La CEI: ¿Oportunidad o lastre?

La Comunidad de Estados Independientes (CEI). En violeta, los miembros de pleno derecho; en rosa, los estados asociados. Fuente: Wikipedia

¿Es la Comunidad de Estados Independientes (CEI) una oportunidad o una carga para el espacio post-soviético? ¿Podemos hablar de una nueva realidad geopolítica y un nuevo impulso para la integración en la región?¿O es que la CEI no es más que un club de la tercera edad, cuyo único logro histórico consistió en disminuir el impacto causado por el colapso de la Unión Soviética?

Este tipo de preguntas suelen surgir después de las cumbres de la CEI. Y la cumbre del aniversario en Dushanbe no fue la excepción. Tres presidentes estaban ausentes, como de costumbre, y las tensiones entre Rusia y Ucrania se desbordan en una disputa por el gas, dando  argumentos a aquellos que han estado en contra de la CEI desde su creación.

Al mismo tiempo, no debemos olvidar que las cumbres de la UE, que se citan a menudo como un ejemplo de lo contrario, son el escenario de graves batallas políticas. La CEI podría convertirse en un espacio funcional, pero por el momento se está dando más motivos para la crítica que para  la esperanza, lo cual es natural.

En los últimos veinte años, la CEI no ha sido muy activa y no ha podido estar a la altura de las expectativas. Parte del problema es que la CEI se formó en el proceso de desintegración de la Unión Soviética, y no persigue ningún objetivo estratégico. Su formación fue una buena cosa porque el Imperio Británico, por su parte, tuvo que soportar pérdidas mucho más fuertes durante su colapso que la Unión Soviética, mientras que las ambiciones personales (que están en desacuerdo con la idea de unidad) no dejaron espacio para el pensamiento estratégico. Muchos expertos rusos siguen creyendo que la CEI es una herramienta para la preservación de influencias. Moscú estaba tan ocupado luchando contra los dolores fantasma [de las repúblicas “amputadas”] que no podía determinar su propia actitud de la CEI : ¿era una buffer zone, un instigador de nuevas actitudes revisionistas o una nueva plataforma para la integración de la región?

Pero el concepto de la CEI como un vehículo potencial para la integración es poco probable que encuentre apoyo, aunque Moscú haya  abandonado su mentalidad imperial rápidamente. Los  recién independizados países ex soviéticos siguen definiendo su soberanía en oposición a Rusia. El hecho de que el espacio post-soviético (menos las repúblicas bálticas) esté poderosamente interrerelacionado – y eso a pesar de las diferencias políticas, económicas y culturales entre la parte occidental, el sur del Cáucaso y Asia central, más pronunciados que en la UE – no fortalece la necesidad de una reflexión conjunta. Por otra parte, las potencias y las grandes organizaciones supranacionales interesados ​​en el espacio euroasiático (los Estados Unidos, China, Irán, la UE y la OTAN) contemplan a la CEI con preocupación, desconfiando de cualquier forma de integración post-soviética.

En efecto, la supremacía de Rusia es necesaria para cualquier tipo de integración viable, pero todavía hay resistencia a esta idea. El Occidente desarrollado sigue considerando a Rusia como su rival, aunque reconoce que si sufriera un debilitamiento excesivo podría devenir una amenaza real para la región. El hecho de que fuerzas poderosas en Rusia aún se sientan alejadas de Europa no ayuda a superar los estereotipos de la Guerra Fría.

Los temores hacia Moscú son infundados por dos razones: la economía de Rusia es débil y Moscú ha variado su curso político. Incluso una Rusia fuerte sería incapaz de asumir la responsabilidad de la CEI, y éste es uno de los mayores obstáculos a la integración real en la región. Por otra parte, la mayoría de los países de la CEI, aunque con distinta intensidad, miran a Europa, sino a la Unión Europea como un modelo a seguir. Moscú debe impulsar la modernización de la región y convertirse en un ejemplo atractivo. Sólo en este caso va a ser capaz de insuflar nueva vida a la organización.

Moscú debe dar prioridad a las relaciones con las ex repúblicas soviéticas, considerando que los países de la CEI son muy sensibles a este respecto. Sería incluso mejor si se percibiera el apoyo de Moscú en asuntos de tipo económico y cultural. Podría ayudar a superar las actitudes anti-rusas, si utilizara su liderazgo en la integración de la región a fin de promover la idea de un espacio común de Eurasia económica, desde el Atlántico hasta el Pacífico. En este contexto, la formación de la Unión Aduanera (UA) y la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) son iniciativas progresistas. Las circunstancias externas son favorables para esta plataforma de integración: la Unión Europea está obsesionada con sus problemas internos y ha desatendido la Eastern Partnership, la influencia de EE.UU. está disminuyendo, ya que el país tiene muchas preocupaciones domésticas que resolver; mientras que China se perfila como un nuevo poder ominoso con potencial para influir en la región.

El espacio post-soviético necesita de la CEI, o más bien, una moderna plataforma de integración. Es más, esta necesidad está creciendo. De momento no es muy pronunciado, pero aún así ayuda a superar la falta de unidad en un plano práctico y poco a poco promueve la cooperación necesaria. Por otra parte, la CEI es un foro para el diálogo político en una región que está plagada de problemas y tensiones. Si no ha logrado convertirse en una plataforma de integración, a pesar de la necesidad de una, es porque aún no ha aprendido las lecciones de las últimas dos décadas.

Gábor Stier es comentarista de la política exterior y editor del diario húngaro Magyar Nemzet conservador (desde 2000), y miembro del Valdai Discussion Club

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