Korean nightmare: worst-case scenario

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Korean nightmare: Experts ponder potential conflict

By Andrew Salmon, for CNN
March 27, 2013

Editor’s note: Andrew Salmon is a South Korea-based freelance journalist and author who has written two books on the Korean war. Below, he envisages a hypothetical, worst-case scenario of potential conflict on the Korean peninsula. CNN is not suggesting that war is imminent or even likely, but the possibility of conflict is one scenario that military strategists must consider given recent heightened tensions.

Seoul (CNN) – It’s Asia’s nightmare scenario: War breaking out on the Korean peninsula.

With Korea lying at the heart of Northeast Asia, the world’s third largest zone of economic activity after Western Europe and North America, experts say global capital markets would suffer devastating collateral damage, but the catastrophic loss of human life — and potential nuclear fallout — would be far, far worse.

Fortunately, no analysts believe “Korean War II” is imminent; the armistice ending the 1950-53 conflict that buried millions continues to hold, despite North Korea’s nullification in March. And with regime maintenance Pyongyang’s paramount policy, few think it would risk an attack.

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La violencia en el budismo


Imagen satélite de la destrucción de viviendas de la etnia musulmana rohingya en la localidad de Kyaukphyu, estado de Rajine, Myanmar (antigua Birmania). En el barrio que muestra la fotografía, el pasado 24 de octubre fueron destruidas 800 viviendas por miembros de la mayoría budista. Los recientes disturbios en Myanmar han supuesto  casi un centenar de muertos y el arrasamiento de un número muy elevado de viviendas de la minoría musulmana del estado de Rajine (antes Arakan), lo que ha hecho que algunos observadores hable de una verdadera campaña limpieza étnica. Y lo cierto es que los ataques de la mayoría budista contra la minoría musulaman no son nuevos en Rajine.  El gobierno de Myanmar rehúsa conceder la ciudadanía a los más de 800 mil rohingyas que viven en esta nación, por considerar que proceden de Bangladesh, donde tampoco son reconocidos. Los incidentes traen a colación artículos polémicos pero muy informativos, como el que publicamos hoy, firmado por Stephen Jenkins y traducido por Javier Romero.

No es tan extraño que un budista apruebe el asesinato

 La actitud del Dalai Lama con respecto a la muerte de Bin Laden no debería sorprender tanto. El budismo no es tan pacifista como se fantasea en occidente.

Stephen Jenkins, The Guardian, 11 de mayo de 2011

¿Cómo puede ser que el Dalai Lama, que no haría daño a un mosquito, apruebe el asesinato de Osama bin Laden? El terrorista merece compasión, dijo el Dalai Lama, pero “si un problema es grave… debes poner medios para remediarlo”. La supuesta contradicción radica en las idealistas fantasías occidentales acerca del pacifismo budista, no en el budismo en sí. El poder de dichas fantasías es tan fuerte que afecta incluso a los mismos tibetanos. Algunos jóvenes refugiados acusan al budismo de haber perdido el Tíbet: afirman que “hubo un tiempo en que fuimos guerreros”, evocan su historia imperial y piensan erróneamente que sus antepasados no resistieron la invasión china. Tales fantasías también nos impiden comprender realmente cuán fuera de lo común es el Dalai Lama. Consideramos que sus valores son los de un budista típico o los de un Dalai Lama típico, cuando no es ni una cosa ni otra.

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La guerra de Yemen (y 3)

Carro de combate de la milicia Ansar al Sharia, afecta a AQAP, cerca de la localidad de Jaar, Yemen, 28 de abril de 2012. ¿Hubiera aprobado bin Laden una guerra convencional de Al Qaeda en Yemen?

La estrategia que Osama Bin Laden y Ayman al Zawahiri infundieron a al Qaeda se basaba, esencialmente, en tres grandes conclusiones convertidas en directrices. La primera sostenía que las estrategia seguida por los islamistas radicales hasta los años ochenta del siglo XX, no servía. Pretender erradicar del poder, uno a uno, a los dirigentes laicos y pro-occidentales (o pro soviéticos) del mundo musulmán, era una empresa estéril. Al menos para al Zawahiri quedó demostrado con el asesinato del presidente egipcio Anwar al Sadat en 1981. La operación, brillantemente concebida, desencadenó una contundente represión contra sus autores y los islamistas radicales egipcios, pero sin desencadenar ningún tipo de revolución o cambio político en el país.

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