reorganización del ejército) era una cosa, pero que la fase “cualitativa” era otra bien distinta. Esto se debe a que, a medida que la reforma iba superando sucesivas fases, fue provocando un conflicto cada vez mayor con los principios centrales del régimen putiniano. No tiene sentido obligar a cerca de medio millón de hombres a cumplir con un año de servicio militar obligatorio si no van a ser necesitados en un futuro. El servicio militar obligatorio sólo tiene sentido si Rusia tiene intención de tener un ejército de un millón de hombres.

La demografía, no obstante, impide esto: sólo unos 600.000 jóvenes cumplen los 18 cada año. Este es precisamente el número de reclutas que se necesitan anualmente si el número de tropas debe mantenerse en 1.000.000, por lo que todos y cada uno de los jóvenes de 18 años deberán ser enviados al servicio militar, incluyendo estudiantes y aquellos que normalmente quedarían excluidos por cuestiones de salud. Las cifras simplemente no cuadran, pero los principales mandos del Ministerio de Defensa se han negado a explicarle esto a su comandante en jefe. Incluso ahora, el número de tropas rusas está sólo entre las 700.000 y las 800.000, y la situación sólo puede ir a peor.

Al mismo tiempo, los efectivos de las brigadas son calculados en base al ejército de 1.000.000 de hombres, por lo que pese a las reformas ya existe una discrepancia entre los números de tropas teóricos y los reales. Por tanto, las nuevas y reorganizadas estructuras no están más preparadas para el combate de lo que lo estaban en los años 90. En un plazo de un año a diez y ocho meses el Ministro de Defensa y el presidente se enfrentarán a un dilema: o anuncian que Rusia no puede permitirse un ejército de más de 500.000 hombres y reemplazan gradualmente los reclutas por tropas profesionales, o mantienen la pretensión de tener un ejército de un millón de tropas, para lo cual necesitarán aumentar la duración del servicio militar obligatorio de uno a dos, o preferiblemente tres, años.

¿De dónde saldrán los carros?

Otra, quizás más importante, amenaza para las reformas, es un ambicioso programa de reequipamiento, con un presupuesto de 23 billones de rublos, que la industria de defensa rusa no está en condiciones de suministrar. El dinero será, por supuesto, adjudicado y gastado, pero es altamente improbable que el ejército reciba el número previsto de aviones, carros y misiles.

La Rusia de hoy no ha desarrollado aún una base industrial para la fabricación de componentes necesarios para armamentos complejos, que en tiempos de la Unión Soviética eran producidos en fábricas civiles a las que el Ministerio de Defensa concedía licencias especiales (y en los que las fuerzas del mercado no ejercían influencia alguna). En los años 90, esas fábricas cerraron o se reconvirtieron para producir otros productos, por lo que, pese a las grandes promesas de sus líderes, el sector de la industria militar no estaba en condiciones de emprender la producción en masa de tecnología militar, por la simple razón de que los componentes necesarios todavía tenían que ser parcialmente construidas a mano en las plantas de montaje. Por más efectivo que se inyecte en este sector, los costes de producción del producto final crecerán inevitablemente.

Todos los implicados entienden perfectamente todo esto. Pero no pueden admitirlo, porque entonces tendrían que admitir también que ese ambicioso programa de rearme por valor de 23 billones de rublos es un imposible. Incluso una suma tan enorme es insuficiente para desarrollar un sector industrial coordinado e integrado que sea capaz de producir una completa gama de equipo militar, desde pistolas a misiles balísticos intercontinentales. Algo así requeriría de un nivel de cooperación más elevado que puede alcanzarse mediante empresas semejantes a gigantescas granjas colectivas conocidas como corporaciones estatales. Tales corporaciones no son el lugar para una producción eficiente: los ingresos ganados por algunas serán reasignados a otras que están en bancarrota.

Por otro lado, ¿quién se arriesgaría a cuestionar las decisiones del líder nacional? Serdyukov no podía admitir públicamente que el sistema Putin no podía entregar el material, aunque al mismo tiempo tampoco quería ser el responsable de que enormes sumas de dinero público fueran malgastadas sin obtener nada a cambio. Por lo que se empeñó en discutir con los jefes de la industria de defensa para intentando hacer que analizasen los costes de los productos y que desarrollasen tecnología útil para el Ejército, en lugar de ser provechosa para la industria. Este conflicto es la verdadera razón de la caída de Serdyukov.

El regalo envenenado de Shoigu

¿Estará el nuevo ministro de Defensa Sergei Shoigu a la altura del desafío heredado? No hay duda de que Shoigu es uno de los pocos altos cargos rusos que está dispuesto a aceptar responsabilidades; también tiene enorme experiencia y es conocido por su habilidad para la administración. Uno de sus indiscutibles éxitos fue la creación del Ministerio de Situaciones de Emergencia, en el que tomó tropas de la defensa civil soviética, que durante décadas había sido un puesto de castigo para oficiales caídos en desgracia, y lo convirtió en un verdadero cuerpo de salvamento y rescate, gente orgullosa de su profesión, motivada y llena de autoconfianza.

Nos gustaría creer que el nuevo ministro de Defensa se hará rápidamente con la situación y que será capaz de hacer frente a los generales cuyo objetivo principal en esta vida es parar las reformas. No obstante, no podemos excluir la posibilidad de que los hechos que en teoría exigen una nueva línea del nuevo ministro podrían por sí mismos forzarle a hacer nuevos cambios sobre unas reformas que ya eran buenas. Es más que probable que los generales que han pasado los últimos cuatro años murmurando por los rincones intenten aprovechar la situación y persuadir a Shoigu y a Putin que Serdyukov estaba tomando el camino equivocado; que el viejo modelo soviético era correcto, que el agujero demográfico podrá cubrirse extendiendo el servicio militar a dos, o preferiblemente tres, años. Por desgracia, en Rusia nunca puede saberse cuándo una reforma ha alcanzado el punto de no retorno.

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