Eslovenia: el síntoma Janković

En una mañana brumosa de finales de septiembre, la policía eslovena no está guardando la casa consistorial de Ljubljana: ha llegado para detener al mismísmo alcalde

El pasado jueves fue detenido Zoran Janković, el popular alcalde de Ljubljana. La operación consistió en el registro de 23 estancias en toda la capital , incluyendo su despacho y domicilio particular, así como los de otros cuatro detenidos entre los que figura su hijo. Los hechos se inscriben en las pesquisas que el Buró Nacional de Investigaciones lleva a cabo desde mediados de 2011 en torno a la financiación del complejo social y deportivo Stožice.

El alcalde fue puesto en libertad sin cargos a las pocas horas de su detención. Pero más allá de las implicaciones legales, el caso tiene otras de tipo social y político, de gran calado, en un momento especialmente sensible para Eslovenia.

Zoran Janković (Belgrado, 1953), cariñosamente conocido como Zoki, no es un alcalde cualquiera. Vinculado tradicionalmente a la izquierda (guarda estrechas relaciones con el expresidente Milan Kučan y con el actual, Danilo Türk), en 2006 creó su Lista de Zoran Janković, desvinculada de los demás partidos, y con la cual se presentó por primera vez a la alcaldía de la capital eslovena, obteniendo el 63% del voto. En 2010 logró la reelección con un 65%. Ese apoyo popular no es solo cuantitativo. En Ljubljana es normal ver al alcalde paseando por la ciudad y charlando con los ciudadanos. En los multitudinarios festivales musicales de primavera se puede ver a Janković sentirse confortable entre un público que no mostraría una actitud tan amigable frente a cualquier otro político esloveno. Más aún: el alcalde recibe grandes ovaciones cuando sube a los escenarios para saludar a la juventud en esos eventos. Llegó al ayuntamiento con la fama de buen gestor, ganada como gerente del gigante de la distribución alimentaria Mercator, y es visto como un hombre de palabra, que cumple sus compromisos, aunque sobre él siempre haya planeado cierta sombra de abuso de poder.

Caricatura de Zoran Janković, fomentada desde la derecha

La situación de Zoki, sin embargo, ya no afecta solamente a los habitantes de Ljubljana. El pasado otoño, aprovechando la crisis de los partidos de izquierdas, el tirón electoral obtenido en su ciudad adoptiva y la fama que iba adquiriendo en el resto del país, decidió presentarse como cabeza de lista de un nuevo partido, creado con una importante componente personalista: Eslovenia Positiva.

El desprestigio de los socialdemócratas, que venían de encabezar un gobierno cuatripartito que se descomponía progresivamente a lo largo de la legislatura 2008-2011, lo convirtió en la alternativa izquierdista al perenne líder de la derecha eslovena, Janez Janša. Sin embargo, su victoria en las elecciones no evitó que la derecha conformara un complejo pentapartido liderado por el propio Janša. La imposibilidad de formar gobierno llevó a Janković a intentar ocupar de nuevo el sillón de alcalde mientras que, en el parlamento, su grupo mayoritario se encargó de liderar la oposición a las medidas de ajuste y reformas neoliberales del nuevo gobierno. En las elecciones convocadas en marzo de este año, recuperó la alcaldía con un 61% de los votos.

La detención de Janković, por lo tanto, no puede dejar de interpretarse en clave de política nacional e incluso, en buena medida, como referente en otros escenarios politicos similares en la misma Europa.  Acontece en un momento en el que la oposición eslovena ya no puede limitarse a vigilar al gobierno, sino que se prepara para una eventual caída del mismo o una convocatoria de elecciones anticipadas. A la inestabilidad de la coalición gubernamental hay que sumar dos elementos. El primero es que el primer ministro fue investido a la vez que era, y sigue siendo, juzgado bajo la acusación de aceptar sobornos para la adquisición de los vehículos blindados de transporte de personal comprados a la empresa finesa Patria. Pero a esa situación, ya de por sí delicada, se suma la situación económica y financiera.

Como consecuencia de la caída del consumo provocada por los recortes y el incremento del desempleo,  está previsto que la economía se contraiga al menos en un 2% en el presente año de 2012. Eso mismo dificulta que el país pueda cumplir con los objetivos de déficit, fijados en un 3,5% del PIB. Se prevé que se supere en al menos un 0,8%. Sin embargo, el pequeño desvío no toma en cuenta el rescate a la banca eslovena, del que se hará cargo el Estado. Así, Eslovenia sigue siendo, ya desde hace varios meses, una de las principales candidatas a emprender el camino de los países rescatados, aunque el actual premier niegue ese extremo.

Hasta ahora se presumía que a Zoki solo le quedaba esperar su momento, tomando como referencia el estado económico y político del país. Pero la propia situación de la izquierda eslovena que ahora él lidera no es la misma que cuando se celebraron las elecciones de diciembre del año pasado. El primer aviso vino en abril con la revelación de que uno de los hombres más cercanos a Janković, el veterano periodista internacional Mitja Meršol (que actualmente combina su condición de diputado con la de concejal del ayuntamiento de Ljubljana), había trabajado para los servicios secretos yugoslavos. El segundo está relacionado con la situación de los socialdemócratas, que intentan encontrar en el liderazgo de Igor Lukšič, un profesor de Ciencia Política de la Universidad de Ljubljana, una alternativa de izquierdas inspirada en el programa que llevó a François Hollande al Elíseo. Sin embargo, su bajo perfil y las diferencias internas dentro del partido reducen considerablemente sus posibilidades.

La detención de Janković tiene una serie de implicaciones sociales y jurídicas que la hacen en sí misma relevante. Pero sobre todo, el caso deja en evidencia las dificultades que tiene el actual sistema político esloveno para asegurar una estabilidad más allá de sus protagonistas. A lo largo de las dos últimas décadas, dicha estabilidad se tejió en torno al gran objetivo sagrado compartido por los eslovenos: el ingreso en la Unión Europea. El apoyo externo que encontraron desde su proceso de independencia para conseguir esa meta también ha sido fundamental para asegurar la continuidad de un Estado que, por sus características, debe estar inscrito en una entidad de mayor tamaño. Sin embargo, la Europa de 2012 ya no es la de 1991. Ni siquiera la de 2004 o 2007, cuando Eslovenia ingresó en la Eurozona. La crisis sistémica del proceso de integración europea es también la crisis de Eslovenia. Hasta qué punto la crisis general se llevará por delante la viabilidad de ese país dependerá, en cierta medida, de sus propias élites y de los nuevos objetivos que se planteen.

Carlos González Villa, UCM

Funcionarios eslovenos en huelga, abril de 2012. Como otras pequeñas economías europeas, Eslovenia parece próxima a ser rescatada (e intervenida). La presión neoliberal sobre el sector público y el estado del bienestar también comporta privar a la izquierda socialdemócrata de sus bases de apoyo social.

Anuncios