La fábrica de las fronteras

La fotografía de Ron Haviv sobre la masacre de Bijejina (Bosnia oriental) llevada a cabo por los paramilitares de “Arkan”, en la primavera de 1992, se convirtió en un gran icono de las guerras de secesión yugoslavas. Ilustra la brutalidad sistemática contra la población civil, como parte de una estrategia militar, que prácticamente todos los bandos, sin excepción, ejercieron en un momento u otro. En este caso, a diferencia de otros muchos, el fotógrafo estaba allí y se arriesgó a testimoniar. La fotografía ilustra el momento en el cual un miliciano patea el cadáver de una mujer que acaba de ser fusilada, junto con otra y su mismo marido, al que pretendía ayudar. Es temprano, el pavimento está húmedo y la escena es tan fría como la ejecución que acaba de cometerse.  El protagonista principal de la fotografía, que está fumando y luce las gafas de sol despreocupadamente sobre el cráneo, no deja lugar a dudas de que el asesinato ha sido intencionado. Otros dos paramilitares están atentos, con el dedo en el gatillo, oteando a posibles nuevas presas [en la contraportada]. Nadie repara en Ron Haviv, que realiza la foto medio escondido tras un camión.

De próxima aparición: octubre de 2011

Las guerras de secesión yugoslavas de 1991-2001, tuvieron un papel histórico similar al de las guerras balcánicas de 1912-1913: anticiparon acontecimientos decisivos que pocos pudieron entrever durante su desarrollo.  En plena euforia tras la victoria en la Guerra Fría y lo largo de una década, las grandes potencias occidentales ensayaron allí estrategias y procedimientos que serían aplicados una y otra vez, llegando incluso a manifestarse en los conflictos de la Primavera Árabe, en 2011. Y también durante las guerras de secesión yugoslavas, la Unión Europea inició una andadura punteada por peligrosas tensiones internas.

Tras explicar los antecedentes históricos que llevaron a las crisis yugoslavas de finales del siglo XX en La trampa balcánica (1995 y 2002), Francisco Veiga se centra aquí en el desarrollo de las guerras y el contexto internacional que permitió y ayudó a que en el Sureste de Europa, y como consecuencia de la destrucción violenta de Yugoslavia,  surgieran 8.725 kilómetros de nuevas fronteras, donde antes sólo había 2.246, complicando el proceso de ampliación de la UE durante largos años.

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