La guerra de Yemen (2)

Último mensaje de Anwar al Awlaki al pueblo estadounidense,  en un perfecto inglés americano. En su pose y atuendo recuerda claramente a Osama Bin Laden, con la excepción de la jambiya (daga) yemení que lleva al cinto. La advertencia es clara: “Continuaremos amenazando vuestra seguridad mientras vuestro gobierno continúe su agresión contra los musulmanes”. Al Awlaki era un seguidor fiel de la estrategia iniciada por Bin Laden y Al Zawahiri. Sin embargo, por su éxito en internet, los americanos lo llamaron Osama 2.0

Cualquiera que haya sabido del atentado en Sana´a del día de ayer, podrá considerar que el reportaje de Ghosh ha perdido validez, o al menos, su tono triunfalista; y en parte tendrá razón.  Acorralados y expulsados los yihadistas de la provincia de Abyan, los zarpazos de Al Qaeda en Yemen vienen siendo desgarradores. El 21 de mayo, un atentado con bomba mató en Sana´a a un centenar de cadetes en la céntrica plaza de Saba´in, cerca del palacio presidencial, mientras ensayaban un desfile conmemorativo de la unificación del país. El 18 de junio, un atentado suicida mató al comandante en jefe de la región militar del sur de Yemen, el general Salem Ali Qatan, artífice de la gran ofensiva contra las fuerzas de AQAP en Abyan. El  atentado se produjo un día después de la retirada de los insurgentes islamistas de Ansar al Sharia, afín a Al Qaeda, de la ciudad de Azán, en la provincia de Shabwa. Se trataba de uno de los últimos bastiones de los rebeldes después de semanas de campaña contrainsurgente. El 11 de julio, se produjo otro atentado, esta vez contra la Academia de Policía, también en Sana´a, con un balance de nueve muertos. El 11 de septiembre, un atentado contra el ministro de Defensa, que ya se libró del ataque de mayo, dirigido en parte contra él, dejó un balance de 12 muertos entre sus guardaespaldas.  La acción se llevó a cabo en pleno aniversario del 11-S, y al día siguiente de que el gobierno anunciara la muerte del número dos de AQAP, Said al Shahri. Y todo esto sucedió antes de que concluyera 2012.

Y sin embargo, a pesar de esa dura lista, a la que deberían añadirse algunos importantes atentados frustrados por las fuerzas de seguridad del gobierno, el trasfondo argumental que podemos leer en el reportaje de Bobby Ghosh, se mantiene.

La pieza comienza refiriéndose al memorial que han erigido las autoridades yemeníes en la plaza Saba´in. Cartelones con fotografías de las víctimas, del terror, de los miembros seccionados. En un quiosco, los visitantes pueden ver un videoclip en que se recogen los momentos previos a la explosión, el atentado, las víctimas gritando y muriendo.  Tiene razón Ghosh al afirmar que se trata de una reacción proco frecuente en aquellos países que han sufrido atentados terroristas de este calibre. Monumentos simbólicos y estilizados si, desde luego; pero no el recuerdo del horror en crudo.

Y el autor lo explica: durante una de sus últimas visitas al país, en 2010, muchos yemeníes veían a AQAP como algo lejano o poco consistente. Era producto de la paranoia americana, quizá. O, al menos, algo que no  les afectaba de forma directa. El presidente Saleh, otrora puntal de la política antiterrorista americana en la zona, desviaba la creciente ayuda de Washington para dotar a las unidades militares controladas por su hijo y su sobrino. Cada vez llegaban más fondos americanos, mientras que Saleh hacía cada vez menos contra Al Qaeda.

Mientras tanto, para los analistas americanos, Yemen amenazaba con devenir el nuevo Afganistán, un distante y agreste país, perdido en el mapa, desde el cual los yihadistas se esforzaban por atacar territorio americano. Es bien conocido el frustrado atentado en las Navidades de 2009, cuando un terrorista nigeriano, Abdul Faruk Abdulmutallab, intentó activar un artefacto incendiario en el vuelo comercial que se disponía a aterrizar en Detroit, procedente de Amsterdam. AQAP reivindicó la acción y explicó que el artefacto, a base de tetranitrato de pentaeritritol, que había logrado pasar por todos los controles aeroportuarios, había sido desarrollado por los muyahidines en los talleres de la organización en la Península Arábiga”, basada en Yemen. El intento alarmó tanto a  Washington, que en meses sucesivos se hicieron nuevos desembolsos y esfuerzos para mejorar la acción antiterrorista yemení. Pero no fue el único suceso que ligaba a Yemen con la seguridad de los Estados Unidos.

En el universo yihadista era bien conocida la figura de  Anwar al Awlaki, el carismático imán estadounidense  que desde Yemen se había convertido  en cerebro estratégico de Al Qaeda en la Península Arábiga. Él había sido el  instigador del fallido atentado de Abdul Faruk Abdulmutallab en el vuelo de Northwest Airlines a Detroit. También Awlaki había impulsado el segundo intento: paquetes bomba enviados por mensajería para que explotaran en aviones de carga, en Dubai y los Estados Unidos.  Una vez más, los artefactos, habían sido elaborados en Yemen, y enviados desde allí.

Pero Awlaki iba más allá. Tras pasar un tiempo en la cárcel por actuar como mediador en una disputa tribal, en el verano de 2008  abrió un blog en internet y sus comentarios teológico a la obra de Sayyid Qutb comenzaron a  hacerlo famoso entre la comunidad musulmana internacional. Sus admiradores y seguidores crecieron rapidez. También creó un perfil en Facebook. “Alhamdulillah que eres un sheik online” –le escribió un lector. Esta vía reforzó la atracción por Yemen de miles de musulmanes rigoristas, deseos de regresar a los ambientes del Islam más puro. Yemen ya era conocido desde siempre como bastión primigenio del Islam, pero Awlaki, que ciertamente escribía con soltura en perfecto inglés y árabe, atrajo hacia el islamismo radical a muchos jóvenes dispuestos a cualquier cosa; entre ellos, por ejemplo, al nigeriano Abdul Faruk Abdulmutallab. Pero también, al comandante estadounidense Nidal Hassan, autor del tiroteo que dejó 13 muertos en la base de Fort Hood (Texas), en noviembre de 2009.

El carisma de Awlaki alarmaba de forma creciente a los estadounidenses, que ya en diciembre de 2009 organizaron dos atentados consecutivos que dejaron unas 32 víctimas colaterales, sin conseguir liquidarlo. Al final, un ataque con drones terminó con su vida el 30 de septiembre de 2011, lo cual dio lugar a una viva polémica en los EEUU, dada la ciudadanía estadounidense de Awlaki.

Siendo Yemen terruño originario de los Bin Laden, polo místico de atracción para los creyentes musulmanes más exigentes, corazón de la cultura árabe más arcana, base de líderes como Anwar al Awlaki y de la AQAP, fundada en 2009, era comprensible el temor americano de que el país se convirtiera en una poderosa plataforma para atacar los Estados Unidos, incluso antes de que Al Qaeda se hiciera con el control, de Abyan. En realidad, llegados a  ese punto, paradójicamente, la amenaza empezó a decaer. Para entonces, los americanos ya habían puesto en marcha su plan de “yemenizar la guerra de Yemen”.

Francisco Veiga

(continuará)

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