Acuerdo con Irán: difícil, pero ya no tan impensable

Durante  una rueda de prensa al término de la II Conferencia de Amigos de Siria, celebrada a comienzos de abril en Estambul,  la secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, instó  al régimen iraní a que complemente con acciones sus declaraciones de que no tienen intención de desarrollar armas nucleares. Dos semanas más tarde, la cumbre celebrada en esa misma capital turca entre Irán y el Grupo 5+1, centrada en el programa nuclear iraní, se desarrolló en un ambiente satisfactorio de distensión. En el artículo que sigue, el influyente analista americano de origen indio, Fareed Zakaria, especulaba poco antes sobre la posibilidad de que terminara cobrando forma un acuerdo. ahora, ya finalizada la reunión de Estambul, con los resultados conocidos, el artículo de Zakaria cobra todavía más interés para entender las estrategias negociadoras de unos y otros, así como las posibilidades reales de conseguir una salida pacífica al conflicto con Irán. Próximo capítulo: 23 de mayo, en Bagdad

La configuración de un pacto con Irán

Fareed Zakaria (columnista), 12 de abril de 2012, The Washington Post (traducción: Carlos González Villa)

La estrategia de la Administración Obama hacia Irán ha ido bien hasta el momento. Una presión sin precedentes ha forzado a Teherán a sentarse en la mesa de negociaciones. Todavía será necesario el uso de herramientas diplomáticas extraordinarias para lograr un acuerdo este fin de semana, en las negociaciones que se realizarán entre Irán y el P5+1 (Estados Unidos, Reino Unido, Rusia, China, Francia y Alemania). No obstante, hay demasiado pesimismo en el aire. La posibilidad de alcanzar un acuerdo fuerte depende, como en toda negociación exitosa, de que ambas partes renuncien a algo.

¿Qué aspecto debería tener un posible acuerdo? Estados Unidos lleva exigiendo a Irán desde hace tiempo que detenga completamente el enriquecimiento de uranio, proceso que le permite producir el combustible necesario para fabricar una bomba atómica. Irán, a su vez, ha insistido en que tiene el derecho de realizar ese proceso para un programa nuclear con fines pacíficos. Sin embargo, parece posible que se llegue a un compromiso ingenioso. Washington ha señalado que solicitará a Irán que detenga el enriquecimiento de uranio al 20%: el nivel a partir del cual es posible utilizar el combustible para fines militares. Irán ya ha indicado que estaría dispuesto a aceptar ese límite y que podría enriquecer uranio solamente hasta el 3,5 o 5%. Si fuera así, el último podría afirmar que ha conservado su derecho al enriquecimiento de uranio.

En ese caso, Irán todavía tendría una cantidad de uranio enriquecido al 20%, que ha estado produciendo en los últimos dos años. Podría ser una cantidad suficiente como para fabricar una bomba atómica. Teherán ha rechazado la petición realizada por Washington de que ese uranio sea enviado al extranjero para su custodia, alegando que lo necesita para producir isótopos médicos. Pero Irán casi aceptó un acuerdo sobre este particular en 2009 y propuso otro en 2010, según el cual habría transportado uranio enriquecido de   bajo nivel. Las declaraciones de funcionarios de ambas partes sugieren que se podrían aprovechar aspectos de dichas propuestas, lo cual implica el envío de parte de las reservas de uranio a cambio de placas de combustible completas utilizadas en el proceso de fabricación de isótopos médicos.

El punto crucial, en el cual Irán debe realizar concesiones importantes, es el de las inspecciones en profundidad. El informe de 2011 de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) mostraba una serie de indicadores según los cuales Irán perseguía un programa armamentístico. El P5+1 debe utilizar el informe como una lista de verificación de las actividades que Irán debería dejar de realizar. Del mismo modo, tiene que insistir en que Irán permita a la AIEA acceder sin restricciones a sus instalaciones hasta que la agencia pueda constatar que dicho programa militar ha sido suspendido. Irán debería recibir alguna recompensa por aceptar unas inspecciones que no tienen precedentes. En este sentido, la opción obvia sería la relajación de las sanciones, paso a paso, al mismo tiempo que las inspecciones procedan sin obstáculos.

Para que cualquier acuerdo se cumpla tiene que ser aceptado por los dos grupos. Hay razones para pensar que la línea dura de Irán, liderada por el líder supremo, el Ayatolá Alí Jamenei, podría someterse a un pacto. Jamenei ha consolidado su poder: ha derrotado al movimiento verde; ha dado cabida a un rival clave, Alí Akbar Hashemi Rafsanjani, y marginado a otro, el presidente Mahmud Ahmadinejad. Jamenei también se ha dado a sí mismo un espacio para realizar concesiones sobre el programa nuclear.

Consideremos la siguiente declaración, que realizó categóricamente en febrero: “La nación iraní nunca ha perseguido ni perseguirá jamás tener armas nucleares… porque la República Islámica considera, lógica, religiosa y teóricamente, que su posesión es un pecado grave, y cree que la proliferación de dichas armas es destructiva, peligrosa y no tiene sentido”. Cabe la posibilidad de que Jamenei estuviera preparando el terreno para explicar las concesiones a su audiencia iraní.

La estrategia de la administración Obama consiste en decir a Irán: todo lo que pedimos es que demuestres todo esto con acciones concretas. Se trata de una forma inteligente de dar sentido a sus peticiones. Pero si Irán lleva a cabo esas concesiones, Estados Unidos tendría que aceptarlas y relajar algunas sanciones. En este punto es donde otro grupo importante, el de los republicanos en Washington, podría ser un obstáculo. Si hacen demagogia con un posible acuerdo o se niegan a actuar con reciprocidad en el tema de las sanciones, no habrá pacto.

La Administración ha manejado con habilidad a sus aliados, Rusia, China, Naciones Unidas e incluso a Irán. Sin embargo, para triunfar tiene que hacer frente a su rival más temible, con el cual no ha tenido demasiado éxito en lo que a negociaciones se refiere: los republicanos.

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