El fenómeno tribal en Yemen

El jeque Sadeq al-Ahmar, líder de la poderosa tribu Hashid, por el centro de la capital yemení, Sana´a, en mayo de 2011

El fenómeno tribal en Yemen: sustrato histórico del poder de las tribus

Leyla Hamad Zahonero 
Doctoranda en el programa de Estudios Internacionales Mediterráneos de la Universidad Autónoma de Madrid

Revista de Estudios Internacionales Mediterráneos
Taller de Estudios Internacionales Mediterráneos
ISSN: 1887-4460
nº2 mayo-agosto de 2007

“El estado forma parte de las tribus. El pueblo yemení es una colección de tribus” Presidente Ali Abdallah Saleh Octubre 1986[i]

En muchas sociedades árabes e islámicas las tribus continúan siendo las principales unidades de organización social. Con la introducción del estado se creía que poco a poco las tribus serían absorbidas e integradas en el sociedad moderna y que terminarían desapareciendo como tales. Sin embargo, en la actualidad podemos constatar que existen muchos países en los que los lazos tribales permanecen casi intactos y en los que las tribus se erigen como verdaderos centros de poder con una importantísima significación en el ámbito político-social.

Los nuevos estudios antropológicos han permitido demostrar que las tribus no sólo no tuvieron necesariamente que dejar de existir porque se formaran estados[ii], sino que además, en muchos casos fueron determinantes en la construcción (aunque también en la destrucción) de imperios, así como su apoyo o su oposición a la autoridad central fue decisiva para acelerar o ralentizar el proceso de construcción estatal.

Frente a la idea defendida por autores como Patricia Crone de que entre las tribus y los estados se establece siempre una relación directa de incompatibilidad[iii], en la actualidad los estudios de autores como Tapper, Khoury o Beck revelan, no sólo que las tribus y los estados pueden convivir en un mismo tiempo, sino que entre ambas entidades pueden establecerse múltiples tipos de relación que oscilan entre la rivalidad y la alianza, la división y el continuismo y el clientelismo y el centralismo. Todos estos tipos interrelación se pueden resumir en torno a dos ejes: cooperación y confrontación . No obstante es importante recalcar que las dinámicas de confrontación y de cooperación de las relaciones entre tribus y estado no son ni permanentes ni excluyentes y por lo tanto pueden sucederse e incluso compartir espacio y tiempo.

Aunque las relaciones entre estado y tribu se materialicen en cooperación o confrontación, la pulsión existente entre ambas entidades es, según Tapper, de tensión constante. Esto se debe a que las tribus y los estados imponen modelos de lealtad muy diferentes; mientras que las tribus dan primacía a los lazos de parentesco, el estado insiste en la lealtad a la autoridad central[iv]. Sin embargo lejos de debilitar a las tribus, la tensión con el estado fortalece el sistema tribal. Y es que en las sociedades segmentarias la lucha, la oposición y la tensión no generan un menoscabo del modelo sino que, al contrario, lo refuerzan[v].

En todo caso la tensión a la que hace referencia Richard Tapper no implica un verdadero desafío sino más bien un estado latente de hostilidad potencial que raramente eclosiona y que sirve de motor de cohesión al grupo tribal[vi] En la mayoría de las sociedades árabes o islámicas en las que existe una presencia tribal, el enfrentamiento entre tribus y estado no ha sido total. Sírvanos de ejemplo el caso de Marruecos: a pesar de la existencia de un área reconocida como bilad as-siba —tierra de la disidencia— opuesta al bilad al-majzén —tierra controlada por el sultán en la que las tribus se negaban a reconocer autoridad fiscal del gobierno—, no existía un verdadero desafío al estado ni una auténtica vocación de derrocar al gobierno del sultán[vii]. Aunque existieron revueltas tribales su objetivo no era en ningún caso destruir al estado, sino que buscaban o expresar las quejas de la población, fomentar la participación política de los líderes locales, o consolidar la autonomía de un área siba[viii]

En este sentido es importante recalcar que las tribus no son unidades autárquicas sino que dependen de las ciudades —el poder político— y los mercados —el poder económico—[ix]A pesar de que muchas veces se conciben las tribus como grupos marginales y aislados independientes y separados del estado esta visión es incorrecta. Como afirma David M. Hart, si por algo se caracteriza a la tribu musulmana es por su anti-aislamiento. Los miembros de las tribus son plenamente conscientes de que forman parte de una entidad política más amplia y heterogénea y, si en algunas ocasiones optan por el aislamiento, éste se realiza de modo voluntario con la intención de mantener separada su identidad tribal[x]

Por otra parte, teniendo en cuenta que en estos países las tribus cuentan con un poder y una capacidad de influencia social muy alta (generalmente muy superior a su número de adeptos), los diferentes estados no pueden simplemente ignorar el fenómeno tribal que tiene lugar dentro de sus fronteras[xi] Además, en el caso concreto de Yemen, el peso social y militar de las tribus ha imposibilitado que las élites políticas pudieran marginar, limitar o eliminar el fenómeno tribal en el país. Como veremos más adelante, aunque algunos gobernantes trataron de frenar el poder de las tribus siempre fracasaron en este empeño. Y este motivo les causó, si no la muerte física, la muerte política.

¿En qué se basa el poder de las tribus en Yemen? A lo largo de la historia yemení diferentes regimenes (fueran estos débiles o no) se han visto obligados a apoyarse en las tribus para poder mantenerse en el poder. A cambio de pequeños estipendios, libertad en el pillaje y otros mecanismos de pago, las tribus fueron poco a poco reforzando su poder. Sin embargo, como veremos más tarde, fue la injerencia de la potencias extranjeras durante la guerra civil de 1962 las que acabaron por reforzar a las tribus, invistiéndolas de un poder tal que las convirtieron en elementos prominentes de la escena política yemení.

Aun así no se puede explicar el poder de las tribus sólo acudiendo a factores históricos de acumulación de poder. Y es que las tribus gozan de una inquebrantable lealtad que le es conferida por el propio sistema. Como afirma Ernest Gellner, los hombres de tribu poseen una especial y natural predisposición a someterse a la “ética de la lealtad”[xii] y esto es así porque su ideología se basa en la fidelidad al vínculo de parentesco[xiii].

Además de esta tendencia de lealtad a la tribu inmanente al propio sistema, en la actualidad existe otro factor que la fomenta: en algunas regiones de difícil control para el gobierno, el estado no logra proveer las infraestructuras básicas y son las tribus las que han asumido la cobertura de los servicios mínimos. El hecho de que las tribus cubran satisfactoriamente los servicios sociales supone un foco de nuevas lealtades[xiv].

Incapaces de eliminar el poder de las tribus, en algunos países árabes e islámicos los gobernantes se han visto obligados a establecer alianzas para poder mantenerse en el poder. De hecho, como señala Waterbury, los políticos de los países en los que existe el fenómeno tribal gozan de una flexibilidad política característica adquirida por la práctica de establecer hasta las más improbables alianzas[xv] El actual presidente de Yemen ha demostrado ser un verdadero ingeniero en este ámbito.

Pero el recurso a la alianza como mecanismo de paz social no ha sido suficiente. En algunos países como es el caso de Marruecos y Yemen, la autoridad central se ha visto obligada a reforzar los canales de comunicación con las tribus y a fomentar la integración de las mismas en el sistema. Para ello han tratado de ganarse la adhesión y la lealtad de las tribus por medio de la captación de sus líderes.

Steve Caton advierte que la estrategia de integrar a las tribus en la estructura estatal por medio de la acomodación de sus líderes es un arma de doble filo ya que, las tribus pueden salir reforzadas y según el autor, en un momento de debilidad del estado podrían usar su creciente poder para desafiarlo[xvi].

Sin embargo la estrategia adoptada por el presidente de la República Ali Abdallah Saleh más que reforzar el sistema tribal puede menoscabarlo. Con sus políticas de captación Saleh está desvinculando a las élites tribales de sus seguidores y esta táctica a largo plazo podría resquebrajar la compleja red de alianzas que a día de hoy sustentan su poder.

El presente artículo pretende realizar un pequeño repaso a la evolución de las tribus en Yemen y a su relación con el estado, con el fin de detectar cuál es el sustrato histórico del poder de las tribus en Yemen, además de revisar las políticas de los diferentes regimenes respecto a las tribus y cuáles han sido sus consecuencias.

Las tribus en el Yemen antiguo.

En el Yemen antiguo las tribus mantenían con el poder central una relación de cooperación. De hecho, fueron partícipes y protagonistas en la fundación estructural de los grandes reinos como Ma´ian, Saba o Himyar. Algunos de ellos, tras establecer alianzas con otras tribus, se proclamaron reyes. En estos reinos monarcas y tribus gobernaban conjuntamente pues el rey estaba obligado a conseguir el refrendo del Consejo Consultivo compuesto por las tribus para decidir sobre los principales asuntos públicos; impuestos, propiedad de la tierra o regulaciones en agricultura[xvii]. En esta época las tribus y el poder central eran interdependientes unos de otros. Cuando estos reinos colapsaron, con la fragmentación del poder en unidades pequeñas fue cuando las tribus adquirieron una creciente independencia respecto al poder central.

Sin una autoridad centralizada las tribus tuvieron que aprender a gestionar el uso de la tierra. En el Norte, su carácter árido e infértil hizo que la guerra se impusiera como mecanismo de control de los recursos escasos mientras que en el Sur las áreas fértiles propiciaron el establecimiento de pequeñas entidades políticas como sultanatos, emiratos y principados. Mientras las tribus del Norte debían apoyarse unas en otras en busca de protección, en el Sur las tribus fueron separándose y aislándose. Esta dinámica divergente entre Norte y Sur se incrementó aún más con los diferentes regímenes que se establecieron en las dos regiones; el Imanato zaydí y la República en el Norte, y el colonialismo británico y el gobierno comunista en el Sur.

El Norte de Yemen

Con motivo de una disputa tribal entre una tribu de Najran y otra de Saada ambas tribus decidieron invitar a un reconocido sheij zaydí; el sheij Yahya bin al-Husayn al-Hadi ila-l-Haqq para que mediara en sus conflictos. Al-Hadi ila-l-Haqq, haciendo eco de la doctrina del llamamiento a la alianza de la doctrina zaydí, hizo campaña por establecer en la región un Gobierno Islámico. De este modo fundaba en el 893 el primer estado zaydí en el Yemen del norte, inaugurando un sistema político que perduraría más de mil años.

Si atendemos a la propia doctrina zaydí pronto advertiremos en ella una especial propensión a la inestabilidad política. Y es que en el zaydismo el Imam obtiene la legitimad por medio de la llamada a la alianza — da´awa— y el levantamiento — Jujuy — contra el gobierno opresor. Un gobernante, para constituirse como tal, debe buscar legitimidad social y apoyo militar. Como afirma Stookey, los dos elementos sobre los que se apoya el Imam son, la legitimidad moral basada en la persuasión de los ulema y el poder militar basado en el apoyo de las tribus[xviii].

Los Imames no podían subsistir sin la ayuda de las tribus, que eran alternativamente adversarias y sustentadoras de sus regímenes y el reiterado recurso a las tribus para solicitar su ayuda acabó reforzando su sistema[xix] y convirtiéndolas en elementos molestos pero imprescindibles para los Imames ya que de ellas dependía su éxito o fracaso.

Los Imames de la dinastía Qasimi (siglo XVI-XIX) se vieron obligados a atraer a las tribus a su órbita e introducirlas en una compleja red de alianzas. Su poder era muy débil y requerían del apoyo continuo de las tribus para sobrevivir. A cambio de la ayuda prestada las tribus exigían estipendios — muqarrarat — y la concesión de pequeños feudos — qit ´ aat —. Como en un círculo vicioso las tribus cada vez eran más ricas y poderosas y por lo tanto se hacían más peligrosas frente a los Imames..

La dinastía Hamid al-Din (1904-1962) optó por un tipo de política respecto a las tribus muy diferente. Aunque seguían siendo necesarias para la perpetuación en el poder, los Imames de la nueva dinastía eran conscientes del desafío que el poder de las tribus representaba para su autoridad, por lo que, a diferencia de sus antecesores, mucho más condescendientes, gobernaron a las tribus con mano de hierro. Los Imames necesitaban que las tribus fueran lo suficientemente poderosas para que les ayudar en la lucha contra sus rivales pero al tiempo su poder debía estar debilitado para que no representaran un desafío a su autoridad. Tampoco podían permitirse un sometimiento total de las tribus pues les hubiera supuesto enfrentamiento frontal al que no habrían podido hacer frente. Por este motivo y para asegurarse el control de las tribus (pero no su oposición) cursaron una política de “palo y zanahoria” basada en una “inteligente combinación de diplomacia, coerción, subsidios y sistema de hospedaje”[xx]

Para lograr la sumisión de las tribus emplearon dos técnicas: por una parte el sistema de hospedaje o de rehenes —sistema de al-Rahina — que consistía en retener en la capital a los hijos y hermanos de los principales sheijtribales. Si las tribus se oponían o desafiaban a la autoridad del Imam, éste ordenaba el asesinato de los “huéspedes” y el conocido sistema del “divide y vencerás” por el cual los Imames fomentaban y potenciaban los conflictos intratribales para general desunión y para menoscabar sus recursos.

No obstante, los Imames no se podían permitir tan sólo llevar a cabo políticas represivas respecto a las tribus sino que también debían gestionar políticas favorables para evitar que éstas se enfrentaran a su sistema. Con este fin, los Imames abonaban estipendios a las principales figuras tribales y permitían, como recompensa a la ayuda prestada por las tribus en las campañas militares, el pillaje de las ciudades conquistadas durante tres días. En este contexto las tribus mantuvieron una actitud desafiante frente al Imam, aunque alternaban dinámicas de confrontación con las de cooperación.

En septiembre de 1962, un golpe de estado con participación tribal ponía fin a mil años de reinado zaydí. La proclamación de la República Árabe Yemení suponía el inicio de una larga guerra civil (1962-1970) entre monárquicos y republicanos en la que las tr ibus adoptaron un interesantísimo rol. Y es que mientras unas tribus optaron por el bando monárquico y otras por el republicano, un gran número de ellas simplemente cambiaban de bando en función de sus intereses[xxi].

Hay que tener en cuenta que tanto Arabia Saudí como Egipto mantenían intereses en la región. Arabia Saudí, que temía un cambio desestabilizador en la región con el paso del Imanato a la República optó por apoyar a los monárquicos, mientras que Egipto, que rivalizaba con por el liderazgo regional y que sustentaba cualquier iniciativa que recogiese lo principios del nacionalismo árabe decidió apoyar a los republicanos. Ambos países financiaban y proveían de armas a aquellos que quisieran unirse a sus filas. Esta oportunidad no fue desaprovechada por las tribus y muchas de ellas cambiaban de bando con el fin de enriquecerse y fortalecerse.

La participación de las tribus durante la guerra fue muy significativa y tuvo importantísimas consecuencias en el sistema político yemení. Tras ocho años de financiación saudí y egipcia, las tribus salieron del conflicto bélico muy reforzadas tanto armamentística como económicamente. Esto les permitió establecerse como fuerzas sociales independientes capaces de influir en el sistema político[xxii] Hasta el momento las tribus habían gozado de una relativa fuerza y una significativa capacidad de incidencia en la evolución política del país. Sin embargo tras el conflicto irrumpieron en la escena política y se consolidaron como fuerzas sociales imprescindibles en los procesos de toma de decisión y negociación política. Nuevas instituciones como el Consejo Consultivo sirvieron como plataforma expresión política a las tribus, que tras la guerra se erigieron como la una nueva clase dirigente y tribal[xxiii]

El presidente Ibrahim al-Hamdi (1974-1977) en su intento por modernizar el país se enfrentó a las tribus. La disolución del Consejo Consultivo fue interpretada por como un intento por reducir la presencia de líderes tribales en las esferas de toma de decisión política y las tribus no estaban dispuestas a perder su capacidad de influencia recientemente conquistada. Como afirma Abu Ghanim, “el intento por controlar la sociedad tribal por medio de la burocracia moderna, llevó a la consolidación de la influencia tribal en formas modernas”[xxiv]. Y es que no sólo al-Hamdi no logró erradicar el poder de las tribus, sino que introdujo los métodos tribales en el escenario político. El presidente fue asesinado en 1977.

En julio de 1978 Ali Abdallah Saleh accedía al poder. Debido a la alta inestabilidad del país, la CIA pensó que, como sus dos antecesores, no sobreviviría a esa primavera. Sin embargo, no sólo sobrevivió entonces, sino que hasta la actualidad Saleh se erige como presidente de la nación. Muchos autores coinciden en señalar que el nuevo presidente tomó nota de lo ocurrido con al-Hamdi y, en lugar de intentar controlar y marginar a las tribus, trató de atraerlas hacia su órbita[xxv] y para mantenerse en el poder optó por una inteligente combinación de sistema de recompensas y sanciones, en la que, por medio de los nombramientos a dedo lograba captar a importantes figuras de la escena social yemení y por medio de los castigos ejemplares, mostraba con firmeza lo que puede ocurrir en caso de enfrentamiento con su gobierno. Los líderes tribales constituyeron el principal objetivo de la captación, ya fuera en el restablecido Consejo Consultivo, o en su propio partido político; el Congreso General del Pueblo (CGP).

El Sur de Yemen

La presencia británica desde 1839 en el Sur del Yemen fue importantísima en la evolución de las tribus. Hablar de la colonia británica exige diferenciar entre Adén (pieza clave del imperio por su ubicación geoestratégica) y de las tierras interiores (que servían como amortiguadores para proteger Adén). Esta disparidad en la importancia de ambas regiones determinó las políticas de los británicos respecto a las tribus. Mientras que en Adén, trataron de eliminar el influjo tribal para modernizar la ciudad y crear una identidad ciudadana, en las tierras interiores fortalecieron el sistema tribal por medio de los acuerdos eternos de amistad y protección , firmados con los principales sheij de la región .

El proceso de detribalización iniciado por los británicos en Adén se mantuvo por lo líderes independentistas del Frente de Liberación Nacional ya que estos defendían un modelo social en la que las tribus, según sus propios dirigentes, no tenía cabida. Por este motivo crearon los “Comités de Reforma para las Tribus”, unos organismos que pretendían difundir la conciencia nacional como mecanismo para erradicar los conflictos intratribales. Ante la oposición de las tribus dichos comités se transformaron en comisiones encargadas de la resolución de conflictos. Los nacionalistas no podían enfrentarse a las tribus mientras luchaban por su independencia, pero una vez alcanzada sus políticas contra las tribus se endurecieron.

La nueva élite política, consideraba a las tribus un retraso y las identificaban con el feudalismo[xxvi]. Por este motivo el nuevo régimen se embarcó en una serie de leyes y medidas cuyo objetivo era debilitar el poder de las tribus: la ley de Prohibición de la Venganza , la Nueva Ley de la Familia que atacaba el principio de jerarquía patriarcal típico del modelo tribal, varias campañas de desarme, programas de asentamiento de nómadas y la expulsión del país de líderes tribales acusados de ser agentes de potencias extranjeras[xxvii]

Sin embargo estas medidas contra las tribus no dieron los frutos que se esperaban. A pesar de que el aparato estatal trató de construir una identidad y una sociedad basada en la ideología socialista, las diferencias y divisiones tribales y regionales persistieron y, las prácticas tribales resurgían rápidamente en los momentos de conflicto abierto[xxviii]

El Yemen unificado

Siempre existió una voluntad unificadora por parte del Yemen del Norte y del Sur puesto a que ambos países reconocían al pueblo yemení como un único pueblo separado por coyunturas históricas y políticas. Sin embargo el principal problema para llevar a cabo la unificación radicaba en el hecho de que debían fusionarse dos modelos políticos muy diferentes, casi antagónicos, y ninguna de las dos partes quería someterse a la contraria. A principios de los años 90, motivados por un contexto político y económico propicio, la unificación se efectuó.

Los años inmediatamente posteriores a la unificación las tribus llevaron a cabo una serie de conferencias[xxix]. En ellas no sólo se trataban temas de interés para las tribus, sino que además les servían como plataforma política pues durante su celebración las tribus aprovecharon para redactar una serie de peticiones al gobierno. Las demandas hacían referencia a un mayor pluralismo, al desarrollo del estado de derecho y al desarrollo económico, así como a una mayor autonomía local[xxx]. Más allá de la posible incidencia que estas peticiones tuvieran políticamente, la importancia de las conferencias radica en el hecho de que con ellas se enfatizó el carácter tribal del país, y es que las tribus manifestaron públicamente que, a pesar de los nuevos tiempos, no estaban dispuestas a abandonar su tradicional estilo de vida[xxxi] y lo que es más importante, las tribus emplearon las nuevas plataformas legales y democráticas para la expresión política.

Hasta 1994 la alianza de Saleh con los socialistas le había impedido llevar a cabo su política de acomodación de las tribus pues estos rechazaban sistemáticamente cualquier medida dirigida en este sentido, pero una vez eliminados tras la guerra del 94, Saleh pudo retomar su política de alianzas. Veamos brevemente cómo articula su táctica de acomodación. Valiéndose de la lealtad de los hombres tribales (lealtad que como hemos visto es inherente al la estructura tribal, pero también adquirida) Saleh atrae a los líderes a su órbita para garantizarse que las tribus no desafíen a su régimen (siguiendo la lógica de que si los líderes están contento, sus leales seguidores no desafiarán a su régimen). Esta estrategia la acompaña de un hábil sistema de recompensas y castigos. Las tribus que le son afines se benefician de sus favores mientras que las tribus que le desobedecen sufren castigos ejemplares. Además, según al-Saqqaf, el presidente gestiona los recursos del estado como si fueran propios[xxxii] y de este modo ha podido crear una compleja pero efectiva red clientelar, un eje militar-comercial-tribal[xxxiii] que le sirve plataforma de apoyo. Y es que Saleh no sólo capta a los líderes tribales en los órganos estatales sino que además ofrece sustanciosos negocios y altas retribuciones para mantener satisfechos a los líderes. Pero si alguna tribu ha salido especialmente beneficiada de los nombramiento a dedo del presidente ésta ha sido su propia tribu pues, según datos de Kostiner, el 48% de los más altos puestos políticos y el 70% de los puestos administrativos están ocupados por miembros del clan de Saleh[xxxiv]

Por otra parte, los partidos de la oposición conscientes de la utilidad de la estrategia de Saleh se han lanzado también a la captación líderes tribales en sus filas[xxxv] Por eso e n la actualidad muchos líderes tribales están presentes en la escena política yemení. Ya sea en sus instituciones estatales, en el ejército, en los partidos políticos (del poder y de la oposición) o como importantes hombres de negocios, los hombres de tribu se han convertido en prominentes figuras públicas.

Sin embargo, no todas las tribus se han beneficiado de esta política de acomodación del presidente Saleh y algunas siguen manteniendo relaciones de desconfianza con el estado: son las tribus menores de las áreas marginadas y frecuentemente ignoradas por el poder central. Estas tribus desempeñan en sus territorios un importantísimo papel como proveedoras de los servicios mínimos que el estado no alcanza a suministrar. Gracias a esta faceta social se han ganado la confianza y la legitimidad de los vecinos. A medida que se refuerza y se potencia la lealtad ciudadana hacia las tribus, también se incrementa el descontento general en estas regiones respecto al gobierno. Y es que la ausencia de inversión se percibe en estos lugares como una falta de interés por el pueblo, lo que inevitablemente aviva el sentimiento de hostilidad al gobierno.

De estas regiones aisladas y marginadas son las tribus que a día de hoy se enfrentan al poder central y lo hacen a través de dos mecanismos principalmente; el secuestro de turistas y los actos de sabotaje a las compañías petrolíferas extranjeras. Ambos fenómenos causan mucho daño a la imagen internacional del país y se han convertido en las armas de presión política de las tribus contra el gobierno.

Conclusiones

Las tribus de hoy en día siguen gozando de una indiscutible fuerza militar y política. En la actualidad existen 60 millones de armas en manos privadas en una población que escasamente supera los 20 millones de habitantes. Aunque en los últimos años el gobierno de Saleh ha tratado de promover campañas para desarmar a las tribus, la facilidad para adquirir armamento en los mercados públicos ha dificultado la medida, además, las tribus no están dispuestas a desarmarse, pues lo contemplan como una evidente e innecesaria injerencia en sus tradiciones.

Las tribus mantienen su desconfianza respecto al estado y aunque cooperan con él y se dejan captar e integrar en el sistema no están dispuestas a abandonar su fuerza militar pues temen de este modo exponerse a ser eliminadas. Por otra parte el régimen, aunque intenta integrarlas también desconfía de ellas. La relación de tensión latente entre tribus y estado descrita por Richard Tapper es, en este caso, indiscutible.

Además, aunque las tribus han demostrado capacidad de adaptación a los tiempos modernos y capacidad de contestación política por medio democráticos y legales, también han dejado claro que no tienen reparos en acudir a métodos ilícitos e ilegítimos para presionar al gobierno. En este sentido y debido a su elevado poder militar continúan siendo un peligro para el poder político. Saleh es consciente de este riesgo y por lo tanto mantiene respecto a las tribus una actitud cauta. Aunque en ocasiones ha respondido con firmeza a sus ataques, mantiene con ellas una política amistosa y de acercamiento[xxxvi]. Saleh no destruye a sus enemigos sino que busca la negociación y la reconciliación antes que la confrontación[xxxvii]. Entre otros motivos porque sabe que puede necesitarlos en el futuro. Saleh ha aprendido que el enemigo de hoy puede ser el amigo de mañana[xxxviii]

El presidente Saleh ha comenzado en los últimos años un acercamiento a nuevos líderes tribales de estas áreas marginadas que todavía no habían sido captados por su sistema. Sin embargo esta táctica puede volverse contra él. Hasta el momento su estrategia de captación y acomodación le ha reportado grandes beneficios, pero el modelo podría quebrarse. Y es que la estrategia de captación de Saleh involucra a los líderes tribales en la política pero también los desvincula de sus seguidores. Por el momento la lealtad tribal sigue siendo operativa, sin embargo, teniendo en cuenta que el liderazgo en la sociedad tribal debe gozar de la aceptación grupal, la perspectiva para Saleh puede resultar peligrosa pues si continúa abriendo la brecha entre los líderes y las tribus, éstas podrían destituir a sus jefes pro-Saleh e instaurar nuevos líderes que recojan su sentir. Por eso, y para evitarse un nuevo desafío, si el presidente quiere mantenerse en el poder, debería llevar a cabo políticas globales que integrasen a las tribus en su totalidad, y no sólo a sus líderes, y también debería impulsar la inversión en las áreas especialmente marginadas para demostrar que el estado tiene algo que ofrecer a las tribus.


[i] Al-Majallah,7 de octubre de 1986

[ii] Afirmación de Khoury en contra de las teorías evolucionistas que conciben la tribu como una institución proto-estatal abocada a la transformación en estado. En KHOURY-KOSTINER (eds), (1990). Tribes and State Formation in Middle East . Los Angeles , University of California Press.

[iii] Para ampliar en esta materia se recomienda la lectura de CRONE, “The Tribe and the State” en Hall. J., States in History . Oxford , 1986.

[iv] TAPPER, Richard, “Anthropologists, Historians, and Tribespeople” en KHOURY-KOSTINER (eds), Op. Cit.

[v] Afirmación de GELLNER, Ernest (1986). La sociedad musulmana , Méjico, Fondo de cultura económica

[vi] Según la teoría segmentaria la cohesión grupal en las sociedades tribales se establece por el principio de oposición de los segmentos conforme al esquema “yo contra mi hermano, mi hermano y yo contra mi primo, mi primo mi hermano y yo contra el mundo

[vii] WATTERBURY, John, (1970), The Commander of Faithful . Nueva York, Columbia University Press

[viii] LAROUI, Abdallah, (1997). Orígenes sociales y culturales del nacionalismo marroquí , Madrid, Editorial MAPFRE.

[ix] WATTERBURY Op. Cit.

[x] HART, David M. (1976) The Aith Warryaghar of the Maroccan Rif . Tucson , Arizona University Press

[xi] BARFIELD T. J., “Tribes and State Relations”, en KHOURY_KOSTINER, Op. CIT.

[xii] GELLNER Op. Cit.

[xiii] HART, Op. Cit.

[xiv] CARAPICO, Sheila, (1998) Civil Society in Yemen , Cambridge , Cambridge Middle East Studies.

[xv] WATTERBURY Op. Cit.

[xvi] CATON “Anthropological Theories of Tribes and State Formation in the Middle East ” en KHOURY-KOSTINER, Op.CiT.

[xvii] ABU GHANIM, Fadil Ali Ahmad (1990): al-Qabail wa al dawla fi yaman (La tribu y el Estado en Yemen ), El Cairo, Dar al-Manar

[xviii] STOOKEY, Robert, (1978) Yemen : the politics of the Yemen Arab Republic , Colorado , Boulder- Westview Press

[xix] MEISSNER, Jeffrey R, (1987). Tribes at the Core: Legitimacy, Structure and Power in Zaydi Yemen . Ph.D. Thesis, Michigan , UMI Dissertation Services.

[xx] GERHOLM, Tomas, (1977), Market, Mosque and Mafrag . Ph.D. Thesis. Estocolmo, Department of Social Antropology, University of Stockholm

[xxi] AL-ALIMI, Rashid (2000), al-Qada´a al-qabali fi al mugtam´a al-yamani (La justicia tribal en la sociedad yemení). Dar Al Wady, s.d.

[xxii] MANEA, Elham, “The Tribe and the State ”, Yemen Gateway , 1998, disponible en http://www.al-bab.com [consulta: 19 de julio de 2005]

[xxiii] AL-SAQQAF, A. B., “The Yemeni Unity: Crisis in Integration” en LEVEAU-MERMIER (eds.) (1999). Le Yémen contemporain , Paris, Karthala.

[xxiv] ABU GHANIM, Ali Ahmed (1990), al-Qabila wa al dawla fi al-yaman, (La tribu y el Estado en Yemen), El Cairo, Dar al-Manar.

[xxv] “En lugar de someter a las tribus, Ali Abdallah Saleh optó por manejarlas” en AL-SAQQAF, Op. Cit.

[xxvi] En este sentido se inscriben las declaraciones de Jarach Omar, número dos del Partido Socialista Yemení que afirmaba que “el gobierno no podía permitir el uso de conceptos tribales puesto que suponían un obstáculo al desarrollo y un impedimento a la ley y el orden en WELTON, Michael, “The Establishment of Northern Hegemony in the Process of Yemeni Unification”, MA Dissertation, School of Oriental and African Studies, Londres. Yemen Gateway, 1997, disponible en http://www.al-bab.com [consulta: 16 abril de 2006

[xxvii] DRESCH, Paul, (2000). A History of Modern Yemen , Cambridge , Cambridge University Press

[xxviii] El ejemplo más ilustrativo lo encontramos en los trágicos eventos de 1986; la corta pero sangrienta guerra civil del Sur que tuvo lugar entre dos facciones del partido en el poder y tras la cual se llevaron a cabo a una serie de venganzas

[xxix] Conferencia Solidaria de la Tribus de los Yemeníes – mu´a tamar al-tadamun li l-qaba´il al-yamaniyyin – en 1990, Cohesión – talahum -, en noviembre de 1991

[xxx] CARAPICO, Op. Cit.

[xxxi] Todos los participantes lucían las vestimentas y armas tribales, y en lugar de albergarse en hoteles, dormían en jaimas improvisadas

[xxxii] AL-SAQQAF, Op. Cit.

[xxxiii] Término acuñado por Paul Dresch y recogido en AL-SAIF A. A: “Politics of Survival and Structure of Power” disponible en http:// http://www.al-bab.com . [Consulta: febrero 2006]

[xxxiv] “ Yemen : The Tortuous Quest for Unity, 1990- 94” , Royal Institute for International Affairs .

[xxxv] Según datos de Stifil, el 25% de los miembros del órgano directivo del Islah, partido de oposición de corte islamista, son líderes tribales. STIFIL, “The Yemeni Islamist in the Process of Democratization” en LEVEAU-MERMIER (eds.) (1999). Le Yémen contemporain , Karthala

[xxxvi] En este sentido se inscriben las declaraciones de Ali Abdallah Saleh recogidas en un periódico yemení con fecha octubre de 1986 en las que afirmaba que “ el estado forma parte de las tribus” y que “el pueblo yemení es una colección de tribus

[xxxvii] DAIR, Omar, “He Who Rides the Lion” disponible en htpp:// http://www.al-bab.com , [Consulta:Julio 2005]

[xxxviii] WATERBURY Op.Cit.

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