La gauche piégée

La página Tras la cola de la rata ilustra muy acertadamente la capacidad del Monstruo Amable por fagocitar los mitos de la izquierda con esta imagen de una campaña de Mercedes Benz

En la introducción de su ensayo: El monstruo amable. ¿El mundo se vuelve de derechas?[1], el profesor Raffaele Simone concluye: “La izquierda no se dio cuenta a su debido tiempo del cambio que se estaba produciendo a su alrededor. Como un corresponsal de guerra inexperto, la izquierda ha llegado tarde al teatro de operaciones (algunos consideran que todavía no ha puesto el pie allí), cuando hace ya rato que se han retirado las tropas, cuando el vencedor está bien definido y ya no hay casi nada que describir”. El autor hace alusión con ello a una serie de vectores de fuerza, que describe y desarrolla en su libro para explicar en qué se basa la palpable decadencia de la izquierda en Occidente (Europa, y en mucha menor medida los Estados Unidos) y el ascenso imparable del Monstruo Amable, es decir, la Neoderecha.

El esfuerzo de Simone es meritorio por cuanto no se limita a diseccionar fuerzas políticas con cara y ojos, sino que el Monstruo Amable es toda una cultura de derechas, “moderna, afable y trendy”, frente a otra de izquierdas, ya “polvorienta, aburrida y out”.

¿Cómo se ha llegado a esta situación? El autor lo resume afirmando que la izquierda se encuentra en la situación de luchar contra dos adversarios “de fuerza temible”.  El primero es “la dimensión intrínsecamente `penitencial´ del hecho de de estar en la izquierda: el esfuerzo que conlleva, la gran cantidad de sacrificios y renuncias que implica”; y la necesidad de que al izquierdista se le perdonen los fracasos históricos de los regímenes soviéticos y, más tarde, de la socialdemocracia, “incapaz de colocar al estado en el lugar del mercado como regulador de la economía, de la propiedad y de la producción”.

De otro lado, continúa Simone, la izquierda debe luchar ante el Monstruo Amable, “el semblante metafórico que ha asumido el Leviatán en la era global”. Y continúa: “El segundo factor potencia al primero: hoy en día el esfuerzo intrínseco  de estar en la izquierda es más arduo debido al irresistible atractivo del Monstruo, a su enorme afabilidad, a la potencia de su reclamo, a  las mil promesas que adelanta sin cesar (vivir sin pensar demasiado, sin gastar demasiado, sin sufrir demasiado)”. En efecto, el advenimiento del Monstruo Amable no ha tenido nada de dramático ni de trágico”.

A partir de aquí, los argumentos de Raffaele Simone son de base eminentemente filosófica. Sin poner ni quitar, sin juzgar –hay argumentos brillantes y otros más cuestionables- desde aquí proponemos tomar como punto de partida su idea para conjugarla con los acontecimientos históricos que, a lo largo de la última generación han afectado negativamente a la izquierda de la Posguerra Fría hasta llegar a la situación actual, en la cual podemos hablar propiamente de una “gauche piégée” (“izquierda entrampada”). Hemos jugado conscientemente con la denominación en francés, en alusión la gauche divine de los años sesenta, que ya por entonces hizo suyas formas culturales que anticipaban la venida del Monstruo Amable.

He aquí causas explicativas de la erosión de la izquierda (básicamente la europea) a lo largo de los últimos 25 años:

  • Se apunta a causas que termina descubriendo ajenas, cuando ya es demasiado tarde: un ejemplo ya clásico son las revoluciones de colores en el Este de 2003-2005.  Ha contribuido a ello, en más de una ocasión, la confusión entre lo multitudinario con lo popular e incluso lo revolucionario, conceptos que no significan lo mismo; y menos hoy en día, cuando las herramientas de movilización social permiten organizar con rapidez concentraciones de personas con los fines más diversos. Ya no son extrañas las concentraciones por error. Por lo demás, la célebre manifestación de apoyo a la política nacionalista de Milosevic en Gazimestan (Kosovo) en junio de 1989 agrupó a más de un millón de asistentes ¿Se puede considerar un acto progresista o revolucionario por el mero argumento  de la nutrida asistencia? Más de veinte años más tarde, medios de comunicación de izquierda jalean a la oposición rusa en sus concentraciones contra Putin, disimulando la parte de protagonismo que tiene ellas la extrema derecha autóctona.
  • En cualquier caso, la izquierda tiende a considerar que sus errores son transitorios y justificables que la razón histórica está de su parte y que tarde o temprano, las masas se alzarán pidiendo su liderazgo y que la derecha y el capitalismo caerán por el mero peso de la lógica de la historia. En cierta manera, la izquierda vive de rentas históricas, lo que incluye una respetabilidad autoasumida que tiene su último refugio en la franquicia de actitudes o posicionamientos progresistas; aunque, en estos últimos años, éstos han sido contrarrestados y hasta devorados por la cultura de lo políticamente correcto.
  • La izquierda occidental sigue siendo muy eurocéntrica. No ha hecho un esfuerzo por entender el desarrollo de nuevas ideas de izquierda en Asia o África. De forma muy significativa, se asimiló la descomposición de la URSS a la derrota total de la alternativa soviética. La pervivencia de la República Popular China, férreamente lideradsa por el Partido Comunista Chino,  es despreciada con el anatema de una supuesta traición ideológica; la izquierda europea, que se ha ido disolviendo en brazos del Monstruo Amable, reniega de lo que podría ser su propia imagen en el espejo asiático. O quizás no sea así; pero no abundan los análisis serios al respecto. Parece no apetecer el acercamiento a formulaciones que no sean occidentales y por ello “inteligibles”, es decir, “respetables” por su “aval histórico”.
  • Se ha producido una “virtualización” de la acción política a través de la revolución de internet y las redes sociales. Eso ha supuesto engañosas ventajas para el militante, real u ocasional: inmediatez, comodidad, seguridad; la movilización en las redes sociales incluso resulta divertida. Pero normalmente genera espejismos transitorios. Y, en el peor de los casos, no es sino una  forma de control  al servicio del Monstruo Amable. En Tahrir no estuvieron los islamistas que luego votaron a los Hermanos Musulmanes; o no se manifestaron. El 15-M no evitó la arrolladora victoria del Partido Popular en España. En su libro El desengaño de internet, (2011), Evgeny Morozov hace una implacable disección del fracaso de la revolución Verde en Irán, también denominada “revolución Twitter”: ”El hecho de que el Movimiento Verde se desintegrara con celeridad y fuera incapaz de construir un serio desafío para Ahmadineyad no impidió que el editorial de Baltimore Sun llegara a la conclusión de que internet estaba construyendo un mundo más seguro y democrático: `La creencia de que los activistas se dedican a bloguear, mientras gobiernos y multinacionales adquieren un mayor control del mundo, ha demostrado ser falsa con cada tuit, cada comentario de blog, cada protesta planificada en Facebook´”
  • La izquierda occidental ha perdido autoridad al carecer de planes y proyectos de gran alcance para el futuro. En palabras de Simone, la izquierda del último cuarto de siglo no ha logrado elaborar modelos serios, análisis y previsiones de alcance. Pero sobre todo, ha sido incapaz de afrontar riesgos catastróficos en los momentos cruciales de nuestra época. Quizás el ejemplo más definitivo sea la incapacidad de imponer un modelo económico alternativo tras el desencadenamiento de la gran crisis de 2008.
  • La combinación de todo ello, ha estado generando un efecto similar al que se desarrolló durante la Gran Depresión de los años treinta: la aparición de una retórica neofascista que ha ido ocupando parte del espacio de la desarbolada izquierda. El fenómeno no se ha hecho visible y violento como en el siglo pasado[2] debido a: 1) La imagen histórica, nefasta, del nazismo alemán; 2) La inexistencia, en la actualidad, de un adversario de talla como el que tuvieron los fascismos del siglo XX en la izquierda comunista; 3) La disolución de los grandes esquemas ideológicos, en parte por la acción del Monstruo Amable; 4) La muy extendida creencia popular en la imposibilidad de retorno de ese fenómeno histórico. Sin embargo, la virtualización de la acción política ha propiciado que más y más personas se hayan lanzado a manejar y combinar conceptos de aquí y allá sin ningún tipo de cortapisa, dando lugar a un nuevo Fascismo Banal. Por el momento, el fenómeno parece contenido, aunque no han dejado de producirse brotes agudos que los estudiosos del tema suelen meter bajo la alfombra por no cuadrar en los esquemas clásicos (y ya desfasados) del fenómeno.

[1] El título original en italiano era: Il Mostro Mite. Perché l´Occidente non va a sinistra (Garzanti Libri, Milano, 2008) El hecho de que no se respetara la opción de Simone en la edición española (Santillana Eds., 2011) es muy sintomático de los tabús que todavía genera la respetabilidad de la izquierda en España, a pesar de la pérdida de poder político real que ha experimentado.

[2] En realidad cabría matizar que sólo se ha manifestado así en  conflictos puntuales acaecidos desde 1991, tales como las guerras de la ex Yugoslavia (1991-2001),  el genocidio ruandés (1994), o algunos conflictos en Oriente Medio, antes y después del final de la Guerra Fría.


 

 

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