Releer: The Devil We Know, de Robert Baer

El libro de Robert Baer, The Devil We Know (2008) es una de esas obras que conviene releer (o hacerlo por primera vez) precisamente ahora, tres años después de su publicación. Su autor fue un agente de campo de la CIA, uno de los mejores de la Agencia en la zona de Medio Oriente,  y también  Irán. Eso implica que las apreciaciones de Baer no son las más o menos sagaces o tópicas observaciones del turista ocasional, sino los análisis de un profesional de la información clasificada.  El autor de The Devil We Know se maneja en persa y en su antigua vida profesional se especializó en Hizbollah, investigando las actividades de ese movimiento desde Siria a Sarajevo pasando, claro está, por Beirut. Además, en su calidad de agente de la CIA, Baer tuvo acceso a información de inteligencia elaborada por otros, tanto la guardada en Langley como la procedente de otros servicios de inteligencia, aliados o no.

Es importante tomar esta circunstancia muy en consideración, porque en su momento el polémico libro levantó irritación en los Estados Unidos –como no podía ser menos- y muchos de sus críticos le echaron en cara que las apreciaciones no estaban basadas documentalmente o, incluso, venían a ser producto de anécdotas circunstanciales. Razonar en esta línea supone que el comentarista no valora la procedencia de la información y sólo le interesa “fiskear” torpemente la obra reseñada,  quizá con el propósito de llevar la razón en debates o ajustes de cuentas personales que al lector común le interesan más bien poco.

El ejercicio de releerse la obra que Baer le dedicó a la potencia iraní, tres años después de su publicación, resulta especialmente estimulante una vez que ya tenemos una perspectiva más de conjunto sobre ese fenómeno denominado “Primavera Árabe”, a casi un año de su inicio. Así, por ejemplo, el escepticismo con el cual se acogió en su día la insistencia de Baer en el sentido de que Irán buscaba ponerle la mano encima a los emiratos del Golfo, cobra un nuevo sentido a raíz de las revueltas en Bahrein, e incluso de las protestas en Omán. De hecho, el protagonismo iraní en la “Primavera Árabe” en su conjunto –desde Libia a Siria, pasando por Egipto- está todavía por relatar.

Otra afirmación que levantó ampollas: Rusia y China apoyaban el programa nuclear iraní. Robert Baer explicaba en su libro por qué Pekín y Moscú tenían interés en respaldar a Teherán: hoy, esas consideraciones siguen siendo válidas. ¿Acaso China no sigue necesitando, más que nunca, el crudo iraní?¿Y qué impulsa a los rusos a enviar armas al régimen de Bashar al Assad, algunas de ellas, según se rumorea, pagadas por el régimen iraní?

Pero sobre todo, hay un argumento que subyace a todo el contenido de The Devil We Know: la política exterior estadounidense está equivocada con respecto a Irán. Esta potencia posee cartas sólidas que puede jugar en esa región, las cuales Washington no tiene. Desde un punto de vista militar, Arabia Saudí es muy débil y su defensa depende de la presencia militar americana en la península arábiga.  Y aunque ya entonces Baer avanzaba el estado de deterioro que habían alcanzado las relaciones entre los Estados Unidos y Pakistán, en 2008 era difícil imaginar el punto de ebullición en que se encuentran ahora mismo. Así que, en efecto, los aliados de la coalición suní no atraviesan su mejor momento; y menos ahora, con el desconcierto generalizado que ha traído la “Primavera Árabe”. Fenómeno que, por cierto, sólo parece estar afectando tangencialmente a los países de mayoría chiíta.

El asunto está de total actualidad, cuando algunos halcones en Occidente siguen batiendo  los tambores de guerra para un ataque, una incursión, una invasión (el nefasto “¡hagamos algo!”) o cualquier acción de castigo contra Irán que impida su hipotética conversión en potencia nuclear. A tal respecto, el capítulo 5 del libro se titula: “Letal y escurridizo: Por qué las armas y tácticas de Irán lo hacen inconquistable, incluso sin armas nucleares”. Las razones que da Baer son de pura lógica –aparte de estar documentadas- y parecen venir respaldadas por los recientes acontecimientos en el amplio arco que va del Cáucaso al Líbano, pasando por Siria y el mismo Irán. Y sobre todo, a razón del sorprendente derribo del UAV RQ 170, el pasado 4 de diciembre. Si a la habilidad militar adquirida por Irán en los últimos años se le suma la tecnología rusa y china de última generación, una campaña americana podría resultar militarmente costosa y económicamente muy cara; y Washington ya lleva desembolsada una casi incalculable fortuna en Oriente Medio y Asia Central meridional en los los últimos diez años.

Por lo tanto, Baer dejaba caer la necesidad (y posibilidad) de un acuerdo entre Washington y Teherán, un viraje diplomático similar  al protagonizado por Nixon y Mao en 1972. Hoy puede parecer a muchos analistas una aberración; y desde luego que, con Obama en la Casa Blanca resultaría difícil de amañar (aunque no imposible). Pero fuera de los titulares de la gran prensa esa posibilidad está tan asumida que incluso uno de los críticos del libro de Baer, le echa en cara toda una serie de consideraciones pero no esa, precisamente, hasta el punto de que llega a citar análisis académicos que respaldaban, precisamente, esa posibilidad.

Francisco Veiga

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