Abertamy: Paul Schreiber en su “Museo del guante”. Foto: Milan Jaroš
Los últimos alemanes de los Sudetes
A pesar de las expulsiones tras la Segunda Guerra Mundial, sigue existiendo una fuerte comunidad de habla alemana en el oeste del país. Actualmente, su cultura está desapareciendo poco a poco. Pero los que aún siguen allí mantienen un concepto sorprendentemente conciliador sobre su coexistencia con los checos.
En Abertamy está helando. Una fina capa de hielo recubre las calles adyacentes y en la plaza de la localidad se amontona nieve sucia. En el medio, una escena desoladora llama la atención: un hotel en ruinas, el “Uran”, al que le faltan las ventanas y se le han desprendido algunos ladrillos. Dos hombres de cabellos grises pasean delante del edificio. Son la memoria de un Abertamy totalmente distinto. Este lugar llegó a contar con tres veces más habitantes que hoy, con decenas de panaderos y comerciantes, repleto de casas mantenidas con primor.
Gerhard Krakl, de 73 años, y Pavel Schreiber, de 79, crecieron aquí y entre ellos siguen hablando en alemán de Abertamy, el dialecto utilizado durante siglos por sus ancestros. Ahora que su generación se va apagando, el dialecto local no es lo único que desaparece de las calles de Abertamy, sino toda la cultura de los alemanes de los montes Metalíferos. Durante 500 años, dieron forma a esta zona fronteriza inhóspita. Sobrevivieron a la expulsión que sufrieron la mayoría de sus compatriotas de los Sudetes. Pero hoy, los supervivientes de esta comunidad se están disolviendo definitivamente entre la población checa local.

