El gobierno turco gana otra partida sobre los militares

El presidente Gül (dirigiendo la oración), el primer ministro Erdoǧan y la cúpula militar turca celebran el final del ayuno del  Ramadan – Fotografía de U. Bektas (Reuters), publicado por El País.com

Con el acuerdo cerrado hoy para recomponer la cúpula militar, el Gobierno islamista moderado de Turquía se ha apuntado un tanto más en su estrategia para reducir la influencia del Ejército sobre el poder civil.

Andrés Mourenza (Estambul), 5 de agosto, 2011 –  El nuevo Jefe del Estado Mayor, anunciado hoy tras cuatro días de tensas reuniones entre militares y Gobierno, es Necdet Özel, antiguo jefe de la Gendarmería, un militar del que antiguos compañeros dicen que “no mete su nariz en el mundo de la política”. Cuando el pasado viernes el Jefe del Estado Mayor y los comandantes de Tierra, Aire y Marina presentaron su renuncia por desavenencias con el Ejecutivo, Özel se mantuvo en su puesto, una decisión que ha sido ahora recompensada. En condiciones normales, Özel hubiese alcanzado el mando de las Fuerzas Armadas en 2013, por lo que las dimisiones del viernes no han hecho sino acelerar los planes del gobierno. Aunque las credenciales laicas y kemalistas de este general procedente de una familia de militares no están en duda, la oposición ha exigido saber qué se trató en las reuniones privadas que, en la última semana, mantuvo con el primer ministro, Recep Tayyip Erdogan.

El nuevo organigrama del Ejército es el fruto de las semillas plantadas con las reformas iniciadas hace ya más de una década, en el marco del proceso de adhesión a la Unión Europea, y aceleradas desde la llegada al poder del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, islamista moderado). El Ejército turco no ha dudado en interferir en la vida política de Turquía, incluso en derribar a Gobiernos elegidos democráticamente, en los golpes de Estado de 1960, 1971, 1980 y 1997. Pero si en el pasado eran los Gobiernos quienes caían si se producían desavenencias con el todopoderoso Ejército, la renuncia del viernes demuestran que se ha dado la vuelta a la tortilla, tal y como exigía Bruselas desde hace tiempo. De hecho, la relatora del Parlamento Europeo sobre Turquía, Rita Oomen Ruijten, saludó las dimisiones como algo que puede “reforzar la democracia”.

Las dimisiones de los “pachás” -como se llama popularmente a los generales turcos- se produjeron en protesta por el elevado número de oficiales, unos 250, encarcelados y acusados de participar en presuntas tramas golpistas. Además, los altos cargos dimitidos reclamaban que varios oficiales imputados fueran ascendidos, algo que rechazaba de plano Erdogan. En este sentido, Özel fue el único alto mando que no participó en la visita que el Estado Mayor hizo en febrero a los oficiales presos. Ejército y Gobierno han pactado que 14 generales en prisión, imputados en un presunto complot golpista, mantengan su rango un año más, sin ser ascendidos, como pedían los militares, ni enviados a la reserva, como reclamaban Erdogan, y el presidente, Abdullah Gül. Aunque numerosos juristas y opositores al Gobierno de Erdogan critican el modo en que se están llevando las investigaciones de los supuestos golpistas, lo cierto es que las dimisiones y detenciones han favorecido “la mayor renovación de la cúpula militar de los últimos años”, según los analistas citados por la cadena NTV.

Con todo, la renovación de la cúpula militar no significa que Erdogan haya conseguido plegar totalmente al Ejército a sus órdenes. Como comandante del Ejército de Tierra, y segundo en la cadena de mando de las Fuerzas Armadas, ha sido elegido el general Hayri Kivrikoglu, a pesar de que se trata de un militar contrario a los islamistas moderados y que, en el pasado, se ha negado a recibir al mismísimo presidente de la República. Otros candidatos a ese cargo eran aún más hostiles al Ejecutivo, como el general Saldiray Berk, imputado en una trama golpista, o Aslan Güner, que se ha negado a saludar a la esposa de Gül por ir tocada con un velo musulmán. En la nueva estructura, Güner ha sido destinado a un puesto menor al que tenía hasta ahora, como director de la Academia militar, y Berk ha pedido voluntariamente la jubilación.

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