El Museo Savitsky: la desconocida joya de Asia Central

Si desea usted significarse como alguien que está al tanto de lo último en materia de tendencias, refiérase, en cualquier tertulia de entendidos, al Museo Savitski.  En febrero, la revista Yorokobu le dedicaba un artículo, firmado por el eterno viajero Miquel Silvestre. El año anterior, Amanda Pope y Tchavdar Georgiev habían estrenado un formidable reportaje, del cual reproducimos aquí la carátula: The Dessert of Forbidden Art; no se pierdan el trailer. En 2007, la revista Steppe, de la cual hablaremos en alguno de nuestros post, le dedicaba treinta páginas en su número de invierno. Pero el goteo de admiradas referencias es continuo. Aquí, nos limitamos a reproducir, traducida al español, la página de bienvenida del propio Museo Savitsky. A partir de ahí, el lector interesado tiene a su disposición una página muy completa que incluye impresionantes reproducciones de algunas obras que guarda la colección. 

El Museo Estatal de Arte Karakalpakstán, denominado asimismo Museo de  I.V. Savitsky – y también conocido simplemente como el Museo de Nukus – acoge la segunda colección más grande del mundo de arte ruso de vanguardia (tras el Museo Ruso de San Petersburgo). Es también el hogar de una de las mayores colecciones de objetos arqueológicos y folclóricos, artes aplicadas y arte contemporáneo procedente todo de Asia Central.

Igor Savitsky (1915-1984), un ruso nacido en Kiev y fundador del Museo, por primera vez a Karakalpakstán en 1950 como el artista que acompañaba la  la Expedición Arqueológica y Etnográfica al Jorasán dirigida por el científico de fama mundial, Sergei P. Tolstov. Fascinado por la cultura y al pueblo de la estepa, Savitsky se quedó allí después de concluir la excavación (1950-1957), llevando a cabo una  recolección metódica de alfombras, trajes, joyas y otras obras de arte karakalpako. Al mismo tiempo, comenzó a coleccionar dibujos y pinturas de artistas vinculados a Asia Central, incluyendo los de la escuela República de Uzbekistán, y, entre finales de los años cincuenta y comienzos de los sesenta, aquellos de la vanguardia rusa, que las autoridades soviéticas estaban desterrando y destruyendo por aquella época.  Hoy en día, el museo alberga una colección de cerca de 90.000 artículos en total, incluidos gráficos, pinturas y esculturas, así como miles de objetos, textiles y joyería, que van desde las antigüedades de la civilización antigua del Jorasán a las obras de artistas contemporáneos de Uzbekistán y Karakalpakstán.

Tal vez la más notable, y de hecho característica única de la colección de Savitsky, es el ramillete de paradojas que rodean su existencia. Por ejemplo, Karakalpakstán – la remota región situada en el noroeste de Uzbekistán donde se fundó el Museo – era, y sigue siendo una de las más pobres de toda la antigua Unión Soviética. Por otro lado, a pesar de sus malas perspectivas económicas, la cultura de Karakalpakstán se ha conservado, aportando la raison d´être intelectual y el alimento para la fundación del museo, ya en 1966.

En segundo lugar, el Museo puede ser uno de los pocos lugares en el mundo en los cuales el arte ruso de vanguardia se encuentra junto a la del realismo socialista: aquel calumniado por el Estado soviético, éste glorificado por él..

En tercer lugar, la colección del Museo de la vanguardia rusa es la única que fue condenada oficialmente  por la Unión Soviética –al menos, inicialmente- y, al mismo tiempo, financiado en parte por ese mismo régimen, aunque inadvertidamente. Evidentemente, el estatus de Nukus como ciudad  prohibida y, sobre todo, las buenas relaciones de Savitsky con las autoridades regionales karakalpastanas, permitieron que esto sucediera.

Por último, Savitsky, el europeo, aleccionó  a los karakalpastanos, sus homólogos asiáticos, en el valor de su propia cultura y la importancia de su preservación. Su forma de ver las cosas  y su sensibilidad  inculcaron confianza no sólo en las generaciones mayores de karakalpastanos que le vendieron sus tejidos y joyas, sino también en el gobierno local, que jugó un papel importante en la fundación del Museo y la continuidad de su existencia continuada. Fue este afecto mutuo y la confianza lo que permitió el renacimiento, tanto  de una nación olvidada como del  trabajo de una descartada generación de artistas.

Esta perla en el desierto – o, como recientemente lo deanominó la revista francesa Télérama, “El Louvre de las estepas ‘– se encuentra en Nukus, la capital de la República Autónoma de Karakalpakstán en el noroeste de Uzbekistán en la rivera sur del Mar de Aral, ahora moribundo, pero que hasta mediados de 1960 fue el cuarto lago interior más grande del mundo. Aunque las ciudades  de la antigua Ruta de la Seda,  Samarcanda, Bujara y Jiva, puedan ser más conocidas, el Museo de Nukus es, de hecho, la cuarta maravilla de Uzbekistán. De hecho, la colección de Savitsky ha sido calificada como “uno de los museos más destacados del mundo” por el periódico The Guardian del Reino Unido.

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