¿Es posible un acuerdo EEUU-Irán?

Una elaborada caricatura de Chuck Asay sobre la posibilidad de unas negociaciones directas entre Obama y Ahmadineyad. La prensa conservadora estadounidense ha ridiculizado reiteradamente tal eventualidad, como parte del cotidiano alud de ataques que recibe  la administración Obama. Parece difícil, en efecto, que el actual presidente americano disponga de margen político como para llegar a un acuerdo directo con Irán. Pero existe una lógica de fondo, con ventajas para iraníes y estadounidenses –y desde luego, para los europeos– que podría terminar llevando por ese camino, aunque a día de hoy parezca más que improbable. Recién recuperado Stratfor del ciberataque que sufrió en las pasadas semanas, George Friedman explora dónde se encontrarían las claves del éxito en el acercamiento entre Washington y Teherán. 

Traducción: Javier Romero, historiador

Planteando un acuerdo EE.UU-Irán

Por George Friedman

Stratfor, 24 de enero, 2012

La semana pasada escribí acerca del desafío estratégico al que se enfrenta Irán en su pugna por conformar una esfera de influencia que abarque desde Afganistán occidental a Beirut, en la costa del Mediterráneo oriental. También señalé las limitadas opciones con que cuentan los Estados Unidos y otras potencias occidentales para contener a Irán.

Una opción sería incrementar los esfuerzos para bloquear la influencia iraní en Siria. La otra opción sería plantear una estrategia de negociación con Irán. Durante los últimos días, hemos visto indicios de ambas.

Avances rebeldes en Siria

La ciudad de Zabadani, en el sudoeste de Siria, ha caído supuestamente en manos de fuerzas opositoras al régimen. Aunque la ciudad no tiene demasiado valor táctico para los rebeldes, y que el régimen podría muy bien retomarla, este suceso podría tener una importancia real. Hasta este momento, salvo para atraer la atención de los medios, la resistencia al régimen del presidente Bashar al Assad no se ha mostrado particularmente efectiva. Ciertamente no había sido capaz de tomar y defender territorio, lo cual es crítico para que una insurgencia tenga relevancia.

Ahora que los rebeldes han tomado Zabadani con gran bombo y platillo –aún cuando no está claro hasta qué punto controlan la ciudad, y aún menos si serán capaces de mantenerla en su poder contra la acción del Ejército sirio- en este momento una pequeña parte del país está aparentemente bajo control rebelde. Cuanto más tiempo la retengan, más débil parecerá al Assad, y será más probable que los oponentes al régimen puedan crear un gobierno provisional en suelo sirio, en torno al cual organizarse.

Zabadani también da a las potencias extranjeras algo que pueden ayudar a defender, en caso de que opten por hacerlo. Intervenir en una guerra civil librada contra un movimiento rebelde débil y difuso es una cosa; atacar a carros sirios que avanzan para retomar Zabadani es algo muy distinto. No hay indicios de que esto esté bajo consideración, pero, por vez primera, existe la posibilidad de que actores externos actuando en nombre de los rebeldes tengan a su disposición un objetivo viable militarmente. La existencia de semejante posibilidad podría cambiar la dinámica de la situación en Siria. Si tenemos en cuenta el ambiente creado por las exigencias de la Liga Árabe de que se forme un gobierno provisional, esto podría dar lugar a presiones significativas.

Bajo el punto de vista iraní, esto hace surgir el riesgo de que la esfera de influencia que Teherán persigue crear sea bloqueada por la caída del régimen de al Assad. Tal cosa no supondría un desafío fundamental para Irán, en tanto que su influencia en Irak permanezca intacta, pero podría representar un potencial punto de inflexión de las ambiciones iraníes, abriendo la puerta a un replanteamiento de los cálculos de Teherán en torno a los límites de la influencia iraní y las amenazas a su seguridad nacional. Tampoco debemos destacar esto en exceso: los sucesos de Siria no han llegado aún tan lejos, y difícilmente puede decirse que Irán haya quedado arrinconada. Aún así, es un recordatorio a Teherán de que las cosas podrían no ir a su manera.

Una posibilidad de negociación

Es dentro de este contexto en el que ha surgido la posibilidad de entablar negociaciones. Los iraníes afirman que la carta que envió la administración estadounidense al líder supremo iraní, Ayatolá Alí Jamenei, en la que se proclamaba que las amenazas de Irán en el estrecho de Ormuz traspasaban una línea roja, contenía un segundo párrafo en el que se ofrecían conversaciones directas a Irán. Después de titubear, los Estados Unidos denegaron la oferta, pero no desmintieron haber enviado un mensaje a las autoridades iraníes. Acto seguido, éstas afirmaron que dicha oferta fue hecha de palabra a Teherán, no por medio de la carta. De nuevo Washington no fue categórico en su mentís. El viernes, la secretaria de estado de los EE.UU, Hillary Clinton, dijo durante una reunión con el ministro de exteriores alemán que “No buscamos un conflicto. Creemos firmemente que el pueblo de Irán merece un futuro mejor. Podrán tener dicho futuro, el país podrá ser reintegrado a la comunidad global… cuando su gobierno ceje definitivamente en perseguir la obtención de armas nucleares”.

Desde nuestro punto de vista, esta es una idea crítica. Como llevamos diciendo desde hace varios años, no consideramos que Irán esté tan cerca de obtener un arma nuclear. Pudiera ser que estuvieran cerca de poder hacer pruebas con un primitivo artefacto nuclear bajo circunstancias controladas (lo cual también ignoramos), pero desarrollar un arma nuclear que pueda ser lanzada, le supone a Irán importantes desafíos.

Además, aunque los iraníes aspiran a la disuasión por medio de la capacidad de emplear armas nucleares, no creemos que éstos consideren que son útiles bajo un punto de vista militar. Unas pocas de esas armas podrían devastar Israel, pero Irán sería aniquilado como represalia. Aunque los iraníes hablan con agresividad, históricamente han actuado con cautela. Para Irán, las armas nucleares son mucho más útiles como noción de amenaza y como elemento de negociación que como algo que pueda ser desplegado. En realidad, la situación ideal no es exactamente tener un arma, y por tanto no forzar a nadie a actuar contra ella, sino parecer estar lo bastante cerca de obtenerla como para que se les tome en serio. Y ciertamente eso es lo que han conseguido.

La pregunta importante, por lo tanto, es esta: ¿qué ofrecerían los Estados Unidos si Irán hace concesiones significativas en su programa nuclear, y qué es lo que Irán querría a cambio? En otras palabras, olvidando la parte nuclear de la cuestión, ¿a qué se refería Hillary Clinton cuando dijo que Irán podría ser reintegrado en la comunidad internacional, y qué es lo que Irán desearía en realidad?

Recuérdese que bajo nuestro punto de vista, las armas nucleares nunca han sido el verdadero problema. Por el contrario, éste radica en el desarrollo de una esfera de influencia iraní tras la retirada de los Estados Unidos de Irak, y la presión que Irán pueda ejercer sobre los estados productores de petróleo de la península arábiga. Durante largo tiempo Irán ha considerado que el rol de liderazgo en el Golfo Pérsico que le correspondería de forma natural ha sido frustrado primero por los otomanos, después por los británicos y ahora por los americanos, y siempre han buscado crear lo que ellos consideran que debería ser el estado natural de las cosas.

Los Estados Unidos y sus aliados no quieren que Irán consiga armas nucleares. Pero hay algo que desean aún menos, y es ver a Irán en el papel de fuerza convencional dominante en la zona, con capacidad de ejercer su influencia para debilitar a los saudíes. Con o sin armas nucleares, los Estados Unidos deben contener a los iraníes para proteger a sus aliados saudíes. Pero el problema está en que Irán no ha sido aún contenido en Siria, y aún cuando fuera controlado en ese país, no ha sido aún contenido en Irak. Irán ha roto su contención de una forma decisiva, y tiene ahora una importante capacidad de ejercer presión en Arabia.

Asumamos por un momento que Irán aceptase abandonar su programa nuclear. ¿Qué podría darle los Estados Unidos a cambio? Obviamente, a Clinton le gustaría ofrecer el fin de las sanciones. Pero las sanciones impuestas a Irán no son tan onerosas, pues rusos y chinos no están cooperando, y los Estados Unidos se han visto forzados a permitir que Japón y otros países no participen plenamente. Pero todo esto va aún más allá.

La oportunidad histórica de Irán

Irán se halla ante una oportunidad histórica. Por vez primera, se encuentra en una situación en la que ninguna potencia exterior cuenta con una posición directa desde la que bloquear a Irán militar o políticamente. Por más dolorosas que fueran las sanciones, cambiar ese momento por el levantamiento de las sanciones no sería racional. La amenaza de la influencia iraní es el problema, e Irán no canjeará esa influencia por el levantamiento de las sanciones. Por lo tanto, asumiendo que el problema nuclear desaparezca, ¿qué es lo que los EE.UU están preparados a ofrecer?

Los EE.UU. tienen asegurado el acceso al crudo procedente del Golfo Pérsico- no sólo para ellos sino también para el mundo industrial global- desde la Segunda Guerra Mundial. Y no quieren tener que enfrentarse a una potencial interrupción del suministro de petróleo por ninguna causa, como la que ocurrió en 1973. Ciertamente, a medida que Irán expande su influencia, la posibilidad de conflicto aumenta, junto con la eventualidad de que los EE.UU intervengan para proteger a sus aliados en Arabia de una subversión patrocinada por Irán, o incluso de un ataque directo de éstos. Los Estados Unidos no quieren intervenir en la región. No quieren una interrupción del suministro de crudo. Y tampoco quieren una extensión del poder iraní. No está claro que Washington pueda conseguir las tres cosas.

Irán también desea tres cosas

Primero, quiere que los Estados Unidos reduzcan de forma drástica su presencia en el Golfo Pérsico. Tras haber presenciado dos intervenciones de los EE.UU contra Irak y una contra Afganistán, Irán es consciente del poder estadounidense y de lo variable que puede ser la atmósfera política americana. Experimentó el cambio de Jimmy Carter a Ronald Reagan, por lo que sabe bien cuán rápidamente pueden cambiar las cosas. Teherán ve la presencia de los Estados Unidos en el Golfo Pérsico, combinada con las operaciones clandestinas y campañas de desestabilización de estadounidenses e israelíes, como un peligro impredecible para la seguridad nacional iraní.

Segundo, los iraníes quieren ser reconocidos como la potencia principal de la región. Esto no quiere decir que tengan intención de ocupar ninguna nación de forma directa. Significa que Irán no quiere que Arabia Saudí, por ejemplo, plantee una amenaza militar contra ello.

Tercero, Irán quiere una reestructuración de los ingresos por petróleo en la región. Cómo se conseguirá esto formalmente, ya sea permitiendo inversiones iraníes en las compañías petrolíferas árabes (posiblemente financiadas por el país anfitrión) o por cualquier otro medio, es algo carente de relevancia. Lo que importa realmente es que los iraníes quieren un mayor porcentaje de los vastos recursos financieros de la región.

Los EE.UU. no desean un conflicto con Irán. Irán no quiere un conflicto con los EE.UU. Ninguno de los dos puede estar seguro de cómo se desarrollaría un conflicto semejante. Los iraníes quieren vender crudo, y los americanos quieren que occidente pueda comprarlo. El problema se reduce en realidad a si los Estados Unidos querrán garantizar el flujo de petróleo por vía militar, o por medio de un acuerdo político con el país que podría obstaculizar el flujo de petróleo, es decir, Irán. Esto a su vez lleva a plantear otras dos preguntas. Primero, ¿pueden los EE.UU confiar en Irán? Y segunda, ¿podría aceptar una retirada del protectorado americano en la península arábiga, lo que dejaría abandonados a su suerte a viejos aliados?

Cuando escuchamos la retórica de los políticos americanos e iraníes, resulta difícil imaginar que puedan llegar a confiar entre sí. Pero cuando recordamos la alianza estadounidense con Stalin y con Mao o la colaboración de la república islámica con la Unión Soviética, nos encontramos con que la retórica es un indicador de escaso valor. Las naciones defienden sus intereses nacionales, y si bien dichos intereses nunca son eternos, estos tienen su peso. Bajo un punto de vista puramente retórico no siempre resulta fácil decir cuál de los políticos de ambos bandos resulta más pintoresco. Será difícil vender una alianza entre el Gran Satán y el miembro fundador del Eje del Mal a las respectivas opiniones públicas de cada país, pero cosas más difíciles se han conseguido.

El interés último de Irán es obtener garantías de seguridad de los EE.UU y poder vender petróleo a cambio de unos beneficios substancialmente mayores (esto supondría un aligeramiento de las sanciones y una redefinición de la forma en que son redistribuidos los beneficios del petróleo de la región). El interés último de los EE.UU es acceder al crudo a precios razonables, y sin que ello requiera de intervención militar americana. En base a esto, los intereses iraníes y americanos no están tan alejados entre sí.

El Factor Árabe y un posible acuerdo

El punto clave de este escenario es el futuro de las relaciones estadounidenses con los países de la península arábiga. Cualquier acuerdo entre Irán y los Estados Unidos les afecta en dos aspectos. Primero, la reducción de fuerzas estadounidenses en el Golfo Pérsico les obligará a alcanzar un acomodo con los iraníes, algo difícil y potencialmente desestabilizador para ellos. Segundo, el cambio en los flujos financieros les perjudicará, cambio que probablemente no se acabará ahí. Con el tiempo, los iraníes emplearán su posición reforzada en la región para obligarles a hacer concesiones adicionales.

Siempre hay un peligro en abandonar aliados. Por ejemplo, otros aliados podrían sentirse inquietos. Pero cosas así ya han ocurrido antes. Abandonar a viejos aliados en  nombre del interés nacional no es algo que hayan inventado los EE.UU. No resulta tan obvia la idea de que a los EE.UU les parezca inherentemente más atractivo que el flujo de dinero vaya a parar a los saudíes, y no a los iraníes.

La cuestión principal para los Estados Unidos es cómo contener a Irán. El flujo de dinero reforzará a Irán, el cual podría buscar extender su poder más allá de lo tolerable para los EE.UU. Existen varias posibles respuestas. Primero, los Estados Unidos siempre pueden volver a la región. Los iraníes no consideran débiles a los americanos, sino más bien impredecibles. No es probable que Irán desafíe a los Estados Unidos una vez haya alcanzado su objetivo histórico. En segundo lugar, por más que Irán crezca, seguirá estando por detrás de Turquía en todos los aspectos. Este país no está, en el momento presente, dispuesto a jugar un papel activo de contrapeso frente a Irán; pero durante el tiempo que le llevará a Irán consolidar su posición, Turquía será una fuerza que equilibrará y eventualmente contendrá a Irán. En último término, se llegará a un acuerdo que beneficiará a ambas partes y que definirá claramente los límites del poder iraní, unos límites que a éstos les interesará respetar pues podrán obtener grandes beneficios de dicho acuerdo.

La geopolítica lleva por una dirección. La ideología, por otra. La capacidad de confiar el uno en el otro es también una tercera dirección. Al mismo tiempo, los iraníes no pueden estar seguros de para qué están preparados los Estados Unidos. Los americanos no quieren ir a la guerra contra Irán. Los dos quieren que fluya el petróleo, y a ninguno le importan tanto las armas nucleares como hacen ver. Finalmente, nadie más cuenta en este acuerdo. Los israelíes no siguen una línea tan dura contra Irán como parece, y de todos modos los Estados Unidos tampoco harían caso a Israel en un asunto que afecta a la economía global. En último término, en ausencia de armas nucleares, Israel tampoco tiene un problema tan grave con Irán.

No nos sorprendería descubrir que los Estados Unidos ofrecieran conversaciones directas, ni que los comentarios de Clinton pudieran hacerse extensibles a un acuerdo más amplio. Y tampoco considero que Irán vaya a perder, en aras de la ideología, la oportunidad de una transformación histórica de su posición estratégica y financiera. Son demasiado cínicos como para ello. Los grandes perdedores serían los saudíes, pero incluso ellos podrían acomodarse a un acuerdo que, aunque menos satisfactorio que el que ahora tienen, seguiría siendo bastante satisfactorio.

Todavía hay muchos obstáculos en el camino hacia semejante acuerdo, desde la ideología a la desconfianza, pasando por la política doméstica. Pero en vista del nudo que está planteándose en la región, no resultan sorprendentes los rumores de conversaciones que están saliendo a la superficie. Podría ser que Siria no evolucionase en la forma que Irán quiere, e Irak ciertamente no seguirá el camino que desean los Estados Unidos. Pero con menos se han construido matrimonios.

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