
Imagen satélite de la destrucción de viviendas de la etnia musulmana rohingya en la localidad de Kyaukphyu, estado de Rajine, Myanmar (antigua Birmania). En el barrio que muestra la fotografía, el pasado 24 de octubre fueron destruidas 800 viviendas por miembros de la mayoría budista. Los recientes disturbios en Myanmar han supuesto casi un centenar de muertos y el arrasamiento de un número muy elevado de viviendas de la minoría musulmana del estado de Rajine (antes Arakan), lo que ha hecho que algunos observadores hable de una verdadera campaña limpieza étnica. Y lo cierto es que los ataques de la mayoría budista contra la minoría musulaman no son nuevos en Rajine. El gobierno de Myanmar rehúsa conceder la ciudadanía a los más de 800 mil rohingyas que viven en esta nación, por considerar que proceden de Bangladesh, donde tampoco son reconocidos. Los incidentes traen a colación artículos polémicos pero muy informativos, como el que publicamos hoy, firmado por Stephen Jenkins y traducido por Javier Romero.
No es tan extraño que un budista apruebe el asesinato
La actitud del Dalai Lama con respecto a la muerte de Bin Laden no debería sorprender tanto. El budismo no es tan pacifista como se fantasea en occidente.
Stephen Jenkins, The Guardian, 11 de mayo de 2011
¿Cómo puede ser que el Dalai Lama, que no haría daño a un mosquito, apruebe el asesinato de Osama bin Laden? El terrorista merece compasión, dijo el Dalai Lama, pero “si un problema es grave… debes poner medios para remediarlo”. La supuesta contradicción radica en las idealistas fantasías occidentales acerca del pacifismo budista, no en el budismo en sí. El poder de dichas fantasías es tan fuerte que afecta incluso a los mismos tibetanos. Algunos jóvenes refugiados acusan al budismo de haber perdido el Tíbet: afirman que “hubo un tiempo en que fuimos guerreros”, evocan su historia imperial y piensan erróneamente que sus antepasados no resistieron la invasión china. Tales fantasías también nos impiden comprender realmente cuán fuera de lo común es el Dalai Lama. Consideramos que sus valores son los de un budista típico o los de un Dalai Lama típico, cuando no es ni una cosa ni otra.