La guerra de Yemen (1)

Fotografía de Yuri Kozyrev

La revista Time, dedica  una espectacular portada alusiva a la guerra de Yemen  en su número del 10 al 17 de septiembre. Sobre la fotografía de un soldado del Ejército yemení encaramado triunfalmente a un carro de combate destruido, se puede leer el titular: “¿El fin de Al Qaeda? Yemen está luchando y ganando. Por qué la victoria allí puede significar el final del sueño global de Bin Laden”. El reportaje, firmado por Bobby Ghosh, toma como referencia la recuperación de la provincia de Abyan por las fuerzas gubernamentales yemeníes e, indirectamente, sugiere algunas claves sobre el alcance del conflicto que está teniendo lugar en esa república arábiga.

El reportaje de Ghosh se publica en coincidencia con el aniversario del 11-S, pero también en plena campaña electoral por la Casa Blanca, en un momento en el que el presidente Barack Obama necesita exhibir resultados en política internacional, sobre todo en relación al islamismo radical en MENA.  La guerra de Siria, en la cual Washington ha puesto carne en el asador, parece estancada; y en cambio, el peso de las unidades de yihadistas ya se hace sentir, de forma incómoda, en el bando rebelde. En Irak también se vuelve a manifestar la presencia de los islamistas radicales, en forma de cadenas de atentados masivos. Y en lo que fue el norte de Mali, en África, los salafistas parecen estar consiguiendo crear su propio estado soberano: Azawad. Las cosas tampoco van bien en Afganistán, donde se suceden los ataques y atentados contras las fuerzas de la ISAF, y según cómo salgan  de ese escenario, en 2014, podría quedar en evidencia que la OTAN va a cosechar su primera derrota militar, y en la “tumba de los imperios”, para mas inri. De ahí que proclamar ahora una victoria contra AQAP (Al Qaeda en la Penísnula Arábiga) en Yemen posea una nada desdeñable trascendencia estratégica.

Y parece evidente que eso está sucediendo, al menos desde el  punto de vista militar. Porque en Yemen hay una guerra en marcha, y eso desde hace más de un año. La presencia de militantes de Al Qaeda en Yemen se remonta a los orígenes de la organización: no olvidemos que la familia paterna de Osama Bin Laden, comenzando por su padre,  era originaria de Hadramut, una de las regiones más castizas de Yemen. Y  procedía del valle de Tarim, importante foco religioso musulmán, donde reside el mayor porcentaje mundial  de descendientes directos de la familia del Profeta.

Sin embargo, durante el periodo de protestas y enfrentamientos internos que supusieron los meses de la Primavera Árabe en Yemen, desde mediados de enero a finales de enero de 2011, militantes armados de Al Qaeda aprovecharon para hacerse con el control de toda una provincia en el sur del país: Abyan, incluyendo su capital, Zinjibar (20.000 habs.). La operación fue posible porque las mejores unidades el Ejército yemení permanecían en la capital, Sana´a, implicadas en las luchas por el poder entre fuerzas de la oposición y partidarios del presidente Saleh.

La reconquista de esa zona se inició a raíz del acceso al poder por el nuevo presidente yemení que sucedió a Saleh tras su dimisión, en noviembre del año pasado.  Abdel Rabu Mansur Hadi, se reveló  como un hombre enérgico y eficaz. Logró organizar una fuerza militar de unos 20.000 hombres, compuesta por unidades del Ejército regular –incluyendo algunos medios blindados- y de la Guardia Republicana, con el apoyo creciente de combatientes irregulares, procedentes de las tribus del sur y de los denominados Comités Populares, constituidos en algunas localidades. Y sobre todos ellos, el apoyo aéreo de los estadounidenses, bajo la forma de una fuerza de drones con base en Camp Lemonier,  Djibuti, así como equipos de señalización y coordinación sobre el terreno, en Yemen. Aunque los aviones-robot habían estado desempeñando labores de reconocimiento sobre el sur del país ya desde comienzos de 2010, los ataques  selectivos con misiles se llevaron a cabo regularmente a lo largo de 2011, y se incrementaron espectacularmente desde la primavera del año siguiente, en coincidencia con la ofensiva por tierra de las fuerzas gubernamentales yemeníes contra los bastiones de Al Qaeda en Abyan.  Según llegaron a afirmar algunos analistas, los americanos trasladaron parte de su flota de drones desde Pakistán, donde los incidentes con el gobierno de aquel país habían llegado  a un tope crítico, debido al aumento de las víctimas colaterales en las misiones con aviones-robot contra objetivos talibanes en las áreas tribales de la frontera noroccidental. En Yemen sucedió –y sigo pasando- algo similar, por cuanto los ataques selectivos con drones han provocado un número elevado de víctimas civiles. Pero de momento el gobierno yemení sigue autorizando las acciones aéreas que han servido de paraguas a la ofensiva terrestre, y eliminando a importantes jefes de AQAP, como el ciudadano estadounidense de origen yemení Anwar al Awlaki, en noviembre de 2011; y  posiblemente, ayer mismo, a Said al Shahri, aunque todavía no esté claro si la autoría corresponde a los aviones no tripulados americanos o a  fuerzas yemeníes.

Ghosh le quita hierro al descontento social que están generando los ataques de los drones en Yemen, algo que se puede constatar cotidianamente por parte de muchos yemeníes que tuitean en la red, o incluso de corresponsales occidentales en ese país. Los drones se han convertido en una de las armas preferidas en el arsenal que asiste a las guerras de Obama, y ahora no es el momento de cuestionar su impacto o eficacia.

Pero el recurso a los aviones-robot no es la principal aportación estadounidense a la guerra de Yemen. Como le comenta el general Al-Taheri a Ghosh: “Ya no se trata de un desafío puramente militar. Es mucho más complejo. El tiempo de luchar con tanques ha pasado”.

Francisco Veiga

(continuará)

Representación cartográfica de los ataques con drones en Yemen, 2010-2012. Para consultar la infografía original, interactiva, pulsar aquí.

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