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Collar de perlas en el Índico


Nuevas flotas en las pugnas por el control marítimo del vientre blando de Eurasia: el vicealmirante Anup Singh (derecha) comandante en jefe del Mando Naval Oriental y el teniente general Bikram Singh, comandante en jefe del Mando Oriental del Ejército, tras una visita al Fast Attack Craft (FAC)  INS Koswari en el pasado mes de diciembre

Collar de perlas frente a telón de acero en el pulso estratégico del Índico

Diego Agúndez, Nueva Delhi

EFE, 13 de abril, 2012

La India y China han iniciado una pugna estratégica no declarada por el control del océano Índico, nudo del transporte petrolero y, según mantienen buena parte de los analistas, políticos y diplomáticos indios, posible foco de futuras tensiones.

Para la India, el Índico -al que da nombre- ha sido siempre y casi de un modo sentimental “su” mar, pero esa concepción se ve desafiada por la creciente presencia de China y su intento por garantizarse el suministro de combustibles y materias primas.

La estrategia china fue descrita en 2003 por un equipo de consultores de EE.UU. como un “collar de perlas”, consistente en el establecimiento de puntos navales de repostaje alineados por todo este océano, desde el estrecho de Ormuz hasta el de Malaca.

La línea imaginaria contempla la edificación de un puerto en las islas Seychelles, así como la financiación para la construcción o mejora de otros en Pakistán, Sri Lanka, Bangladesh y Myanmar, en la larga ruta que los recursos naturales deben recorrer hasta llegar a China.

Por ese andamiaje pasa el 90% del crudo que importa China y también la mayor parte de las mercancías, aunque en los últimos años las autoridades chinas han intentado poner en marcha una alternativa a través de vías terrestres paquistaníes o birmanas.
Sin embargo, parte de los servicios de seguridad indios considera que los proyectos chinos son un intento por asentar su influencia con una maniobra “envolvente” contra la hegemonía india en el océano, por ejemplo, con la apertura de una embajada en las islas Maldivas.

En Ministerio indio de Defensa  indica en su último informe que el país “vigila” la evolución militar china en las áreas cercanas a la India:

“Nuestros intereses marítimos son evidentes. Cada año, crudo valorado en 200.000 millones de dólares pasa por Ormuz, y en 60.000 millones por Malaca”, precisa el dossier del Ministerio.

Según el analista Vijay Sakhuja, director del Consejo Mundial de Asuntos Indios (CWA), el 97% del volumen del comercio indio llega por vía marina al país, que además necesita importar la mayor parte del combustible necesario para cubrir sus necesidades energéticas.

Al hablar del Índico, las autoridades indias suelen destacar su lucha contra la piratería, aunque esa batalla no explica su rearme naval, ejemplificado en la incorporación de dos nuevos submarinos nucleares: uno alquilado a Rusia y otro de construcción propia.
Además, India creó en 2001 un mando naval en las islas Andamán y Nicobar, cercanas al estratégico estrecho de Malaca y conocidas por los analistas chinos como un “telón de acero” que podría servir, en un hipotético conflicto, para dificultar la navegación.

“En este siglo, el futuro del mundo va a jugarse en aguas del Índico. Va a ser un campo de batalla político donde juegan tres grandes potencias con intereses: Estados Unidos, India y China”, cuenta a Efe el comodoro indio Ranjit B. Rai, ya retirado.

La India y China comparten una relación ambivalente, y sus líderes se han empleado a fondo para intensificar el comercio bilateral -valorado en 60.000 millones de dólares en 2010-, en parte para desactivar sus problemáticas disputas fronterizas.

Ambos países llegaron a librar una guerra en 1962 -con rotunda victoria china- la frontera común, y en la actualidad la India reivindica la parte de Cachemira bajo control de China, que a su vez reclama la soberanía de la región india de Arunachal Pradesh.

Además, la India mira con recelo el apoyo que China presta a Pakistán, y las autoridades chinas siguen reprochando a la India que siga acogiendo en su suelo al líder budista tibetano, el dalái lama, después de este saliera exiliado de Tíbet, en el año 1959.

“Hay un pulso por la influencia en el Índico, pero eso no quiere decir que China vaya a dar pasos dañinos para la India”, resumió a Efe la analista Bhavna Singh, del centro IPCS.

Diego Agúndez

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