Eurasia: el ajedrez se convierte en juego de rol

La presidenta de la India, Pratibha Patil, durante su viaje oficial a Mongolia, el pasado mes de julio. Aunque existen antiguos lazos entre indios y mongoles, la actual aproximación entre Delhi y Ulan Bator se ha saldado con acuerdos sobre minería, energía y defensa. La nueva  fluidez en las relaciones eurasiáticas no sólo discurre en sentido Este-Oeste, de ida y vuelta, sino también Sur-Norte y otros todavía más transversales. 

El retorno de EurasiaEntrevista en Rusia Hoy, 28 de febrero, 2012

Son periodistas, investigadores, profesores universitarios, diplomáticos. Todos tienen en común su interés por el macrocontinente eurasiático. «Eurasian Hub» es una vuelta de tuerca a los «think tanks» tradicionales. Su espacio es la red. Su modus operandi, la discusión y el intercambio de ideas. Su color político, ninguno. Ejercen de plataforma a fin de que universidad, medios de comunicación y especialistas tengan un diálogo más fértil. Acaban de publicar «El retorno de Eurasia», en la editorial Península, un libro coral coordinado por el periodista Andrés Mourenza y el Profesor de Historia de la Europa Oriental y Turquía de la UAB, Francisco Veiga. Con este último, pero conectado a todo el Hub, mantuvimos la siguiente conversación.

Marta Rebón (Rusia Hoy).- La emergencia de Eurasia pone a prueba nuestras fronteras mentales actuales. En pleno siglo XXI debemos volver a patrones mucho más dinámicos que los vigentes durante la Guerra fría y no sólo en esta zona del mundo. ¿En qué consiste el retorno de Eurasia?

Francisco Veiga (Eurasian Hub).- Cuando hablamos del retorno de Eurasia nos referimos a una situación de fluidez en las relaciones entre todos los países del macrocontinente como consecuencia del final de la Guerra Fría, que ha eliminado una buena parte de las barreras existentes hasta ese momento. En parte hemos vuelto a una Eurasia más propia del siglo XVI que incluso del XIX, pero la situación es, de  hecho completamente nueva. Esto hace que todos los países de la zona se estén resituando en sus relaciones con los demás y con las grandes potencias que operan en la zona. Eso puede dar lugar a nuevos conflictos, pero de momento abre todo un mundo de nuevos contactos de tipo económicos, tecnológicos y sociales.

MR.- En el horizonte histórico parece que la política exterior del siglo XX fue una interrupción de largos procesos históricos. ¿Volveremos a un dinamismo propio de la concepción nómada?

EH.- Quizá deberíamos hablar de las realidades que impone cada época. En función de ellas se recuperan antiguas ideas o se generan otras nuevas. Después está la geografía que marca mucho. Si dentro de algunos años se construye un ferrocarril de alta velocidad Londres-Pekín, y los rusos consiguen tender vías férreas bajo el estrecho de Bering hacia Alaska, es evidente que las distancias en el inmenso territorio eurasiático quedarán muy reducidas, y podrían cambiar mucho las relaciones entre las sociedades y economías. En consecuencia, variarían asimismo muchos planteamientos políticos y geoestratégicos ahora vigentes.

MR.- ¿Qué impacto está teniendo esta zona en el conjunto del proceso de globalización? ¿Qué aporta su imprevisibilidad actual?


EH.- El “desbloqueo” de las relaciones entre los países del área eurasiática ha contribuido muy activamente al fenómeno de la globalización. De hecho, se puede decir que 1991 señala el comienzo real del siglo XXI porque las nuevas condiciones geoestratégicas que marcan la aparición de nuevas repúblicas en al Asia Central exsoviética afectan a Eurasia y, desde ahí, también lo hacen, en mayor o menor medida al resto del mundo. Desde entonces es cierto que se han producido cambios pero también se han conservado equilibrios que muchos analistas veían peligrar hace veinte años. Por ejemplo, las fronteras heredadas de la antigua Unión Soviética o la estabilidad política. Sin embargo, las relaciones entre los países que componen Eurasia evolucionan en muchas direcciones a la vez, y eso hace previsible que se produzcan cambios. Pero yo creo que la mayor parte de los autores del libro somos optimistas al respecto, y creemos que el conjunto de Eurasia evolucionará a mejor en los próximos veinte años, y que se producirá un beneficioso acercamiento entre Europa y Asia en el que todos saldrán ganando. 

MR.- ¿Qué política regional euroasiática simboliza Putin? En el caso de que su mandato se debilitara con el tiempo, ¿cree que le seguiría una política de inercia o existen otras voces aparte del «modelo Putin» en la región?

El planteamiento que hizo en su día el presidente Putin está relacionado con la herencia política y geoestratégica rusa hacia una Eurasia contemplada desde una óptica asimismo, y lógicamente, rusa. Por lo tanto, apostamos a que detrás de la que propuso Putin y las otras que manejan los diversos pensadores rusos, vendrán más. Pero suponemos que se adaptarán cada vez más a un concepto de Eurasia más amplio, que incluya Asia Central meridional, China, Irán, e incluso Oriente Medio. Es decir: supone que la “macro-Eurasia” que se está configurando por si misma supere los modelos teóricos manejados hasta ahora, y no sólo en Rusia, sino también por parte de la escuela geoestratégica anglosajona.

MR.- Por sus palabras y por el curso de los acontecimientos, diríamos que de las ruinas de la geoestrategia del siglo XX surge un juego que ya no es de ajedrez, con dos contrincantes, sino un auténtico juego de rol con muchos más actores.

EH.- Por supuesto, absolutamente. La política de los bloques murió con el siglo XX, aunque todavía veamos cotidianamente reflejos de esa tendencia, algunos particularmente estériles y hasta peligrosos. Sin embargo, los medios de comunicación de masas persisten en el recurso narrativo de la antigua Guerra Fría, por la comodidad argumental que eso suponía. Parece evidente que eso supera con creces no sólo la capacidad de comprensión de un consumidor de noticias medio (digamos) sino también la de muchos analistas profesionales. En el foro de nuestra asociación, Eurasian Hub, pasamos muchas horas debatiendo los diversos escenarios que se abren en Eurasia, precisamente porque tenemos clara la máxima del maestro de periodistas Ignacio Ramonet: «Informarse es trabajar».

MR.- ¿Debería la universidad tener un papel más relevante en la sociedad en la gestión de toda esta información? ¿Es parte del espíritu de este libro?

En parte sí, pero hemos intentado ir más allá. Los autores de «El retorno de Eurasia» forman parte de una asociación compuesta por profesionales e investigadores de las procedencias más diversas. Generamos conocimiento y pretendemos canalizarlo hacia la academia. Pero no hacia una universidad en concreto, porque muchas veces los circuitos académicos están demasiado encerrados en sí mismos. Nosotros pretendemos  proyectar toda esa energía académica que podemos llegar a producir hacia el exterior, utilizando los potentes medios de difusión que nos ofrece internet.

MR.- Es interesante la reflexión que hace sobre ese potencial intelectual que los medios infrautilizan (por no hablar ya de la televisión). Da la sensación que con un acceso tan vasto a recursos es más necesario que nunca el trabajo de los especialistas, académicos y gente de la universidad para que nos guíen por este gran océano de información. Para ustedes, ¿qué revolución ha habido en el estudio de las Relaciones Internacionales?

EH.- Bueno, digamos que percibimos una verdadera revolución en las relaciones internacionales, pero quizá no tanto en su estudio. Sin ánimo de parecer presuntuosos, nosotros mismos, a nuestra humilde escala, formamos parte de ese acercamiento innovador al estudio de las relaciones internacionales. Quizá no tanto por los puntos de vista que publicamos –ojo, porque no publicamos todo lo que discutimos e investigamos- como por la forma en que trabajamos. No somos un «think tank», o al menos, lo que se entiende por eso: somos totalmente independientes de partidos y gobiernos –no recibimos subvenciones de ellos- y muy elásticos en nuestra forma de trabajar y acercarnos al análisis de lo que sucede. Conformamos un «colaboratorio» de ideas, es decir, somos una «laboratorio cooperativo», lo cual nos da una extraordinaria independencia de criterios.

MR.- Aluden al papel de Internet en las recientes revoluciones. Hay una creencia extendida de que la red es «democrática», que no está controlada y que no sabe de colores políticos, como si fuera una herramienta sin ideología. Se han vendido las revoluciones y muchos movimientos de protesta (incluido el de Rusia) como eso, como un triunfo civil posibilitado por la conexión horizontal de Internet. Pero usted apunta que la red, como todo, es manipulable. ¿Qué sabemos y qué no al respecto?

EH.- Seguramente alude al fenómeno de las «revoluciones de colores», al cual dedicamos un capítulo en el libro. Posteriormente, durante la reciente Primavera Árabe, se ha vuelto a hablar mucho del poder de las redes sociales en los cambios políticos. Bien, en efecto, Internet es una herramienta, y como tal admite muchos usos diferentes. Pero por sus particulares características, Internet es también un medio de control, más que un vehículo de una supuesta libertad de expresión universal. Podemos verlo en el control que ejerce el gobierno chino sobre la red, por ejemplo. Pero también lo hace la administración estadounidense, con los intentos de censurar Twitter, por ejemplo. Es sólo una cuestión de medios. Por otra parte, se ha exagerado mucho el papel de Internet y las redes sociales en las revueltas de estos últimos años. Durante la Revolución de Octubre el teléfono tuvo una gran importancia. ¿Le denominamos por eso la “Revolución del Teléfono”? Por supuesto que no. En la Guerra de Secesión americana, el telégrafo fue fundamental. ¿Fue la “Guerra del Telégrafo”? Obviamente, no.

MR.- ¿Qué influencia tiene el nuevo mapa multipolar, el modelo de los nuevos países emergentes? ¿Para quién pueden ser espejo?

EH.- Vea: durante la Guerra Fría se puso énfasis en el estudio de la pugna entre los dos grandes bloques. Los conflictos derivados de la descolonización ocupaban un segundo plano, como algo accesorio a la gran tensión principal. Sin embargo, con el tiempo se ha ido comprobando que esos conflictos tenían mucha más importancia de la que se le concedió por entonces. Hay muchos historiadores que siguen sin verlo hoy en día, pero lo cierto es que los conflictos derivados de la descolonización han pervivido hasta nuestros días, veinte años después del final de la Guerra Fría. Sin salir de Eurasia, las tensiones en torno a Irán son herederas de viejos conflictos de ese tipo: cualquier iraní le puede explicar quién fue Mosaddegh y qué sucedió en 1953, algo que ninguno quiere que se repita. En tal sentido, una parte de los países o potencias emergentes son aquellos antiguos países descolonizados que ahora están alcanzando una mayoría de edad en la escena internacional y empiezan a tratar de tú a las grandes potencias. Sin dejar el ejemplo iraní, recuerde el papel del presidente brasileño Lula da Silva, junto con el turco Erdogan y el iraní Ahmadineyad, en el intento de solucionar el contencioso nuclear, en Teherán, en mayo de 2010.

MR.- Turquía tiene un papel muy importante, y a veces silencioso, en la zona pero parece que, grosso modo, el ciudadano europeo sólo percibe unas problemáticas muy concretas sin realmente tener una idea real de su dimensión internacional. ¿Qué relación está condenada a tener Bruselas-Ankara y Moscú-Ankara?

EH.- Las relaciones turcas con ambos actores serán de entendimiento a pesar de las rencillas y exabruptos que se perciban en la superficie. Debido a factores que tienen que ver con la propia identidad nacional turca -igual que ocurre a menudo con la rusa- existe una suspicacia constante hacia lo que se considera Europa (que normalmente se refiere al núcleo duro: Francia, Alemania, Gran Bretaña) y Rusia, pero históricamente Turquía, como antes el Imperio Otomano, ha sustentado una parte de su política exterior reforzando los lazos con Rusia cuando Europa le rechazaba y viceversa. Obviamente en los próximos años se espera que las relaciones turcorusas sean fluidas debido a la dependencia energética que aún mantiene Ankara de Moscú y a los intereses compartidos en regiones como el Cáucaso. Por otra parte -y aparcada de momento la integración turca en la UE, que ahora mismo no interesa a ninguno de los dos- las relaciones entre Ankara y Bruselas también se mantendrán especialmente en torno a actores económicos: los miembros de la UE continúan siendo el destino de prácticamente la mitad de las exportaciones turcas y varios miles de empresas europeas tienen sus plantas de producción en Turquía.

MR.- El Cáucaso se quiere presentar ahora como una tierra de oportunidades ¿Es sólo una imagen que conviene vender?

EH.- Es evidente que la situación ha evolucionado en los últimos años; la apuesta por los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014 debe entenderse como una oportunidad para la región, y atraerá inversiones y turismo. Sin embargo, las autoridades deben afrontar esta oportunidad como un reto para la integración de estas repúblicas en un interés común de seguridad y desarrollo.

MR.-  ¿Es ineludible un foco de futuras tensiones en la pugna por los recursos naturales básicos como el agua?

EH.- En el libro nos hemos centrado en la evolución política del área eurasiática a lo largo de los últimos veinte años, dejando de lado las pugnas económicas o los desastres naturales. Fue por motivos de extensión: introducir tales asuntos nos hubiera llevado a ampliar la obra hasta hacerla inmanejable. Por otro lado, es un libro de historia, aunque por la proximidad de los hechos se trate de la denominada Historia Actual. Sin embargo, es evidente que el control de los recursos hídricos podría generar tensiones. Pero también se están produciendo acercamientos. Un ejemplo de ello son los estudios que están llevando a cabo científicos paquistaníes sobre las consecuencias medioambientales que tienen sobre el clima de su país la desecación del mar de Aral.

MR.- ¿Como se sitúa Moscú en las estrategias indias con respecto a China y Pakistán?

EH.- Aunque la influencia rusa en Asia Central meridional es limitada, para Nueva Delhi, la asociación con Moscú facilita un cierto contrapeso frente al vínculo estratégico sino-pakistaní. Por otro lado, en Asia Central, desde la óptica rusa, India puede contrapesar en parte, el imparable ascenso de la influencia china. Sin duda, Asia Central es un buen escenario para el fortalecimiento de la cooperación indo-rusa. No obstante, y aunque India mantiene sus tradicionales lazos sólidos con Rusia, no hay que perder de vista que  su agenda y espectro de política exterior se han ampliado notablemente en la última década y el estrechamiento de los lazos con EEUU es fundamental para entender su ascenso a la condición de gran potencia.

MR.- Apunta usted que uno de los posibles focos de desestabilización es la poca cooperación entre las repúblicas del Asia Central. ¿Qué papel pueden tener ahí las potencias periféricas? ¿Les conviene un teatro inestable o un empoderamiento real?

EH.- Es muy dudoso que un auge de las tensiones, ya sean internas o regionales, pueda beneficiar realmente a ninguna de las grandes potencias involucradas en la geopolítica centroasiática. La falta de cooperación e incluso, en ocasiones, relaciones tirantes entre las cinco repúblicas exsoviéticas lastra las opciones para el desarrollo y prosperidad regionales: Las republicas centroasiáticas exsoviéticas deben incluir como primera prioridad de sus programas de desarrollo la gestión de los recursos hidráulicos de la zona. Una ausencia de consenso en este campo, junto con una defectuosa integración de sus sistemas de comunicación terrestres (entre sí y hacia el exterior), perpetuará su dependencia de actores externos. Por ello, la promoción de iniciativas como la Unión Aduanera Euroasiática o la Organización de Cooperación de Shanghái puede resultar, a priori, muy beneficiosa, pero no hay que perder de vista que la ensalada de siglas y foros provoca solapamientos y que, finalmente, unas iniciativas se superpongan y se anulen entre sí. Un panorama complejo y difícil, aunque fecundo en oportunidades.

MR.- ¿Cómo debería «vender» Asia Central su imagen en el exterior?

EH.- El futuro del Asia Central exsoviética pasa, en buena medida, por el desarrollo de su papel como nexo entre Europa y Asia, por ello, las cinco repúblicas deben poner mucho más empeño en fortalecer las relaciones entre ellas y facilitar su inserción en los grandes flujos globales. Si no es así, el Asia Central exsoviética corre el riesgo de verse aislada de nuevo y dependiente, seguramente, de China y sometida a la inestabilidad proveniente del escenario AfPak.

MR.- ¿Qué camino tiene Kirguistán por delante? ¿Lo tiene complicado o está realmente en su mano consolidar su futuro?

EH.- Kirguistán ha iniciado un camino realmente inédito en la región de Asia Central, promoviendo una serie de controles a las habituales tendencias autoritarias de sus líderes. Aunque este proceso tiene y tendrá múltiples dificultades, no es en absoluto descartable que se vaya afianzando poco a poco, sobre todo porque la idea ha calado hondo en la sociedad en su conjunto y en, al menos, parte de la clase política, especialmente por sus elementos más jóvenes.

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