La amputación de Grecia

Un grupo de desesperados turistas asiáticos intenta llegar a su destino, en Atenas, aprovechando una pausa en los enfrentamientos entre manifestantes y antidisturbios. Fuente: El comentario TV

En una semana muy marcada por las noticias que llegan desde Grecia y que cuestionan el futuro de la zona euro, incluimos aquí un análisis de Peter Zeihan, muy conocido por sus opiniones contundentes en base a unos planteamientos en gran perspectiva histórica. El comentario es una transcripción traducida de su análisis, grabado para Stratfor hace ya unos cuantos días.

“Las noticias financieras de la semana se centran, una vez más en la zona euro y por ello estamos viendo un montón de entidades que aparecen con un montón de posibles soluciones sobre cómo resolver el problema de la zona euro.Todas ellas, por supuesto, se basan en qué hacer con Grecia. El problema es que llegan desde el ángulo equivocado. Desde el punto de vista de STRATFOR, Grecia no tiene un futuro brillante en como estado, al menos sin tener antes en cuenta la crisis de la eurozona.

La Grecia moderna ha venido tradicionalmente respaldada por tres pilares. En primer lugar, el transporte marítimo. Como cultura principalmente costera que es, tiene sentido considerar que se trata de un país muy bueno en todo lo relacionado con la navegación. Sin embargo, en la era del transporte moderno y de los super cargueros de contenedores, Grecia simplemente no puede competir, y la mayor parte de su industria de construcción naval hace tiempo que migró a pastos más verdes en lugares como Noruega, China o Corea. El segundo pilar es el turismo y esto sigue siendo una opción; pero el turismo por sí solo no puede apoyar un estado moderno. La última opción, en la cual los griegos han hecho muchos kilómetros, consiste en aprovechar la posición geoestratégica del país. Normalmente, concediendo  a un poder exterior los medios para que combata a un país  vecino de Grecia. Cuando este país logró su independencia a principios de 1800, ese poder externo fue el Reino Unido, que utilizó a  Grecia como un aislante contra los turcos. Más tarde, los estadounidenses jugaron un papel similar, al apoyar a Grecia contra los soviéticos. En ambos casos, enormes volúmenes de capital sirvieron apra apoyar al país heleno en esas misiones. Sin embargo, la Turquía de la post-Guerra Fría es un miembro de la OTAN, y aunque los griegos no lograran llevarse bien con los turcos, nadie está tratando de utilizar a Grecia como un aislante militar en contra de ellos. Grecia ya no tiene un enemigo regional que pueda compartir con alguien. Lo más parecido podrían ser los turcos, nuevamente;  pero sólo si éstos calculan mal su relación permanente con Israel o Chipre; y para que eso ocurra han de calcular mal, muy muy mal.

La línea de fondo, los diferentes soportes que permiten que el Estado griego exista desde la década de 1820, simplemente ya no existen, y por lo tanto el camino a seguir es el siguiente: Grecia no se puede salvar. Grecia, simplemente no puede competir a menos que se le suministren de forma constante y estable sumas de capital desde el exterior que no necesariamente deba devolver. E incluso si eso pudiera reiniciarse de alguna forma, Grecia no podría desembarazarse de su carga de deuda propia. Es simplemente, demasiado grande. Grecia tiene que ser expulsada de la zona euro, si el euro quiere sobrevivir, pero entre una cosa y otra, en primer lugar, debe establecerse un fondo de cortafuegos. La expansión del Fondo Europeo de Estabilidad Regional debe tener lugar, porque si no puede retener los 280 millones de euros de deuda del gobierno griego que circulan fuera de Grecia, entonces se va a desencadenar una catástrofe financiera masiva y la eurozona no podrá sobrevivir. Y así, a fin de prepararse para la eyección de los griegos, hay que constituir un fondo que pueda manejar tres cosas, más o menos simultáneamente. Primero,  se necesitan unos 400 millones de euros para aislar  a Grecia del resto de la eurozona. En segundo lugar, se precisan otros 800 millones en orden a prevenir  un colapso bancario a gran escala, porque el día que se precipiten los impagos de la deuda y Grecia sea expulsada de la zona euro, habrá colapsos catastróficos bancarios en Portugal, Italia, España y Francia, probablemente en ese orden.

En tercer lugar, los mercados se volverán salvajes y el estado que se encuentra en mayor peligro de caer después de Grecia es Italia. Utilizando los rescates que se han producido hasta la fecha como una plantilla, cualquier plan de rescate de Italia tendría que proporcionar la financiación suficiente para cubrir todas las necesidades de Italia durante tres años. Eso equivale a alrededor de otros 800 millones de euros. Así que hasta que los europeos no dispongan de dos billones de euros de financiación, guardados y listos,  no pueden expulsar a Grecia fuera del sistema”. 

Las apreciaciones de Zeihan son una muestra de un tipo específico de fuentes polémicas que serán objeto de un análisis más detenido en este mismo portal. De momento vale la pena recordar que este tipo de materiales presentan sus desventajas (no ajenas a la inmensa mayoría de los medios de comunicación) pero también poseen  sus propios méritos. Muchas veces sólo es cuestión de dedicarle el tiempo y el detenimiento precisos para obtener un mayor o menor rendimiento. De entrada,  poseen un atractivo evidente: son provocativas, y por ello incitan al debate, aunque pueda llegar a ser tan abrupto como el análisis de referencia.

En el caso que nos ocupa, Peter Zeihan refleja un dilema en el análisis de la crisis griega que es ya muy habitual: para algunos el problema de fondo son los especuladores; para otros se trata de las recetas que inciden en la austeridad; hay quien opina que es un problema estructural de las economías euromediterráneas o de toda la arquitectura fiscal de la UE; y no falta quien opine que la propia Grecia tenga buena parte de culpa. Zeihan se inclina por éste último punto de vista, y echando mano de argumentos más bien historicistas, apuesta por la cirugía radical.

Pero es, por supuesto, un punto de vista estadounidense. Y ahí, Zeihan conecta con las ideas de su jefe, George Friedman, bien conocidas incluso por el gran público europeo, debido al éxito de ventas que han sido sus libros: La próxima década y Los próximos cien años (Ed. Destino).

Rechazar o asumir en bloque el contenido de esas obras constituye un error de novatos; entre otras razones, porque siempre debe considerarse quién es su numeroso público, y el efecto que puede tener en él. Por lo tanto, siempre resulta más provechoso entender el por qué de su contenido. Friedman y su equipo empresarial son analistas estadounidenses que escriben para una extensa clientela, pero no se limitan a interpretar: lanzan mensajes sobre lo que se debería hacer a mayor provecho del mantenimiento de la hegemonía de su país. Así, la amputación de Grecia de la zona euro, aparte de que cumpliría el pronóstico preciso del primero de esos libros, dejaría en evidencia que el principal problema para la UE es Alemania, potencia que pretende serlo sin parecerlo y, sobre todo, sin asumir los costes de todo tipo que supone la hegemonía -y más en tiempo de crisis.

Así, utilizando el efecto hipnótico del historicismo, tanto Zeihan como su maestro Friedman establecen una relación directa entre pasado y futuro, beneficiándose, en el caso de Europa, de la impunidad que supone manosear una serie de tabús, como puede ser el de los designios de Berlín en relación al doloroso pasado que todos conocemos. Sin embargo, desde luego que puede haber un nuevo futuro para Grecia en la UE, a pesar de que, ahora mismo las bases tradicionales de su economía se hayan secado. Al fin y a cabo en esa misma situación se encuentran toda una serie de países que viven del sector servicios y cuya economía actual poco o nada tiene que ver con la que tenían tradicionalmente en el pasado; si es que tienen pasado, y no han nacido hace medio siglo o menos. Como es el caso, por ejemplo, de Chipre, cuya consideración pondría en aprietos el análisis de Zeihan.

El proyecto de integración europeo se fundó por una serie de razones que con el tiempo se han diversificado. Pero una de ellas es la de superar el pasado; y eso debería abarcarlo todo, incluyendo los viejos roles económicos. Y también los hegemónicos, por supuesto. En consecuencia, los análisis de la gente de Stratfor no se deben tirar a la papelera así como así, sobre todo sin haberlos leído. Y desde luego que el análisis basado en el historicismo es siempre cuestionable. Pero no lo es menos que en medio de la crisis que estamos viviendo se están repitiendo errores de manual que ya se cometieron en la década de los años treinta del siglo pasado. De repente parece como si todos se hubieran olvidado de la historia realmente útil, sobre todo los responsables políticos. Por contraposición, a veces se toman decisiones en cuestión de días, de horas. Así que, por desgracia, nada es imposible, ni la previsión de Zeihan, ni siquiera la catástrofe. Suponer que esa posibilidad es horrible, absurda, ruinosa y por ello no puede producirse una y otra vez, punto por punto,  es una falacia tan vieja como la misma Historia.

Para concluir, el profesor Roberto Rodríguez Milán, de la Universidad de Patrás, testigo de primera línea, nos sugiere que Grecia podría estar representando, una vez más, el papel de laboratorio para el devenir occidental. En el siglo XIX, el Estado nacional heleno, directamente apoyado desde Occidente, se constituyó como una china en el zapato del Imperio otomano;  algo más de un siglo más tarde, en Grecia se llevaron a cabo las primeras experiencias de contrainsurgencia comunista, aún sin haber comenzado formalmente la Guerra Fría. El acceso a la CE, 1981 (hace ahora justamente treinta años) tuvo también mucho de experimental; sobre todo el acceso al euro, a sabiendas de que las estadísticas estaba tan corruptas como el país. Y en nuestros días,  ¿se trata de ensayar qué se hace con las clases medias de las sociedades de masas y bajo coste? Y concluye, cáusticamente. “¿Podemos convertir a un país de la UE en una provincia china o india?”

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