Las tribus como objetivos

Un oficial de la policía egipcia inspecciona el escenario de un atentado contra jefes tribales en el Sinaí

Artículo traducido del inglés por Javier Romero. Los corchetes en el artículo son del traductor. En el original, el autor utiliza el término “militantes” para referirse a los grupos armados de extremistas islamistas que operan en el Sinaí. Algunos medios los definen como “milicianos”.

Ataques a jefes tribales: nueva táctica de la militancia en el Sinaí

Por Ashley Lindsey

El pasado 13 de agosto, el jefe tribal egipcio Jalaf al-Menahy y su hijo fueron asesinados por militantes [radicales islamistas], cuando los dos retornaban de una conferencia en el Sinaí oriental con otros jefes tribales de la zona. Según las fuerzas de seguridad del Sinaí, en esta reunión se denunciaron las actividades de la militancia [islamista radical] en la región. Al-Menahy, el mayor, era uno de los principales partidarios de reforzar la presencia de la península del Sinaí en el Parlamento egipcio y de aumentar la seguridad de la región. También era un importante jeque de la tribu de los sawarka, de la que se dice que es la más numerosa del Sinaí. Después del entierro, que tuvo lugar el pasado 13 de agosto, su tribu juró tomar venganza.

Se trata del primer caso de ataque de militantes contra jefes tribales del Sinaí de que se tiene noticia. Acaeció poco después del ataque contra las fuerzas de seguridad egipcias del 5 de agosto y del ataque contra controles militares en el norte del Sinaí del 8 de agosto.

Aunque la táctica de la militancia [extremista islámica] de atacar a jefes tribales es algo nuevo en el Sinaí, ha sido comúnmente empleada en otras regiones de conflicto de Oriente Medio y del sur de Asia como, por ejemplo, en Yemen, Irak y la región fronteriza de Afganistán-Pakistán. Aunque esta táctica puede ofrecer ventajas a dichos militantes –como por ejemplo debilitar a la tribu atacada hasta el punto de hacer que se una a su causa- semejantes ataques sólo acostumbran a tener éxito cuando se realizan en zonas en las que existe escaso control gubernamental, y contra tribus que no pueden tomar represalias eficaces. Por tanto, analizar ejemplos similares del empleo de esta táctica es una herramienta útil para evaluar las posibles consecuencias de los ataques contra las tribus de la península del Sinaí.

Una táctica ampliamente usada por los extremistas

Yemen

Al Qaeda de la península arábiga ha estado operando abiertamente y durante años en las provincias del sur y del este del país, zonas de dominio tribal. Con el fin de aumentar su presencia y sus operaciones, ha buscado ganarse a las tribus locales por medio de estratagemas como los matrimonios concertados.

En los últimos tiempos parece haber tenido lugar un cambio: se ha pasado de cortejar a los jefes tribales a intimidarlos. Al Qaeda en la península arábiga fracasó recientemente en su intento de asesinar al jefe tribal Majed al-Dhahab en la ciudad de Radda, en la provincia de Bayda. Al-Dhahab, importante caudillo local, participó en la ofensiva para expulsar a Al-Qaeda –y a su primo, jefe local de Al-Qaeda- de la región, después de que un grupo de militantes se hiciera con el control de Radda en enero. El hijo de Al-Dhahab recibió un paquete con instrucciones de entregárselo a su padre, sin saber que contenía una bomba. No obstante, el paquete le explotó en las manos el 4 de agosto, antes de haber podido entregarlo. Inmediatamente tras la muerte de su hijo, Alashkar

Al-Dhahab recibió una llamada telefónica advirtiéndole de que el grupo mataría a cualquiera que les hiciera frente.

A continuación, el grupo lanzó otro ataque contra las tribus el 5 de agosto. Un terrorista suicida hizo estallar un artefacto explosivo en Jaar, matando a 45 personas. Entre los muertos se encontraban diversos combatientes tribales que habían participado en la ofensiva del gobierno yemenita del pasado junio contra Al Qaeda en la península arábiga. Entre los heridos había un jefe tribal.

Las tribus de la región no han anunciado públicamente su intención de tomar represalias contra el grupo militante extremista. Probablemente responderán a los ataques de Al-Qaeda en la península arábiga si tienen la capacidad para ello. Pero las tribus podrían ser demasiado débiles para dar una respuesta efectiva, especialmente después de los ataques contra su estructura de liderazgo. Esto podría llevar a algunos miembros de las tribus a abandonar la lucha, lo que permitiría a los radicales a reemprender su actividad entre las poblaciones de la región, si así lo desearan.

Cuatro jefes tribales asesinados al estallar una bomba caminera a su paso por la provincia afgana de Helmand, situada en el sur de Afganistán

Irak y la frontera Afganistán-Pakistán

Aunque resulte algo nuevo en Yemen, durante la intervención estadounidense en Irak y Afganistán los extremistas recurrieron con frecuencia a la táctica de atacar a los jefes tribales. Y todavía es empleada habitualmente, en especial en la región fronteriza entre Afganistán y Pakistán. En un caso significativo, en 2007 Al Qaeda de Irak asesinó al Jeque Abdul-Sattar Abu Risha, importante jefe tribal sunita que había dirigido el Consejo del Despertar de Anbar. Aliado de los EE.UU., Abu Risha había formado el consejo, uniendo a docenas de tribus sunitas de la provincia para luchar contra Al Qaeda en Irak. Su asesinato resultó contraproducente para los militantes radicales, pues generó un torrente masivo de simpatía por Abu Risha, que hizo que las tribus de la provincia jurasen combatir hasta la muerte contra Al Qaeda en Irak.

En el sur de Afganistán y en el noroeste del Pakistán, los talibanes afganos están profundamente insertados en el sistema tribal. Han empleado eficazmente la táctica de asesinar a jefes tribales para eliminar obstáculos a sus operaciones y a su progreso. Con este fin, emplean habitualmente operaciones suicidas, asaltos armados y bombas en las carreteras contra las milicias anti-talibanas conocidas como lashkars, y contra los jefes tribales del noroeste del Pakistán.

Una de las regiones particularmente afectadas por tales ataques es Bajaur, una agencia [subdivisión territorial] pakistaní que bordea con la provincia afgana de Kunar. Después de numerosos ataques contra los jefes tribales y los miembros de los comités de paz de Bajaur, la tribu mamond anunció el pasado 25 de julio que sus jefes tribales habían formado un lashkar para detener los ataques provenientes del otro lado de la frontera. Centenares de ancianos, jefes y representantes religiosos de diversas sub-tribus y comités de paz se comprometieron a dar apoyo a esta milicia. Como ya había ocurrido con el asesinado de Abu Risha, los ataques de los talibanes afganos contra las tribus de la región y sus jefes animaron una respuesta ferozmente unitaria por parte de numerosas tribus, hasta el punto que la milicia ha anunciado estar dispuesta a entrar en Afganistán para atacar a los jefes talibanes.

Ventajas y desventajas de una táctica

Los grupos militantes atacan a los jefes tribales para aumentar su influencia y área de operaciones. Bajo la perspectiva de éstos, eliminar a un jefe tribal debilita a la tribu atacada. Esto podría poner fin a la resistencia de la tribu e incluso hacer que esta se una a la causa del grupo debido al vacío de poder provocado por el ataque. Este debilitamiento de la tribu podría dejarles sin otra elección que permitir al grupo armado operar sin trabas por su territorio. Así, aún cuando los jefes tribales asesinados sean sustituidos y que la estructura de liderazgo permanezca intacta, los jefes tribales de la región podrían llegar a ser persuadidos para que sean más tolerantes con la presencia de militantes en su territorio.

A largo plazo, un grupo de  militantes extremistas islámicos tendrá éxito si se dan dos condiciones. En primer lugar,  deben actuar en una región en la que exista una red de patronazgo tribal y un control gubernamental limitado. Si no existe una red de este tipo, los ataques contra los jefes tribales con el fin de atraer a su causa o intimidar a las tribus, no conllevarán efectos beneficiosos de importancia. En Yemen, por ejemplo, la red de patronazgo tribal es muy fuerte y en muchos casos tiene más legitimidad y poder que el gobierno. Los ataques contra los caudillos tribales, por lo tanto, vienen a ser equivalentes a ataques contra el gobierno local. Por una parte, esto puede hacer que las redes tribales se unan y rechacen como una única comunidad las actividades de los militantes extranjeros. Pero, por otra parte, si Al Qaeda en la península es capaz de presionar a una tribu hasta hacer que se alinee en sus filas, el grupo militante radical disfrutará entonces del uso de los recursos de esa tribu, ganará capacidad para planear y lanzar ataques en dicha región, y podría incluso mejorar sus relaciones con las tribus vecinas.

En segundo lugar, el grupo debe tener capacidad militar para aplastar a la tribu atacada y a sus aliados, o al menos la suficiente para imponerse militarmente. Como puede verse a raíz del ejemplo iraquí, asesinar a Abu Risha resultó contraproducente porque su tribu era grande, leal y  fuerte, y además tenía el apoyo de varias tribus aliadas sunitas que pertenecía a su Consejo de Despertar de Anbar.

La táctica de atacar a los jefes tribales implica, pues, ciertos riesgos. Cuando las dos condiciones mencionadas no se cumplen, atacar a jefes tribales le supone al grupo militante radical exponerse a mayores peligros.

Las consecuencias del asesinato del Sinaí

La península del Sinaí cumple con las dos condiciones: control gubernamental limitado y  fuertes redes tribales. Por tanto, la pregunta que queda por responder es si las tribus del Sinaí podrán concentrar fuerzas suficientes como para atacar a los militantes. Durante las próximas semanas, deberemos buscar indicios de las represalias anunciadas por la tribu sawarka de al-Menahy y por sus tribus aliadas. Estas represalias podrían venir en forma de ataques contra los militantes que atraviesen el territorio de los sawarka y de sus aliados.

Las represalias tribales también podrían adquirir la forma, menos agresiva pero no menos efectiva, de suministrar apoyo logístico e inteligencia al gobierno egipcio. El mayor número de armas incautadas y el arresto de líderes principales parecen indicar que las fuentes de información tribales están suministrando inteligencia a El Cairo. Ya ha comenzado una campaña dirigida contra los extremistas: el 15 de agosto, aviones egipcios bombardearon las montañas de El Arish. La inteligencia para realizar dichos ataques probablemente procedía de tribus locales.

El éxito de las campañas de las fuerzas de seguridad egipcias y de las tribus contra los radicales determinará si éstos calcularon mal sus posibilidades en el Sinaí al atentar contra un jefe tribal principal. La resistencia de los militantes extremistas del Sinaí también nos ayudará a determinar si tienen capacidad de seguir orquestando ataques contra Egipto e Israel.

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