Skopje 2014: lifting urbano para glorificar la identidad macedonia

 Fotografía: Art Margins On Line

La capital de Macedonia está a punto de convertirse en un parque temático de arquitectura historicista, llena de estatuas y columnatas. El sentimiento nacionalista y el enfrentamiento simbólico con Grecia han llevado al gobierno conservador de Nikola Gruevski a impulsar el polémico cambio de imagen de la ciudad formulado en el proyecto “Skopje 2014”, que se está realizando a marchas forzadas. En verano de 2011 en la plaza Macedonia se inauguró la “fuente mágica” con la enorme estatua ecuestre de Alejandro Magno y, en enero de 2012, el Arco triunfal -la Puerta Macedonia-, que ya se había estrenado durante la multitudinaria recepción del equipo de baloncesto tras su fantástica participación en el último Eurobásket. Los 21 metros del arco simbolizan los años de independencia y su forma clásica busca ejemplificar las raíces antiguas y helenas del pueblo macedonio.

 Puerta Macedonia. 

El proyecto oficialmente exhibido en febrero de 2010 contiene la reforma integral de la “fachada representativa de Skopje: los edificios alrededor de la Plaza Macedonia, el Parlamento Nacional y la fachada fluvial a ambos lados del río Vardar en proximidades del antiguo Puente de Piedra. Los edificios que forman parte del proyecto son de nivel estatal: Ministerio de Exteriores, el ampliado y reconstruido Teatro Nacional, un edificio plurifuncional para el Tribunal Constitucional, Museo Arqueológico y Archivo Nacional, Policía fiscal, Museo de la Lucha Nacional, Museo de Holocausto, la cúpula sobre el Parlamento Nacional, así como la casa-memorial de la Madre Teresa y la iglesia ortodoxa de St. Constantino y Elena. Un neoclasicismo grandilocuente, difícil de encontrar en las actuales reconstrucciones urbanísticas, rige toda la propuesta: tímpanos monumentales, cúpulas, columnatas y arcadas, tanto en los edificios representativos estatales, como en los nuevos hoteles de alta categoría en la Plaza Macedonia.

Sin duda la intención del primer ministro, quien en varias ocasiones se ha declarado impulsor de la reforma, es dar un indiscutible aire monumental a la capital ensalzando la historia nacional. Más de 50 estatuas adornarán el espacio público con el fin de monumentalizarlo: la época antigua se representa con Alejando Magno y sus padres Felipe y Olimpia, el cristianismo temprano con figuras de los santos Clemente, Naum, Cirilo y Metodio, el emperador bizantino Justiniano I o el zar Samuel, ambos de origen macedonio. También tienen su representación los luchadores para la libertad de Macedonia desde la época otomana hasta las últimas víctimas del conflicto con la minoría albanesa en 2001.

La polémica reside en la falta de transparencia sobre la adjudicación de los proyectos y obras, ya que no hubo ningún concurso arquitectónico. La Unión de Arquitectos de Macedonia fue apartada del debate de esta magnitud y los proyectos se están realizando según diseños de profesionales de poco renombre. Los costes, inicialmente estimados en 80 millones de euros, parecen sobrepasar ya los 300 millones en una economía con más de 30% de paro y altamente dependiente de las subvenciones europeas. Polémica es también la imagen que se pretende proyectar y la forma en que se escenifica la identidad nacional. Las reminiscencias del realismo socialista soviético surgen en seguida mirando el video promocional, que recuerda al montaje “Novaya Moskva” que en 1938 presentaba el cambio de la ciudad propuesta por el plan urbanístico de Stalin. Aquella imaginada “Nueva Moscú” también se dotaba de un aura de grandeza con formas neoclásicas y escala sobrehumana coronada por el mastodóntico Palacio de los Sóviets.

Tribunal Constitucional, Archivo Nacional y Museo Arqueológico en construcción. Fotografía: Everything Macedonia

Varios críticos del proyecto apelan a la multiculturalidad de la sociedad macedonia que no queda reflejada, ya que el proyecto no se dirige a albaneses, turcos, serbios, gitanos o valacos. Si bien la selección de personajes históricos prefiere una línea autóctona descendiente de Alejandro Magno, las formas neoclásicas y la escala de edificios pretenden deslumbrar a todos de la misma manera que lo hacen los hoteles Bellagio o Caesars Palace de Las Vegas. El lema soviético “palacios para el pueblo” sigue siendo un eficaz reclamo para los populismos urbanísticos. Y el debate sobre la identificación con el Alejandro Magno (en la ex Yugoslavia conocido como Alejandro el Macedonio) queda bien descrito en la cita del presidente de la Unión Cultural de los Valacos de Macedonia, que la escritora y crítica Jasna Koteska publica en su brillante análisis “Troubles with History: Skopje 2014” : “Nosotros, los valacos nos consideramos descendientes del Alejandro Magno [aunque], desgraciadamente, Alejandro Magno no hablaba la lengua valaca ni era valaco”. La cita pone de relieve que esa identidad es mucho más permeable, es más una cuestión de elección que un concepto fijo ligado a la precisión histórica.

Maqueta del masterplan de Kenzo Tange arquitectos

El cambio de imagen de Skopje que se propone en la actualidad lleva a rememorar la reconstrucción tras el funesto terremoto de 26 de julio de 1963, que destruyó entre 70 y 80% de la ciudad y causó la muerte de más de mil personas. Como recuerdo, el reloj de la antigua estación de trenes todavía marca las 6.15, hora en que la violenta sacudida detuvo sus agujas. Para ayudar a reconstruir Skopje llegaron donaciones desde varios países occidentales como EEUU, Reino Unido, Alemania o Suiza. El masterplan urbanístico para la ciudad fue resultado de un concurso internacional, promovido por la ONU y el gobierno yugoslavo, que ganó el equipo del arquitecto japonés Kenzo Tange, uno de los maestros del Movimento Moderno. Este plan de 1965 se realizó sólo parcialmente, resolviendo conexiones viarias y ferroviarias. Algunos de los edificios construidos en esa época, como la oficina central de correos del arquitecto Janko Konstantinov, antiguo colaborador de Alvar Aalto, son los mejores ejemplos del modernismo socialista, una arquitectura con la cual ya nadie se identifica y que quedará eclipsada por el esplendor neoclásico en construcción. Sin embargo, la magnitud de la inversión para el actual maquillaje urbano queda detrás de aquel masterplan, cuyos 50 años se están conmemorando con una exposición en el Museo del Arte Contemporáneo de Skopje. No resuelve los problemas de organización y conectividad urbana –sólo trata de embellecer la urbe – y no pone a Skopje en el mapa de la modernidad arquitectónica internacional. “Skopje 2014” se queda, pues, dirimiendo los complejos locales de autopercepción o autoestima.

Jelena Prokpljević

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