Bosnia: gobierno y, de nuevo, crisis (y 3)

Manifestantes del grupo bosnio Akcija Gradjana (Acción Cívica) durante una manifestación celebrada en 2009 ante la base de la OTAN en Butmir. Lucen enormes caricaturas de los principales líderes políticos de bosnia-Hercegovina, cual “cabezudos”. De izquierda a derecha: Zlatko Lagumdzja, Milorad Dodik,  Dragan Covic y Sulejman Tihic. Las últimas elecciones, con todos sus vaivenes de pactos y apaños, podrían significar, sin embargo, la desestabilización de los grandes clanes de la política bosnia, que han  contribuido a mantener paralizado al estado. Alfredo Sasso termina, con esta entrega, su detallado y novedoso recorrido sobre la evolución política de la nueva Bosnia-Hercegovina.

SDA: ¿debut en la oposición después de 22 años?

Si el nuevo pacto HDZ-SDP-SBB sumará los escaños necesarios para gobernar, sería la primera vez en la historia de la Bosnia Herzegovina democrática (es decir, desde 1990) en la que el Partido de Acción Democrática (SDA, nacionalista bosníaco) se encuentraría en la oposición, tanto a nivel nacional como en el de la de la Federación de Bosnia y Herzegovina. Los costes de la operación para el SDA no serían sólo políticos. La salida del poder implicaría la pérdida de financiaciones públicas que obligaría el SDA a despedir unos 3.000 funcionarios y empleados, y una probable huida de cuadros y militantes hacia sitios más prósperos (como el SBB, el partido de Radončić). Cabe señalar que el SDA se inspira en el modelo de un partido conservador clásico con raíces territoriales profundas (sobre todo en las zonas rurales), un liderazgo constante desde hace años, una vasta burocracia interna (que en varias ocasiones coincide con las mismas instituciones, por la larga permanencia en el poder). No es casual que, a nivel internacional, el SDA esté afiliado al Partido Popular Europeo. Al contrario, el SBB se presenta como un movimiento de-ideológizado y personalista, con una organización “ligera” (de momento).

La exclusión de la mayoría podría encender de nuevo el conflicto interno al SDA entre el ala moderada que se reconoce en Sulejman Tihić, actual presidente del partido, y el ala conservador liderada por Bakir Izetbegović, miembro de la Presidencia del país. En este caso, los conservadores serían favorecidos, en cuanto atribuirían la responsabilidad de la crisis a la linea “dialoguista” representada por Tihić, desde siempre partidario de la alianza con el SDP.

Por ahora, la crisis de gobierno parece haber acercado SDA al SBiH (el “Partido Para Bosnia Herzegovina”), liderado por Haris Silajdžić. Las dos fuerzas han firmado una alianza de cara a las elecciones locales que se llevarán a cabo en octubre. Es posible que en el futuro SDA y SBiH, a pesar de haber sido tradicionales rivales en el campo bosníaco, harán frente común en contra del SBB de Radončić, que pone en peligro la hegemonía de ambos.

Quo vadis, Zeljko?

La desorientación ideológica del Partido Socialdemócrata (SDP) se ha visto agravada por el abandono de Željko Komšić, actual vice-presidente del partido y miembro bosniocroata de la Presidencia colectiva. Komšić dejó el SDP el pasado lunes por su desacuerdo con respecto a la línea del partido sobre la aplicación de la sentencia “Sejdić-Finci” dictada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en diciembre de 2009. Esta denunció la discriminación de la Constitución de Bosnia-Herzegovina contra los llamados “Ostali” (“Otros”), es decir, los ciudadanos bosnios que no pertenecen a ninguna de las tres naciones “constituyentes” del país (bosníaca, serbia y croata). De acuerdo con la Constitución actual, los “Otros”, a pesar de ser ciudadanos del país, no pueden candidarse para la Presidencia, ni para la Cámara de los Pueblos – una de las dos Cámaras del Parlamento – Las reformas constitucionales que se tendrán que llevar a cabo para la adopción de la “Sejdić-Finci” constituyen un paso decisivo para Bosnia y Herzegovina en el proceso de integración en la UE.

El líder del SDP Zlatko Lagumdžija (ya en colisión con Komšić desde hace tiempo) había llegado a un acuerdo con Dragan Čović, líder del partido nacionalista croata HDZ, para reformar el sistema electoral en la Federación de Bosnia y Herzegovina que implemente la “Sejdić-Finci”. Esta reforma prevé, para 2014, la creación de dos distritos electorales separados para los croatobosnios y bosníacos. Este compromiso reforzará la división étnico-nacionalista del país, o sea todo lo contrario de lo que prescribe la Sejdić-Finci. Sin embargo, paradójicamente, la propuesta Čović-Lagumdžija eludiría el obstáculo de la Sejdić-Finci: la elección de los presidentes no se produciría de forma directa como en la actualidad, sino por via parlamentaria, y las cámaras serían elegidas según el principio de “una persona un voto” sin criterio de pertenencia étnica, lo que aseguraría (aunque solo formalmente) el derecho de representación política para los “Otros” de Bosnia-Herzegovina.

Según Komšić, este complicado truco del pacto Lagumdžija- Čović discrimina a las minorías y viola los derechos ciudadanos. Pero el abandono de Komšić al SDP también es el resultado de una larga batalla interna entre él y Zlatko Lagumdžija (respectivamente numero 2 y número 1 del partido). En el marzo pasado, el (ya ex) vicepresidente del SDP amenazó con dejar el partido debido a los desacuerdos con Lagumdžija, pero retiró con inmediato su decisión.

Esta vez, un nuevo paso atrás de Komšić parece muy improbable. El liderazgo de Lagumdžija en el partido está cuestionado por su conducta despótica y autoritaria. Así Komšić se ha visto obligado a salir de su escondite, para no comprometer su consolidada popularidad: es ampliamente considerado un político “limpio” y transparente, no implicado en casos de clientelismo y corrupción. En la última elección presidencial, Komšić obtuvo 337.000 votos en total (más que cualquier otro candidato en la Federación), 70.000 más que el SDP, una señal de que su popularidad va más allá de las fronteras de su (ex)-partido. Una anécdota: en las conmemoraciones de la resistencia partisana yugoslava que se llevan a cabo en Bosnia, a lado de los iconos del Mariscal Tito, también se venden gadgets con la cara de Željko Komšić. Este último tenía dos caminos por delante: desafiar a Lagumdžija dentro del SDP para intentar conquistar la hegemonía del partido; o más bien dejar el SDP y buscar el ataque en solitario. La primera opción se reveló difícil, por el escaso apoyo recibido por el resto de la leadership socialdemocrática, aún muy fiel al líder. Así Komšić prefirió abandonar el barco a la deriva, pero aún no sabemos adonde desembarcará. ¿Fundará un nuevo movimiento? Según insistentes rumores, liderará un “Partido de los Ciudadanos” junto con otros tránsfugos del SDP. Lo que parece probable es la derrota a la que el SDP se enfrentará en las próximas elecciones locales de este otoño. El partido sufrió una tal hemorragia de dirigentes, de militantes y sobre todo de credibilidad hacia sus electores, que parece incontrolable.

Caos ideológico y derrota ciudadana

De cara de esta crisis, la reacción más común es de confusión y incomprensión para este caos de trucos, reglas (no) escritas, subterfugios. Una vez más, se muestran dos aspectos constantes de la política bosnia: 1) la maquinosidad del sistema institucional, un conjunto intrincado de mayorías, vetos e influencias extra-institucionales, bajo la omnipresente clave étnico-nacional de repartos de poder; 2) el descarrilamiento ideológico de los partidos. El ejemplo más obvio es el del SDP, que primero firma una alianza con los “etno-clero-capitalistas” de SBB y los nacionalistas de HDZ, pero al día siguiente invita en la coalición nada menos que Naša Stranka (“Nuestro Partido”), la fuerza más intransigéntemente cívica y anti-nacionalista que existe actualmente en Bosnia. (Por cierto, Naša Stranka se negó, y sin pensarlo mucho).

La crisis de gobierno alimenta la crónica parálisis política del país, pero sobre todo la frustración de los ciudadanos de Bosnia-Herzegovina, que miran a la política con creciente desánimo. Sin embargo, esta decepción no logra convertirse en una reacción espontánea contra la corrupción, el incivismo y la irresponsabilidad de la clase política. Así, en las próximas elecciones locales es posible que el status quo no salga castigado sino, una vez más, ratificado.

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