I Wish I Knew – Historias de Shanghai

Esta reseña está redactada a partir de los trabajos realizados sobre el film por los estudiantes del tercer curso del Grado de Estudios de Asia Oriental, de la Universitat Autònoma de Barcelona. Todos ellos se manejan en idiomas tales como el japonés, el chino mandarín y/o el coreano, además de aspectos diversos de las culturas de esos países, de ahí que su visión del film resultara particularmente interesante. El profesor ha firmado  los párrafos o ideas más significativos con el nombre de sus autores, pero todos los que hicieron el ejercicio han contribuido en mayor o menor medida a la visión de conjunto de la película:  Joanne Biggi, Mireia Farrés, Daniel Fortea, Vanessa Fortes,Carla Garde, Ariadna Garrigolas, Simona Gibauskaite, Gemma López, Jonathan L. S., Ferran Pérez Mena, Carlota Piñol, Àlex Pozón, Sara Ruiz y Mónica Somalo.

El documental  I Wish I Knew – Historias de Shanghai (título original: Hai shang chuan qi) culmina la trilogía del director Jia Zhangke, que incluye las obras: Naturaleza muerta (2006) y 24 City (2008). Este autor es considerado líder de los directores pertenecientes a la denominada Sexta Generación (el cine underground y amateur, que nace como respuesta a las represalias tras los sucesos de Tiananmen, en 1989). Se trata de un tipo de cine que se caracteriza por el empleo de cámaras digitales y la puesta en escena de actores no profesionales, a fin de abaratar los costes de producción y se interesa por las transformaciones sociales, el descontento de ciertos sectores de la población china y la preferencia por los espacios urbanos [Simona Gibauskaite].

Sin embargo, I Wish I Knew surgió de un encargo gubernamental para conmemorar la Exposición Universal, que albergó la ciudad en 2010.  Pese a ello, ofrece una imagen nada atractiva de la ciudad, que aparece como una gran urbe en perpetua construcción (y destrucción) bajo una densa capa de contaminación que tiñe el cielo de un deprimente blanco grisáceo, ya desde el mismo arranque del film, acompañado todo ello de una banda sonora de aire triste y una actriz Zhao Tao que une las diversas partes del film, paseándose por la ciudad con una expresión permanentemente melancólica [Jonathan L. S.]

En efecto, una de las claves del film es la omnipresente melancolía que arrastran las imágenes y las historias de los dieciocho testimonios sobre los que se construye la obra, procedentes de diversos estamentos socio-profesionales y generacionales, y que delimitan el periodo histórico abarcado por el film: desde el final de la Segunda Guerra Mundial y los tres años finales de la larga guerra civil china (1947-1949) al Shanghai actual de nuevos especuladores y jóvenes ambiciosos.  La melancolía está  presente ya en el mismo título del film: I Wish I Knew, que es el de una clásica canción  del clásico John Coltrane[1].  La letra, bailada y cantada por uno de los ancianos personajes entrevistados, es bien elocuente: Should I keep dreamin´on or just forget you? / What shall I do? I wish I knew  [Ferran Pérez Mena]. Es otra de las claves del film, que articula las eternas dudas de las generaciones crepusculares -siempre preguntándose si escogieron el camino correcto-  y la nueva de los jóvenes pujantes, rebosantes de certidumbres, que luchan con renovados bríos por hacer realidad sus ambiciones en lo que es en la actualidad la China del “socialismo de mercado”.

Pero todo ello sucede en el marco de Shanghai, la gran urbe audaz de China, la puerta a la modernidad por antonomasia, la ciudad del glamour que sigue flotando en el ambiente, que ha merecido el honor de una atención específica por parte de los historiadores. La ciudad que se erige sobre su propia y eterna descomposición, posee un dinamismo único en China; de ahí la fascinación del director, que proyectó otro documental sobre los choques políticos acaecidos en 1927 entre el Guomindang, la mafiosa Banda Verde y los comunistas. [Carla Garde]. Así que el retrato de ese dinamismo está en la base de las continúas contraposiciones que rigen I Wish I Knew: la ciudad rica y ociosa frente a la pobre y trabajadora, la joven frente a la anciana, la de los altos rascacielos impolutos y modernos frente a  edificios fantasmagóricos e industriales [Mireia Farrés]

¿Qué queda de todo ese empeño al ser visionado el film por el espectador? Una buena dosis de polémica. En apariencia, el documental, en el que no intervienen personajes ni apreciaciones que no sean chinos –con la excepción, indirecta, de Michelangelo Antonioni– resulta tediosa para el público occidental. Los personajes, algunos famosos, lo son únicamente para el público chino; los occidentales deben buscar información, una vez visionado el film, para entender lo populares que son allí figuras como el escritor Han Han, el capo mafioso Du Yue Sheng o la importancia de películas como Spring in a small town. Ayuda poco asimismo que no se siga un orden cronológico claro y que, saltando de Shanghai a Taiwan o Hong Kong, a veces la conexión con la ciudad que protagoniza el documental se pierde bastante y parece poco justificada [Jonathan L. S.] Es más, tal como comentaba un lector a pie de reseña, la falta de referencias sobre quiénes son los personajes entrevistados y cualquier otra referencia cronológica en la pantalla, hacen que el espectador no avisado navegue sin rumbo, durante dos horas de metraje, por los procelosos mares de historia china en los últimos setenta años.

Para entender el por qué de lo que parece un montaje defectuoso quizá debemos considerar dos últimas claves del film. En primer lugar, la que supone la propia singladura del director por entre los arrecifes de la censura. La obra, al fin y al cabo, pende de una subvención oficial y de una celebración tan convencional como lo son las exposiciones internacionales. Así que el difuminado de las historias y los personajes en algo semejante a un anonimato colectivo, ayuda a borrar también las identificaciones con causas políticas  o sagas sociales aún consideradas políticamente incorrectas en la China actual. Por lo tanto, no se trata de un documental que reivindique nada, aunque caben pocas dudas de que los espectadores chinos habrán entendido muchas de las indirectas y guiños que hace el director desde el film. Pero así, a simple vista, I Wish I Knew se convierte en una pregunta melancólica, no en una interrogación impertinente capaz de poner patas arriba la historia del atrevido Shanghai de las tres últimas generaciones.

Es por ello que el documental ha de ser, forzosamente, el de la gente de Shanghai. Esas personas que habían escapado a Hong Kong o Taiwan, llevaron dentro de sí a su ciudad de origen, porque son Shanghai. Las personas son la ciudad y no al revés. ¿La urbe? Sólo piedras, convertidas en cascotes desparramados por el Bund, o ruinas sobre el fondo de los gloriosos rascacielos, apenas entrevistas unos segundos.  Y sobre todo ello, la velocidad de los cambios, las familias inmutables en las cuales cada uno vive sus propias glorias y tragedias generacionales. ¿Qué quedó de todo eso y qué se preguntarán dentro de algunos años los triunfadores de hoy? Casi podemos sentirlo ya, ahora mismo, en los labios de los jóvenes protagonistas al principio y final del film, del niño que sólo quiere pelear con alguien, y de Han Han en su carrera hacia la fama: I Wish I Knew…


[1] La pieza fue interpretada también, en versiones instrumentales o cantadas por Chet Baker, Petula Clark,  Little Jimmy, Bill Evans, Chris Cheek, Jimmy Scott o incluso Engelbert Humperdinck, entre otros.

Anuncios