El milagro eurasiático

Esta reseña está redactada a partir de los trabajos realizados por los estudiantes de la asignatura de máster: “Europa Oriental y Eurasia” del Departament d´Història Moderna i Contemporània, de la Universitat Autònoma de Barcelona. En concreto: Ferran Mañes Amigó,  Nuria García Alegre y Toni Farràs i Picó

Recientemente, en este mismo año, Alianza Editorial ha tenido el acierto de publicar la obra de Jack Goody: El milagro eurasiático, un libro breve, en clave de ensayo puro.

Sobre el autor cabe decir, en primer lugar que Jack Goody (1919) es un antropólogo social británico, principalmente africanista pero también estudioso de diversas culturas. Sus trabajos tratan de una forma original y distinta, temáticas universales como: el peso de la cultura escrita en las sociedades tradicionales, en el parentesco y ciertas técnicas, llegado a polemizar con Lévi-Strauss  en su obra: La domesticación del pensamiento salvaje, (1985). En 2007, publicó El robo de la historia, largo trabajo sobre cómo Europa impuso el relato del pasado al resto del mundo; y en 2010 publicó la presente obra  sobre el milagro euroasiático[1]

El autor parte de una premisa, desmitificar la idea que surgió en los años ochenta sobre el “milagro europeo”, propuesta que se autoimpuso después de leer la obra de Eric Jones y de participar en una conferencia en 1985 sobre el mismo lema y a partir de que el sociólogo catedrático de Cambridge John Thompson, le sugiriera un debate a partir de la siguiente pregunta: “¿por qué el capitalismo en Europa?”. Así que a lo largo de El milagro eurasiático, Goody realiza un extenso repaso sobre los historiadores, sociólogos y sicólogos principales que fijaron el ideal etnocentrista del milagro europeo y de aquellos que han aportado las teorías que lo desmitifican y nos hablan de un desarrollo creado gracias a la alternancia entre Oriente y Occidente, a través del comercio y la transmisión de conocimientos a la vez que ejemplifica esa continuidad del proceso con los resultados de sus investigaciones antropológicas. Investigaciones que desarrolló en África, Asia y Europa, procurando no salirse de ese marco geográfico, aunque aporta pequeñas referencias de otras regiones americanas (México y EEUU) sin llegar a profundizar en ellas, al no formar parte de este estudio.

Según Goody existe una unidad de los continentes europeos y asiáticos que se inicia en la Edad del Bronce y que tiene una continuidad hasta el presente. Se trata de un conjunto de elementos compartidos que respaldan la modernidad y que no son exclusivos de Occidente, sino que son compartidos con el Oriente.

Para argumentar sistemáticamente su tesis Goody se basa en los siguientes puntos. En primer lugar no existe una vía exclusivamente occidental hacia lo que él llama milagro, entendido como la modernidad. En este sentido desmiente a padres de la ciencia social de la categoría de Max Weber, Karl Marx, Emile Durkheim y Robert Malthus. Todos ellos  defendieron en su momento, y  en líneas generales, una clara singularidad en el desarrollo de Occidente frente a un supuesto primitivismo de Oriente.

Con el fin de contradecir a estos autores, Goody analiza algunos de los elementos sobre los que pivota el “milagro” europeo. Uno de estos elementos es la cuestión del individualismo como motor de la modernidad (Max Weber y su ética protestante) frente al colectivismo que se remitiría a sociedades más tradicionales. Los autores clásicos consideraban el individualismo como un factor exclusivo de Occidente, algo que Goody  niega, dado que también se puede encontrar en Oriente.

En relación a la evolución demográfica, tanto en sus fases de control como de aceleración control, tales patrones no serían exclusivos de  Occidente: hubo, por ejemplo, control demográfico en China, frente a los postulados  de Malthus.

Goody continúa basando sus tesis tomando a  la Edad del Bronce como punto  de partida común entre Oriente y Occidente. Así, los avances de la Edad del Bronce son compartidos en ese amplio espacio euroasiático; por ejemplo en la evolución de la  agricultura. En tal sentido, en la Edad del Bronce encontramos una agricultura que produce excedente y genera  especialización en el trabajo, así como  acumulación de tierra como elemento de riqueza y poder. Todo ello supone la aparición de una sociedad de clases ya en ese momento histórico, con unas élites que  acumulan riqueza y tienen gustos especializados y diferenciados como, por ejemplo, en la cocina. Otros fenómenos compartidos son la aparición de un capitalismo mercantil y un comercio de intercambio de larga distancia que hunde sus raíces en la Edad del Bronce y posee continuidad histórica.

Finalmente hay un elemento básico en todos estos cambios compartidos de la Edad del Bronce: la invención de la escritura. Todos estos elementos crean una unidad entre Oriente y Occidente que no llega a otros espacios como es el caso de África, que quedará al margen de la Edad del Bronce y se entiende por tanto fuera de la modernidad.

La tercera línea argumental de Goody gira en torno al ascetismo puritano como fenómeno que potencia el ahorro lo cual, supuestamente, se consideraba característico del protestantismo, con lo cual el autor vuelve sobre el cuestionamiento de las ideas de Max Weber.   Goody remarca que los elementos de este puritanismo (por ejemplo el rechazo al alcohol, al uso de las imágenes o al teatro entre otros) lo encontramos también en sociedades comerciantes acomodadas que no son cristianas, tales como  el judaísmo y el islam, o sea en las otras religiones abrahámicas.

Por último, el autor utiliza la escritura como elemento cultural  que lleva hacia la sociedad del conocimiento y hacia la modernidad. Las sociedades con escritura pueden escrutar su pasado mirar atrás a partir de la historia escrita y son capaces de crear una serie de instituciones, tales como escuelas y universidades, que serán motor del cambio en el momento que crean autonomía intelectual. Esta autonomía intelectual irá abriendo camino, a pesar de los esfuerzos de las religiones en negar la investigación, ya que el posicionamiento religioso tiende negar la necesidad de investigar si Dios ya había dispuesto que las cosas son como son y por lo tanto no era necesario descubrirlas.

Finalmente el proceso de modernización mediante la escritura se acelera en el momento en que la imprenta aumenta el volumen de información y generaliza el acceso. En este sentido el autor señala que el retraso del islam en adoptar la imprenta lo excluye del salto a la modernidad, o retrasa su incorporación.

De esta manera el autor dibuja un escenario en que emerge la idea de alternancia entre Oriente y Occidente que comparten un mismo marco de desarrollo, una civilización euroasiática. Desde la Edad del Bronce hasta la actualidad existe una continuidad en lo que Oriente o Occidente toman relevancia en diferentes momentos históricos, en que son líderes de forma alterna. Por lo tanto, en consecuencia, no hay una singularidad de Occidente en el desarrollo, un único camino progresivo que pasaban del mundo clásico, al feudalismo y el Renacimiento. La causa de la superioridad de Occidente en el último tramo de la historia (entendemos desde la Revolución Industrial) hay que buscarla en el Renacimiento en Italia donde la cultura y la educación le fueron arrebatadas a la Iglesia y apareció una cultura secular basada en el comercio, el humanismo y la tecnología. Hay que entender, por lo tanto, que el actual emergencia de Asia que estamos viviendo en este inicio de siglo XXI es una nueva etapa de esta alternancia entre Oriente y Occidente.

El planteamiento de Jack Goody es por tanto atrevido y sugestivo, atreviéndose a cuestionar el trabajo de autores que han sido  la base de las ciencias sociales durante los últimos ciento cincuenta años. El antropólogo británico cuestiona el eurocentrismo que ha dominado las ciencias sociales, y lo hace desde una perspectiva interdisciplinar que es estimulante e innovadora. Desmiente también a otro autores como Niall Ferguson que mantienen la divergencia entre Oriente y Occidente y la singularidad del desarrollo europeo. La tesis del libro es también una aportación muy sugestiva ante la necesidad de buscar respuestas ante la emergencia de Asia en el siglo XXI y la crisis que sufre Occidente.


[1] Estos temas los desarrolla a través de sus obras: Goody, J. R. The Third Bagre: A Myth Revisited. Carolina Academic Press, Durham, 2002; Goody, J.R. The European Family, The Maing of Europe, Wiley-Blackwell, 2000; Goody, J.R. Cooking, Cuisine and Class. Cambrigde University Press, Cambridge, 1977; Goody, J.R. The Culture of Flowers. Cambrigde University Press, Cambridge, 1993; Goody, J.R. Representaciones y contradicciones. La ambivalencia hacia las imágenes, el teatro, la ficción, las reliquias y la sexualidad, Paidós, 1999; Goody, J.R. The Theft of History, Cambrigde University Press, Cambridge,2006. Goody, J.R: El milagro euroasiático. Alianza Editorial, Madrid, 2012.

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