Irán y Asia Central: la estrategia del diálogo

El autor del artículo, Alexander Kniazev, hace un gesto característico durante una conferencia. Kniazev es catedrático, coordinador de programas del Instituto de Estudios Orientales de la Academia de Ciencias de Rusia. 

Artículo traducido del ruso para eurasianhub.com por Pablo Martín

Irán y Asia central: la estrategia del diálogo

En el año 1996, el politólogo americano Zbignew Brzezinski  resucitó de nuevo el fantasma de que uno de los principales objetivos de la política exterior iraní hacia el Asia Central postsoviética es la exportación de la revolución islámica. Opiniones similares ya se han convertido en estereotipos permanentes tanto en los discursos de expertos como en la opinión pública. De cualquier manera, si se analiza la actuación de Irán en Asia Central hasta la fecha, es muy difícil ver señales de una actividad religiosa militante.

La historia postsoviética de los países del Asia Central incluye numerosos ejemplos de influencia religiosa por parte de un numeroso elenco de países: Turquía, Pakistán, Afganistán, Arabia Saudí, Kuwait….pero nada puede hacer Irán con su rama chií del Islam, en una región mayoritariamente suní que rechaza radicalmente esta doctrina. Más aún, no existe el más mínimo indicio, ni siquiera indirecto, de que esa actividad, ni siquiera en grado tentativo, haya tenido lugar. Toda la actividad iraní se concentra en dos ámbitos: el cultural y el económico, fundamentalmente el posicionamiento táctico de la diplomacia iraní en los países del Asia Central tras la descomposición de la Unión Soviética está dirigido a garantizar una presencia permanente en todos los ámbitos de la sociedad, sirviendo como palanca para superar el aislamiento de la política y economía exteriores de Irán. El análisis de las relaciones bilaterales de la República Islámica con los gobiernos centroasiáticos es la prueba más evidente de esta actitud.

Kazajstán.

La cooperación de Irán y Kazajstán restringe parcialmente las aspiraciones del segundo de activar un vector euroatlántico en su política exterior. Más aún, la capacidad de Kazajstán para desarrollar su política y economía exteriores en su frontera Sur es rehén de la complicada relación entre Irán y los EE.UU.

En esta dinámica, la colaboración económica y los intentos para institucionalizarla se han convertido en instrumentos de confrontación. Kazajstán exporta anualmente 1 millón de toneladas de crudo a través de Irán mediante del conducto SWAP (Oleoducto del Suroeste Asiático). Se están llevando a  cabo el proyecto de construcción del oleoducto Kazajstán, Turkmenistán – Irán y de un enlace ferroviario siguiendo este mismo eje (Zhanaözen – Qizilqaya – Bereket – Etrek – Gorgan). Además, en el ámbito político iraní existe una aguda percepción de la posición de Kazajstán en el equilibrio de fuerzas regional. Irán es receptivo a los intentos de Astaná de ocupar su puesto de liderazgo  regional y está dispuesto a apoyarlos dado que considera beneficia a sus intereses propios. Así, por ejemplo, Irán se afana en incrementar la cooperación en un marco multilateral como la Organización de Shanghai, a la cual se ha adherido como país observador y que le permite cooperar con otras asociaciones multilaterales del antigua ámbito soviético (OASC: Organización del Acuerdo de Seguridad Colectiva, EuroAsCE: Comunidad Económica Euroasiática) contando con el apoyo de Kazajstán.

Turkmenistán.

La principal característica de la relación entre Irán y Turkmenistán se podría definir por la inevitable atracción causada por la mutua carencia de alternativas en sus relaciones exteriores.

El aislamiento al que Irán ha sido condenado por occidente, junto con el aislamiento autoimpuesto por el gobierno de Turkmenistán, condenan esta vecindad a una activa relación bilateral. En el campo de la economía existe importantes intercambios comerciales entre las repúblicas. Ya tras la descomposición de la URSS, se crearon entre ambas enlaces ferroviarios. Existe un trasvase de gas desde Turkmenistán hacia el norte de Irán; a Irán le es más cómodo recibir gas turkmeno que extender su red de gasoductos, hacia el norte del país, desde sus propios depósitos de hidrocarburos.

Su status de neutralidad le permite a Turkmenistán maniobrar exitosamente entre las distintas potencias mundiales; por otra parte, a un Irán acosado, la neutralidad turkmena le libera una de sus fronteras permitiéndole concentrarse en las restantes.

Kirguistán.

En lo referente a Kirguistán, existe un único factor de discordia en las relaciones bilaterales: la existencia en este país de una base militar americana. Desde el año 2006, en el contexto de la amenaza americana de iniciar operaciones bélicas contra Irán, han sido hechas declaraciones acerca de la posibilidad de empleo de la base aérea de Manas, ubicada en las proximidades del aeropuerto de Bishkek, para llevar a cabo ataques aéreos sobre territorio iraní. La citada hipótesis ha obtenido tan amplia difusión e impacto que el comité parlamentario para la seguridad y defensa de Kirguistán tomo la decisión de elevar a la consideración del parlamento la denuncia del acuerdo con los EEUU para la permanencia en la ciada base aérea en territorio kirguiz; además, el entonces premier kirguís Almazbek Atambaev realizó una declaración extraordinaria de que en ninguna circunstancia se permitiría el uso de la base aérea americana, ubicada en territorio de la república, para llevar a cabo acciones militares contra Irán. La cooperación política entre la República de Kirguistán y la República Islámica de Irán se basa principalmente en el marco de la pertenencia común a múltiples organismos internacionales. En lo que respecta a la presencia cultural y económica de la república islámica en este país, esta es inferior a la de rusos, chinos o turcos; Irán tampoco se encuentra entre los diez primeros actores del comercio exterior kirguís. Por supuesto, al igual que en otros países de la región, allí existe un centro cultural iraní aunque su actividad parece limitada a la diáspora tayika residente en territorio kirguís. En definitiva se trata de una relación carente de conflictos pero escasa de perspectivas.

Tayikistán.

 El mejor nivel de la relaciones entre Irán y Tayikistán, inexistente con otros gobiernos de la región, es debido a la proximidad cultural entre tayikos e iraníes. Algunos círculos de las élites iraníes incluso perciben Tayikistán como parte de un “Gran Irán” en el marco de un concepto de “Unión Aria”, que implicaría la integración de los países persáfonos  en un eje Teherán – Kabul – Dushambé.

Irán y Rusia fueron los principales actores en la finalización del conflicto civil tayiko; en la medida en que el gobierno iraní supo ejercer presión sobre la Oposición Unificada Tayika, y Moscú tomó las mismas medidas acerca de los representantes del Frente Nacional. La República Islámica y la Federación Rusa obligaron a ambos bandos del conflicto tayiko a sentarse a la mesa de negociaciones. Precisamente, en esta época, la dirección política de la R.I.I. estableció los límites de su penetración en Tayikistán: tras la descomposición de la URSS la influencia rusa en Dushambé era muy fuerte en la mayoría de los ámbitos; así se aprovecha la coyuntura para alcanzar un consenso entre la R.I.I. y la R.F.R. para delimitar sus respectivas esferas de influencia en Tayikistán. De cualquier manera, para Irán, convertirse en un socio prioritario de Tayikistán dadas las condiciones actuales de sus economía y las lamentables circunstancias de la tayika, seguramente no le venga a cuenta.

 Uzbekistán.

Más complicados son los asuntos con Uzbekistán. La relación entre ambos países a lo largo de su coexistencia común ha tenido un carácter moderadamente bienintencionado, aunque no haya existido una tendencia a mejorar o incluso se haya alterado de forma generalizada la calidad de la relación.

Para muchos, esta circunspección es resultado de la política exterior proamericana de Tashkent. También ha tenido importancia la manifiesta islamofobia de los dirigentes uzbekos. A finales de los años 90 Irán colaboró activamente con el Movimiento Islámico de Uzbekistán; existió incluso una época en la que en la provincia iraní de Jorrasán hubo, y sigue habiendo según algunas fuentes, campamentos para familiares de activistas del MIU. Aunque en ellos no vivan militantes, sino los familiares que se vieron obligados a abandonar Uzbekistán, el hecho genera irritación en Tashkent. No obstante, hay que tener en cuenta que el apoyo iraní al MIU no tiene ninguna relación con una presunta “exportación de la revolución islámica”, sino que debe enmarcarse en los intentos de Irán de apartar al MIU de la influencia de Arabia Saudita y de otros círculos religiosos radicales.

Es obligado tener en cuenta que en la relación global de Irán con los países de la región, más de la mitad de los esfuerzos e iniciativas han ido dirigidas a Uzbekistán; no obstante esta actividad no ha tenido un impacto real ni en el terreno de la cooperación económica ni en el de la política, aunque una relación económico-comercial entre ambos países podría dar lugar a un desarrollo de la infraestructura de transporte (como la autovía Tashkent – Mashad a través de territorio afgano) que tanto Irán como Uzbekistán valoran muy positivamente como de interés para toda la región. Incluso China apoya activamente este proyecto en el nivel diplomático, dado que este aseguraría el tránsito entre China e Irán, e incluso hasta los países de Oriente Próximo. En cualquier caso, la desolada situación de Afganistán constituye un freno a este proyecto.

La conclusión resultante es que, del diálogo con los gobiernos centroasiáticos, Irán obtiene bazas económicas significativas. En el marco de su expansión de la cooperación con los países de la región se refuerzan los vínculos de las comunicaciones terrestres y flujos comerciales de la región con los puertos iraníes en el Golfo Pérsico.

En lo referente al Caspio, este tiene importancia en su política exterior, tanto por su papel clave en sus comunicaciones internacionales como por constituir una base avanzada para extender su influencia en el Cáucaso Sur y Asia Central. Durante un determinado tiempo Irán contempló el proceso negociador sobre el estatuto legal del Caspio como una herramienta política para la contención de la expansión económica por parte de compañías petroleras que pretendían penetrar en la cuenca del Caspio. Aunque los recursos de hidrocarburos propios (de los principales del mundo) residan en el Golfo Pérsico esto no cambia el carácter beneficioso que reporta a Irán el actual estatuto del Caspio. Para Irán es fundamental la exclusión de la presencia militar de EE.UU. y la OTAN de la cuenca del Caspio: enfrentarse a la intervención de actores externos en los asuntos internos de esta región; esto representa la estrategia principal de la política exterior de la R.I.I  en Transcaucasia y Asia Central, significativamente reforzada en la segunda mitad del primer decenio del actual siglo. Irán postula que cualquier decisión o actividad propuestas por actores externos a la región inevitablemente traerán consecuencias negativas y, particularmente, provocarán daño en la cooperación regional, rompiendo la confianza mutua, creando problemas suplementarios a los pueblos de la región.

En resumen, existe  una capacidad de acuerdo y coincidencia de intereses entre Irán, Rusia y China con Asia Central que favorece una política de bajo riesgo iraní en la región; más aún,  la estrategia iraní hacia los principales problemas de la región casa con los intereses estratégicos rusos en Asia Central, siendo esto un excelente requisito para la actividad cooperativa.

Alexander Kniazev, catedrático, coordinador de programas del instituto de estudios orientales de la Academia de Ciencias Rusa.

Artículo encargado especialmente por www.Iran.ru

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