La importancia relativa de las elecciones griegas

Grecia: flamear de banderas nacionales en un acto electoral. Los símbolos europeístas no han estado presentes en las campañas electorales griegas de la primavera de 2012.

Dentro de unas pocas horas se abrirán las urnas en Grecia y dará comienzo un proceso electoral que, supuestamente, deberá disipar un dilema ya resuelto desde hace semanas. Sea cual fuere el resultado de los comicios, sólo servirá para escenificar una decisión que ya está tomada, más en Berlín que en Bruselas. Lo interesante del caso es que, lógicamente, no queda claro, ni siquiera a estas alturas, en qué sentido irá esa decisión. ¿Se habrá optado por Grexit o, por el contrario, se tomará el camino de mantener al pequeño país balcánico dentro de la Eurozona, contra viento y marea?

En Grecia va a ser imposible que salga de las elecciones un poder fuerte. Pero aunque la victoria fuera por mayoría absoluta de Nueva Democracia, el nuevo gobierno ya no se decantaría por aplicar a rajatabla, y sin protestar, el memorándum para el rescate pactado con la Unión Europea. La razón es sencilla y toda Grecia la recita: el precedente que ha creado el rescate-no rescate acordado para España, tan sólo nueve días antes. En este sentido, es absolutamente prescindible el resultado del debate político en marcha sobre el sentido del tipo de ayuda acordado el pasado 9 de junio: el efecto sobre la población griega ha sido inequívoco: la excepción es posible, y por eso también debería ser factible una renegociación del memorándum griego.

Por lo tanto y a primera vista, la ayuda para España acordada el ya histórico 9 de junio de 2012, habría todo un disparo en el pie de la propia autoridad de Bruselas, en vistas a las no menos históricas elecciones griegas del 18 del mismo mes. Y así sería si no hubieran comenzardo a aflorar pruebas de que las elecciones griegas son una escenificación dentro de otra. Uno de esos indicios, importante, sería la aprobación por el  Parlamento europeo, del two pack de propuestas sobre supervisión presupuestaria de los países del euro y reforzamiento de la supervisión de los estados con graves dificultades. Todo ello supondría “dar tiempo a los países con deuda excesiva para acometer reformas estructurales y además bajaría los tipos de intereses para refinanciar la deuda”. Sin embargo, de este procedimiento quedarán excluidos aquellos socios que ya han sido rescatados; por  ello está en el aire la posibilidad de que España pueda acogerse bajo el paraguas de esta estrategia: depende de que se considere si el país ha sido rescatado o no.

Por lo tanto, sigue en el aire si ha existido o no “excepción  española”, cosa que deberían tomar en consideración los votantes griegos. Pero no lo harán, ya es demasiado tarde. Y, en realidad, da lo mismo, porque el conjunto de la escenificación no iría dirigida a los griegos, sino a permitir el viraje estratégico alemán.

El pasado día 9, otra vez esa jornada histórica, la portada de The Economist dejaba patente hasta qué punto Alemania se ha quedado sola en su política ante la crisis de la eurozona. La respuesta del Handesblatt alemán resultaba tan absurda que revelaba la incapacidad de reaccionar de una manera eficaz a ese aislamiento, en base a argumentos genuinos asociados a la propia policía económica.

Tan sólo queda dar el brazo a torcer, pero gradualmente. Se ha ido demasiado lejos y están en juego cosas muy importantes: el gobierno de la señora Merkel, pero supuesto; y con ella, su partido, el CDU. De rebote, las recetas de los neoliberales y conservadores europeos. También la economía de toda una serie de países con problemas; y claro está, el euro. Y al final, o en algún momento anterior, la propia economía alemana.

Así que, con  mucha cautela, limando susceptibilidades, evitando en lo posible las turbulencias de los mercados, estaríamos viviendo un cambio de estrategia en relación a la crisis de la eurozona. No un giro copernicano, que podría ser peor remedio que la enfermedad; pero si uno de esos juegos de manos que liberan la presión máxima de las crisis financieras.  Por lo tanto, caso de que se esté pensando en una tabla rasa, bien pudiera ser que Grecia estuviera ya condenada al Grexit. Hace pocos días se publicó un informe de la agencia Standard & Poor´s en el cual la posible salida de Grecia de la Eurozona no debería tener consecuencias tan catastróficas para el resto de los socios.  Pero aunque así fuera, la imagen política de la UE quedaría muy afectada internacionalmente. Sin embargo, caso de que se estuviera flexibilizando la respuesta europea a la crisis, uno de los objetivos sería el de no dar la impresión de que el pequeño país balcánico se ha salido con la suya.

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