China: adolescencia de un país

Que “China es el futuro” era algo que se había repetido hasta la saciedad en los últimos años. En pleno 2011, la afirmación es ya muy inocente: China es el presente, y el país que devendrá en los próximos años se está gestando ya, hoy, en las calles de Pekín, en las oficinas de Shangai, en la red.

Para definir en qué ha consistido el cambio exactamente e intentar otear horizontes, la sede de Casa Asia en Barcelona acogió durante la tarde del 6 de octubre a una tríada singular de conferenciantes. Bajo el título “It’s China Time!” Tendencias urbanas y digitales de la China del s.XXI, se reunieron Zhang Yiwu, investigador de Literatura y Teoría de la Cultura en la Universidad de Pekín, Zhang Jian, músico, componente del grupo FM· y creador de la “Buddha Machine” (una suerte de “incienso musical”, en palabras de su creador), e Inma González Puy, actual directora del Instituto Cervantes de Pekín y residente allí durante los últimos 30 años. De sus exposiciones extraemos algunas interesantes líneas de observación:

Todo pasa por las redes sociales

Weiguan (围观) es un concepto chino que se traduce como “observación en círculo“: es la matriz de la red social, donde todos observan a todos. Es cierto, puede que el acceso a redes sociales online como Facebook o Twitter no sea precisamente fácil… pero los chinos tampoco las echan mucho de menos: hace tiempo que crearon sus propias versiones de esas redes y operan en ellas libremente. Los ingenieros que salieron al extranjero para formarse en las universidades de Estados Unidos volvieron a casa y recrearon lo que vieron, mejorándolo en muchos casos y adaptándolo a la sociedad China.

La reina de las redes allí es Wei Bo, una versión de Twitter que, gracias a las particularidades de los sinogramas, permite compartir en 140 carácteres mucha más información que su homónima occidental. China cuenta hoy con 500 millones de internautas, y de ellos, 200 millones están en Wei Bo (alcanzando al número mundialde usuarios de Twitter).

Las redes sociales han supuesto un cambio fundamental en las comunicaciones entre ciudadanos, pero también de ciudadanos con sus instituciones. La falta de credibilidad de los medios tradicionales ha aupado a estos nuevos canales de como fuentes primordiales de información, donde tienen lugar desde denuncias políticas y activismo social a cotilleo del corazón. Hasta tal punto han calado en la sociedad, que los temas que en ellas aparecen establecen en muchos casos la agenda temática de los medios tradicionales, que tienen que hacerse eco de ellas para mantener ventas y público.

El culto a la personalidad extravagente

La Hermana Hibisco en una de sus exhibiciones públicas (vía http://www.sinorank.com/sohu/)

Quizá sea por contraposición a años de anonimato social, donde la personalidad del inviduo quedaba diluída a favor del colectivo; o quizá porque de repente el acceso a ese mundo digital plagado de ojos que miran ha convertido la exhibición del yo en un lujo al alcance de cualquiera. El hecho es que los jóvenes chinos nacidos en las décadas de los 80 y los 90 manifiestan un nuevo interés por la imagen propia: la adscripción a una “tribu” social a través de la forma de vestir, el consumo cultural y unas determoindas proclamas políticas son hoy una realidad en China.

Llevada al extremo, esa tendencia ha hecho surgir en los últimos años personajes que se han convertido en estrellas de la red por su extravagancia y descaro: Muzimei, conocida por sus relatos y libros eróticos interminables, o la conocida como Hermana Hibisco o Furong Jiejie (芙蓉姐姐), autora de números públicos y frases ya célebres (“Mi físico hace sangrar las narices de los hombres a mi paso”), serían algunos ejemplos de ello. Las interminables novelas online de temática fantástica u homosexual también son un fenómeno de enorme éxito social.

Occidente es un signo de status, no una necesidad

Con la consolidación de la clase media y la apertura de mercados, la relación del consumidor con el producto occidental se ha ido redefiniendo en los últimos años. Hoy, la presencia de cadenas de gran consumo como Zara o Starbucks está consolidada en todo el país, y el mercado del producto de lujo vive también un momento dulce. Los chinos no ocultan su amor por los productos occidentales, que son considerados una muestra de elegancia, de caché, y una exhibición de poder adquisitivo (Loewe es una de las marcas que mejor está vendiéndose en China, por citar un ejemplo).

Sin embargo, la antigua creencia de que para triunfar había que salir al extranjero está diluyéndose. Los chinos empiezan a creer que es posible triunfar dentro de su propio país. Europa y Estados Unidos ya no son el destino final, sino una etapa de paso, un trámite que concede estatus y ayuda a la consecución del auténtico premio: el mercado nacional, donde el público empieza a estar ya muy maduro para consumir música, cine, cultura y valorarlo en su justa medida.

“China -concluía el profesor Zhang Yiwu– está aprendiendo a ser un gran país. Aún mira al mundo como indefensa, con cierta sensación de inferioridad… pero cada vez está cogiendo más confianza. El desafío ahora es cómo integrar China en el gran orden mundial”.

Judith Argila | @jargila

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