La situación en MENA: juegos de manos, juegos de villanos

El pasado mes de junio llegaron cuatro UAVs de reconocimiento a la base estadounidense de İncirlik, en territorio turco, muy cerca de la frontera siria. Oficialmente iban a ser utilizados conjuntamente por las fuerzas armadas y la inteligencia de Turquía y los Estados Unidos Se suponía que iban destinados a obtener información sobre el PKK, pero a la vista de lo acaecido unos meses más tarde, cabe pensar que su destino real era sobrevolar el cercano territorio sirio. En la imagen, un prototipo de UAV turco, el ANKA-A, que será operativo en 2012. Turquía despliega gestos de gran potencia en la zona, pero no puede actuar en solitario en un asunto tan delicado como es el conflicto civil sirio. Depende de los planes de la OTAN y los Estados Unidos, y tampoco puede dejar de lado los intereses israelíes.

La pieza que viene a continuación es el desarrollo y actualización de un artículo publicado por el autor en “El Periódico de Catalunya” el pasado 21 de noviembre.

Hace ya casi un mes, el pasado 27 de octubre, “The New York Times” desvelaba, en un impactante reportaje, que el gobierno turco daba asilo dentro de sus fronteras a lo que parecía ser el estado mayor del denominado Ejército Libre de Siria, que operaba en el vecino país. El ELS, compuesto por soldados desertores del Ejército regular sirio, era el protagonista de numerosas acciones militares contra las fuerzas de seguridad del régimen de Bashar al Assad. De hecho, las emboscadas y enfrentamientos armados siguen produciéndose cada día en el interior de Siria.

Por lo tanto, el reportaje del “New York Times” desvelaba que, de hecho, se estaba produciendo una intervención de la OTAN, encubierta, en Siria. En efecto, Turquía es miembro de la Alianza Atlántica desde 1955, y un aliado estratégico de confianza de los Estados Unidos en la región. Resulta casi de todo punto imposible suponer que el apoyo de Ankara a los desertores sirios reconvertidos en  combatientes armados,  fuera un hecho desconocido –por no decir permitido o apoyado activamente- en Washington y Bruselas. De hecho, existen fundadas sospechas de que la imponente base de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos , situada cerca de la frontera siria, en  İncirlik –y del acantonamientos de los desertores sirios- ha estado implicada de forma directa en el abastecimiento, coordinación e incluso formación del ELS.

Las consecuencias derivadas  de la información revelada a finales de octubre eran, por lo tanto, muy serias[1].  Pero a partir de ese momento, suceden tres cosas, casi simultáneamente. Por un lado, el gobierno turco clama que detrás de los últimos ataques del PKK kurdo está Siria. Con eso se consigue la coartada moral que “justificaría” la intervención turca en los asuntos sirios.  Simultáneamente, se relegaba la teoría –ésta menos estentóreamente aireada- de que eran los israelíes quienes estaban ayudado al PKK, rumor abonado desde el mismo Israel, que cobró carta de naturaleza durante el último episodio de tensión turco-israelí, que a estas alturas ya no se sabe si fue tan real o más fingido.

Muy pocos días después, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y su ministro de Defensa, Ehud Barak, se desmelenaban y comenzaban a clamar por un ataque preventivo contra Irán, al que acusaban de tener casi lista el arma nuclear. El resto del gabinete y hasta los militares, no veían tan clara la necesidad de ponerse así. Y entonces, al mismo tiempo,  pudimos leer en “The Guardian” que los británicos se estaban preparando militarmente para tal opción. También llegaron informaciones de que Washington estaría dispuesto a liderar el ataque, y Obama se descolgó con unas declaraciones de tono amenazante, aunque mucho más desinfladas que las de Netanyahu, como secundándole sin mucho entusiasmo. En cualquier caso, británicos e israelíes dejaron caer, por si acaso, que eran los americanos quienes preparaban el ataque, y no ellos.

Fueron pasando los días, la situación en Siria quedó de nuevo en la sombra por un tiempo, la mediación de la Liga Árabe fue siendo ninguneada desde Occidente –sería un milagro que se hubiera respaldado, sin sabotearla- y frente a Irán vimos cómo regresaba, con toda su fuerza, el lenguaje y la lógica de hace nueve años, cuando se preparaba concienzudamente la invasión de Irak. Los dobles raseros, los cambiazos periodísticos, las diversiones y exageraciones resultaban bastante parecidos, poseían el mismo grado de tosquedad que por entonces.  De nuevo se volvía a hablar de una supuesta amenaza nuclear contra Occidente y el mundo. Pero, sobre todo, como en aquellos tiempos de la pre-invasión de Irak, otra vez resultaba imposible para las potencias occidentales obtener el respaldo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Ni para un posible ataque contra Irán ni, tampoco, para meterse en Siria, como parece estar haciendo, en estos momentos, un país miembro de la OTAN.

¿Y la enemistad turco-israelí, que hace pocas semanas estaba al rojo vivo?  Pues esa fue la tercera cosa que sucedió a raíz del citado artículo de “New York Times”: una flotilla  de dos yates, uno canadiense y otro irlandés, cargados con ayuda humanitaria para Gaza, fue abordada por patrulleras israelíes, el pasado día 4 de noviembre. No se produjeron heridos ni muertos entre los activistas, pero las naves tampoco iban escoltadas por unidades de guerra turcas. El primer ministro turco no perdió mucho tiempo en comentar que la flotilla no estaba integrada por barcos, tripulantes o activistas turcos; y tampoco aprovechó la ocasión para arremeter contra Israel. Y el 6 de noviembre Turquía reanudó sus vuelos comerciales a Israel, con todo lo que ello significaba.  Claro que, en plena tensión turco-israelí, los americanos seguían considerando vender helicópteros de combate a los turcos para que aplastaran al PKK. Tan mal no andarían las cosas entre Tel Aviv y Ankara, es un suponer.

Por suerte, casi nadie parece aguantar a Netanyahu, comenzado por Nicholas Sarkozy; hay indicios de que ese punto de vista está muy extendido en las cancillerías occidentales. A pesar de lo cual, una parte de la tensión que se generó en relación a Irán pudo haber tenido que ver con un intento de salvarle la cara a Bibí y evitar gestos desesperados. Porque hay que tener clara una cosa: un ataque contra Irán podría tener consecuencias devastadoras para la maltrecha economía mundial, ya sujeta con alfileres, si tenemos en cuenta el volumen de crudo que pasa diariamente por el estrecho de Ormuz, fácilmente bloqueable caso de conflicto.  Los americanos terminaron por recordarlo a través del mismísimo Leon Panetta.

Y ahora rebobinemos: todo ese ruido de noviembre, ha logrado meter bajo la alfombra la injerencia turca en Siria y la mano de la OTAN. Por otra parte, es impensable que una intervención encubierta de la OTAN en Siria se lleve a cabo sin el concurso o, al menos, la aquiescencia de Israel. Por lo tanto, se puede suponer, con mucha seguridad,  que tras el arranque de Netanyahu contra Irán, en noviembre, hubo algún tira y afloja de la negociación secreta que se traen todos esos con respecto al próximo paso a dar en Siria.

El jaleo de noviembre con las amenazas de ataque a Irán, también ha hecho que nos olvidemos ya de Libia y lo que allí sucedió. Por ejemplo, ha pasado absolutamente desapercibido en la prensa occidental el chamarileo que organizaron las milicias bereberes de Zintan con Trípoli, a partir de la captura de Saif al-Islam, un asunto que adelantó la polémica publicación israelí DEBKAfile, y con el que dio de lleno en el blanco.  El resultado ha sido dejar en evidencia al Tribunal Penal Internacional: un prisionero reclamado por la justicia internacional es dejado en manos de la justicia local, y aquí no ha pasado nada. ¿Se imaginan que el gobierno de Djindjić se hubiera atrevido a hacer lo mismo con Milošević en junio de 2001?

Y por cierto: ¿por qué una publicación íntimamente relacionada con los halcones del aparato militar y de inteligencia israelí deja en evidencia los manejos de los aliados occidentales en Libia? Lo cual no es un ejemplo aislado: lo ha venido haciendo desde marzo, cuando comenzó la guerra civil en ese país. La razón es sencilla: DEBKAfile filtra lo que interesa a los sectores que representa, y lo cierto es que para Tel Aviv la campaña de Libia estuvo mal llevada, con consecuencias potencialmente nefastas para Israel. “Mercenarios libios llegan a gaza con lanzacohetes múltiples Grad”, clamaba ese medio el pasado 11 de noviembre, sin ir más lejos. Eso, por cierto, lo hacen extensivo los sectores duros del gobierno y el aparato militar  israelí, encabezados por Netanyahu, y sin disimulo alguno, a todo el conjunto de la Primavera Árabe.

En definitiva, tanto jaleo bronco, tantos juegos de manos, no contribuyen sino a que nos preguntemos en qué ha derivado la “Primavera Árabe”, donde los cambios sociales y políticos parecen estar dejando paso a maniobras estratégicas de las grandes potencias.  ¿Es la actual revuelta en El Cairo parte de ese intricado juego? Esperemos a ver: lo ocurrido todos estos meses nos enseña que, debido a la acumulación de actores en la zona de MENA,  unos pocos días de paciencia y observación aportan excelentes dividendos a la hora de obtener pistas e indicios significativos.

Francisco Veiga


[1] La información de prensa sobre la existencia del ESL venía de más atrás. Véase por ejemplo, el vídeo en el que los mismos oficiales responsables anunciaron la formación del ESL, que data de finales de julio de 2011

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