Las revueltas árabes: su impacto en Asia Central


Un soldado uzbeko vigila un hospital durante la sangrienta revuelta de Andijan, Uzbekistán, en 2005 – Artículo traducido del inglés por Javier Romero.

Las revueltas árabes: su impacto en Asia Central

James M. Dorsey, Middle East Online, 28 de agosto, 2012

El ascenso de las fuerzas islamistas durante la compleja transición posterior a las revueltas de Oriente Medio y del Norte de África podrían tener un impacto en los estados post-soviéticos del Asia Central, que están todavía pugnando por la transición a la democracia o que aún tienen que experimentar revueltas populares, según subraya James M. Dorsey.

Las escenas que se vivieron en la capital kirguisa de Bishkek hace dos años, recordaban a las de la plaza Tahrir de el Cairo de los últimos 18 meses. Una serie de masivas protestas antigubernamentales exigiendo el fin del gobierno autocrático derribaron al dirigente del país, pese a los intentos de las fuerzas de seguridad de aplastarlas. Las protestas allanaron el camino para la celebración de elecciones presidenciales que enfrentaron al antiguo primer ministro bajo el antiguo régimen a toda una serie de candidatos islamistas y no-islamistas.

Los votantes kirguises eligieron a su antiguo primer ministro, Almazbek Atambayev, para que fuera el primer presidente elegido democráticamente de Asia Central. Dos años más tarde, Mohamed Morsi, dirigente de la largamente ilegalizada Hermandad Musulmana, fue elegido presidente del Egipto post-revuelta. Aunque son resultados diferentes, las dos elecciones mostraban dos variantes de una cuestión fundamental a la que se enfrentan tanto el Asia Central como el Oriente Medio como el Norte de África: el ascenso de los partidos religiosos en su política y en su vida pública.

Décadas de descontento no resuelto en el Oriente Medio y en el Norte de África acabaron provocando un estallido en Túnez en diciembre de 2010,  que a su vez fue la chispa que desencadenó una oleada de revueltas populares que han derribado a los líderes de Túnez, Egipto, Libia y Yemen, alimentó una guerra civil en Siria y que ha hecho que otros líderes árabes se apresuren a tomar medidas para evitar ser el siguiente en caer.

En la región del Asia Central también bulle el descontento: allí, la mitad de la población tiene menos de 30 años, y los países que forman la región están en su mayoría bajo el gobierno de antiguos jefes del partido comunista los cuales, tras la caída y disolución de la Unión Soviética, se convirtieron en los presidentes de Kazajastán, Kirgizistán, Uzbekistán, Turkmenistán y Tayikistán. Dado que países como Turkmenistán y Uzbekistán se cuentan entre los peores infractores de las libertades elementales de todo el mundo, la región está sintiendo el impacto de las revueltas del mundo árabe.

No obstante, la continua represión de los críticos al régimen, incluyendo a los islamistas, y sus esfuerzos por restringir estrictamente las manifestaciones religiosas, no hacen sino acelerar la tendencia hacia un mayor papel público de la religión que se está viendo en Asia Occidental, tendencia ejemplificada por el éxito en Turquía del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) del primer ministro Recep Tayyip Erdogan, por el ascenso de los islamistas en Oriente Medio y en el Norte de África, así como la creciente influencia de los evangelistas cristianos en los Estados Unidos.

Una combinación inflamable

En un congreso interreligioso celebrado recientemente en Kazajastán, un participante cristiano, según cita el diario El Nacional de la República Árabe Unida, afirmó que: “La eliminación de la religión de la sociedad también supone la eliminación de los valores de la sociedad. Las sociedades ateas del siglo XX fracasaron y fueron barridas. La fe es un deseo natural del ser humano. Las sociedades que no reconozcan esto no son realistas. También acabarán fracasando”.

La represión de las fuerzas islamistas en las repúblicas del Asia Central de la antigua Unión Soviética sirve no sólo para mantener el gobierno autocrático en la mayoría de los estados recientemente independizados; también es un mecanismo, que, mientras dure, servirá para preservar la estabilidad de una región que tiene una larga frontera con Afganistán, Pakistán e Irán, países en los que la confluencia de religión y política ha producido una combinación inflamable.

Varias repúblicas del Asia Central han experimentado ataques de militantes islamistas llegados del otro lado de sus fronteras. Uzbekistán es la base de los yihadistas del Movimiento Islámico de Uzbekistán, mientras que Tayikistán está todavía padeciendo las consecuencias de cinco años de guerra civil. Un dirigente del Partido del Renacimiento Islámico (PRI), el principal grupo de la oposición en Tayikistán, ha sido asesinado recientemente, mientras que un segundo ha desaparecido en la región rebelde de Gorno-Badajastán.

Restaurando una imagen deteriorada

No obstante, el destino vivido por algunos de los líderes autocráticos de Oriente Medio y del Norte de África alberga un mensaje de cautela para los dirigentes del Asia Central, líderes cuya razón de ser es mantener sus poderes autocráticos pese a su mala gestión económica y a su corrupción generalizada. Algunos, como el presidente Islam Karimov de Uzbekistán, ven en el fútbol una forma de restaurar su deteriorada imagen, una táctica empleada también por los depuestos dirigentes árabes pero que acabó fracasando.

Karimov ordenó el año pasado la construcción de nuevos estadios, la apertura de escuelas de fútbol, y la ampliación de instalaciones de entrenamiento para jugadores y árbitros. El líder uzbeko esperaba aprovechar el que un club uzbeko hubiera ganado la Copa Asia el año anterior, y también contaba con los éxitos anteriores del equipo nacional uzbeko sub-17. Para cimentar este intento de atraer la atención de los focos, Karimov convenció al gigante futbolístico español Real Madrid para que abriera una escuela de fútbol en Tashkent.

Estas medidas sirvieron de poco para aplacar el descontento, en especial entre los aficionados al fútbol, frustrados por la corrupción en ese deporte. Los choques entre aficiones enfrentadas han tomado al régimen por sorpresa. En Guzar, las fuerzas de seguridad necesitaron un día para restaurar el orden después de disturbios causados por el fútbol que acabaron extendiéndose a la ciudad. Incidentes similares han tenido lugar en la capital tayika, Dushanbe. La celebración del centenario del fútbol uzbeko ha tenido que ser pospuesta repetidamente por los retrasos en la finalización del estadio insignia de Tashkent, el estadio Bunyodkor, de 35.000 espectadores, en medio de temores de que la afición no mostrarse el entusiasmo debido.

Maqueta del estadio de Bunyodkor en una recreación idealizada. El escudo del FC Bunyodkor está claramente inspirado en el del FC Barcelona

Kazajastán, el único país del Asia Central de renta per cápita media, vivió el año pasado su primer ataque suicida con bomba y varios ataques mortales contra agentes de policía, resultado de la represión de la religión y del deterioro de la economía. El descontento en el volátil valle de Fergana acabó contagiándose a las calles de la ciudad uzbeka de Andijan, donde murieron centenares de personas en las protestas masivas de 2005.

Al romper con sus vecinos centroasiáticos, el Kirgizistán post-revuelta [de 2010], al igual que los estados árabes después de su Primavera de revueltas, ha permitido a partidos y grupos islamistas operar abiertamente, con la intención de disminuir así su peligrosidad. La experiencia de Turquía muestra que conceder un espacio a los islamistas ha producido lo que muchos ven como un modelo a seguir para Oriente Medio y el Norte de África, y quizás incluso también para el Asia Central.

El ascenso al poder por medio de las urnas de los islamistas en Egipto y en Túnez está forzando a éstos a centrarse en los problemas económicos del país y en demostrar su capacidad de atraer a grupos laicos y no-musulmanes. Aunque todavía no hay un veredicto definitivo sobre la situación en Egipto y Túnez, esto refuerza los motivos de aumentar la presión internacional sobre los autócratas de Asia Central para que aflojen las riendas y progresen hacia una mayor transparencia y responsabilidad. Si esto acaba siendo así, tal vez podría convertirse en el impacto más duradero de las revueltas árabes en los estados post-soviéticos de Asia Central.
James M. Dorsey es profesor emérito en la S. Rajaratnam School of International Studies (RSIS), de la Nanyang Technological University. Ha sido corresponsal de prensa en Oriente Medio durante más de treinta años

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